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Reality sucks

El pan de molde entero o una rebanada

Una de las grandes verdades repetidas, creídas y compartidas por todos mis antiguos compañero de trabajo decía que yo no doy un puto palo al agua. Mientras a ellos les faltan horas del día para hacer su trabajo y hacían muchísimas más de las ocho horas por las que nos pagan, yo llegaba a las siete en punto de la mañana, me iba a las tres y cuarenta y dos minutos y prácticamente nunca hacía segundos extra porque no me los pagan y la prostitución es un intercambio económico y sin guita no hay intercambio. Las sólidas bases de esa gran verdad que era que yo no hacía nada se fundamentaban en mi expresa intención de no hacer esas horas extras, no me llevaba el ordenador nunca a casa y siempre me veían yendo por las cuatro plantas del edificio, hablando con unos y otros, tomando café aquí y allí y en muy pocos ratos en mi mesa de la oficina, lugar que frecuentaba más bien entre las siete y las ocho y media de la mañana cuando nadie había llegado, tiempo más que suficiente para despachar la parte más tediosa de mi trabajo y después, con la gente en la oficina, venía la más creativa, que en muchas ocasiones no necesitaba de un ordenador y pasarme horas sentado frente al mismo tecleando.

Esa gran verdad, creída por todos y en el núcleo principal de la declaración de redundancia que llevó a mi despido, ahora es negada por los mismos que no se cortaban en afirmarla. Ahora que ese inexistente trabajo ha caído sobre sus espaldas, están todos indignadísimos porque lo tienen que hacer, porque no saben como hacerlo, porque es muy complicado, porque hay muchas cosas que implican un juicio de valor que puede ser castigado legalmente, pueden ser llevados a juicio y pueden acabar en la cárcel. Ahora ya hablan de contratar a alguien para reemplazarme o volver a contratarme porque el palo ese que nunca tocaba el agua, parece que está tan sumergido en la misma que no lo pueden mover y andan todos corriendo histéricos, arrancándose los pelos y gritándose porque no saben como hacer las cosas, porque poder, pueden, que ya me encargue yo de que todos, todos, todos, tengan acceso a todas las unidades de red, a todas las páginas y a todas las cuentas de la empresa necesarias para hacer lo que yo hacía y que nadie veía, pero ahora es como una inmensa montaña que los aplasta y se están quejando por el brutal incremento de trabajo y no estamos hablando de uno o dos julays, estamos hablando de cerca de siete personas, cada una ha recibido una rebanada de lo que sería un pan de molde, una sola rebanada, todas del mismo tamaño y resulta que es demasiado para todos y cada uno.

Creo que voy a abusar de las reglas del juego para que esa bola que está creciendo se vuelva gigantesca. En mi plan original, dejaba de trabajar completamente el quince de julio pero no devolvía el portátil hasta finales de octubre, cuando legalmente acaba mi relación laboral. El problema es que si tengo el portátil en mi casa, me van a llamar, me van a mandar correos y van a intentar por todos los medios posibles que los ayude y a partir del quince de julio, según el acuerdo de despido, yo no aparezco como una persona que pueda trabajar, sigo cobrando pero mi estado laboral es de NO ACTIVO. Tengo que preguntar a los del sindicato porque en lugar de mantener en mi casa un portátil que no voy a usar, lo devuelvo el quince de julio o un par de días después y sin portátil no puedo hacer nada, no tengo acceso a nada, la empresa es un ente foráneo que para mí, puede estar en otra galaxia. Seguiré cobrando, pero a todos los efectos será como si no trabajara, con la ventaja adicional que cualquier intento de contactar conmigo no servirá de nada, no solo no querré ayudar, tampoco podré por no tener la herramienta necesaria. Será una sutil y maquiavélica vuelta de tuerca. En una siguiente fase de desenmarañado o desenredo, que parecen ser las dos mejores opciones para la palabra inglesa disentanglement, que es el proceso en el que estamos y en el que suelto amarras y me alejo del barco que sin ellos saberlo se sigue hundiendo, llegará un momento en el que entraré a saco en la hedonística red social conocida como linquin y eliminaré las conexiones con la mayor parte de la gente con la que trabajé. Ni yo sabré de sus vidas ni ellos podrán seguir la mía. A las putas del linquin, que es la forma de llamar a aquellos que tienen más de quinientos contactos les dará un soponcio cuando vean que sus preciados contactos, en lugar de seguir creciendo, pierden una conexión. La red esa no te permite saber quien ha dejado de seguirte y te ha bloqueado y eso seguro que produce angustia.

Por sulaco

Maximus Julayus

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