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El club de los incomprendidos

Si hay un género en el que el cine español brilla y cuaja las cosas bien, es el de las películas corales con gente joven, mucha música y mucho amor y frustración de por medio. No se por qué pero este tipo de cine facilón y de consumo rápido en España casi siempre queda bien y en los últimos años he podido ir a ver varias de esas películas, ya que las navidades parecen ser la época favorita para estrenarlas. La última de ellas es El club de los incomprendidos y está en cartelera desde el día de Navidad.

Una julay se muda a Madrid y acaba en clases de terapia con un puñado de frikis con los que se enrala y traba amistad y en el caso de uno de ellos, le quiere poner la pierna encima

Una adolescente (o el concepto cinematográfico de adolescente, que siempre ponen a gente de veintipico años como chiquillos de diecisiete) se muda forzosamente a Madrid con su madre. Allí, en su primer día de instituto acaba peleando con una loba del insti y la fuerzan a acudir a unas horas de terapia o algo así. En esas reuniones conoce a otros adolescentes y entre todos ellos surge la chispa y se hacen amigos, creando una especie de club. Por supuesto hay un chamo que le pone el clítoris morcillón y del que se enamora otra chica, con lo que tenemos drama asegurado.

En estas películas lo importante es que funcione el conjunto y aquí lo logran. La historia es simple y directa y nadie se espera un guión escrito por un consagrado autor con silla en la Real Academia de la Lengua. Todo es directo y con frases de esas que suenan rancias pero que hacían suspirar y gemir a las pavas en el cine, el cual estaba completamente lleno. Cuando Álex Maruny sale sin camisa por primera vez pensé que alguien había metido una burra en celo en el cine por los gemidos que se oían, los cuales fueron sustituidos por el ruido de dedos tocando ciertas zambombas, que aquello parecía un festival de zambombadas. En las sucesivas ocasiones en que se quitó la camisa, que no recuerdo cuantas fueron pero al menos una o dos más, yo creo que más de una se dejó las uñas. Las escenas de cama, por desgracia, estaban organizadas por el rey de la sábana y mira que tiene que ser molesto trajinar agarrando una sábana como si fuera una subvención y manteniéndola todo el tiempo cubriendo la chicha. De Álex Maruny decir que tiene carilla de chaval simpático, la misma que usaba en la serie de los lobos de Antena Triste y que en sus escenas queda bien, aunque tampoco es que tuviese momentos complejos. La chica que llega al instituto es Charlotte Vega y aunque muy guapa, hay momentos en los que no encaja en la historia, sobre todo en las escenas con su madre, no resulta creíble o en el desenlace de la movida en el túnel, que la sobrepasó completamente. Por lo demás, cuando es lucir el palmito y gritar, lo hace bien. La que me fascinó de verdad fue Michelle Calvó, que sí que despliega un montón de emociones distintas y mola mazo cuando hace de beba vulgar en el instituto o se emputa que no veas con los otros. En general, película entretenida, buena elección de actores y algo ligero para estos días en los que no nos apetece complicarnos la vida.

Perfecta para las hembras de los miembros del Club de los Orcos y las más marimandonas pueden obligar a sus machos a ir a verla y seguro que aunque no lo reconozcan, les gustará. Está claro que no es cine para sub-intelectuales de GafaPasta.

Por sulaco

Maximus Julayus

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