Una de las cosas más terribles y morbosas de la secta de los Presuntos Tocadores de Niños a la que me obligaron a pertenecer cuando sin respetar mi inexistente voluntad me obligaron a pertenecer al bautizarme es la manía de meter muertos en las catedrales. No se cortan un pelo y la catedral de Milán es un buen ejemplo. Aquello parece una joyería, con mostradores en los que exponen cadáveres que parecen sacados de alguna película de terror. El de la imagen de hoy te lo topas con dos copas de noche y se te quedan los calzoncillos canelos con el chorrillo de caguelo que te sale instantáneamente. Por más que le doy vueltas, no consigo encontrar una justificación para este exhibicionismo tétrico. No demuestra que existe ni el suyo ni ningún otro Dios, no mejora nuestras vidas, no aporta nada y yo diría que es hasta cruel y malévolo el hacerle algo así a un cadáver, que queda convertido en pieza de feria para el divertimento del populacho.
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Il duomo di Milano
Para descansar un poco de tanto templo budista en Birmania, regresamos a Europa y las próximas semanas las pasaremos viendo algunos de los lugares más interesanates de Milán, la mayor ciudad del norte de Italia, la segunda ciudad de ese país y la capital de Lombardía. Comenzamos a lo grande con la fachada del fabuloso duomo di Milano, la gigantesca catedral gótica de la ciudad en la cual pueden escuchar las trolas de los presuntos tocadores de niños hasta cuarenta mil personas a la vez. Esta catedral se construyó a lo largo de seiscientos años y es la quinta catedral más grande del universo conocido y la mayor de Italia, ya que el Vaticano, como todos sabemos, sí es nación. La fachada es para mirarla con detalle porque tiene figuras y más figuras asombrosas.
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Que manía de llamarlo amor
El domingo recorría mi reino de un extremo a otro sin caballo, admirando sin prisa, pausa ni agotamiento la belleza de mi nuevo césped, buscando fresas o moras y cuando observaba uno de los arbustos que hay en mi jardín me topé con dos intrusos. Resulta que dos insectos se me habían metido en el jardín pá’ follá y estaban afanados en la tarea. Por circunstancias físicas terribles de su vida, cuando quieren echar un kiki se tienen que cambar todos y terminan creando la forma de un corazoncito, de esos que tenemos todos salvo los truscolanes, esa especie rastrera y miserable que se hace poniéndole dos ojos a un trozo de mierda y dándole vida. Probablemente a estos insectos les engañó un poco la especie de veranillo que tuvimos la semana pasada y que siempre tiene el mismo resultado. Los animales más básicos se creen que aún queda una hartada de verano, traen una nueva camada al mundo y después ven como se les muere cuando la temperatura de el tradicional bajón que sucede en estas fechas, que además viee acompañado de unas baldadas de agua que no veas.
Mientras les hacía la foto con mi dispositivo mágico y maravilloso me reía pensando en una amiga más cursi que las bragas de la Rosaura y que de ver la escena, te diría que están haciendo el amor, que es al parecer lo que ella siempre hace cuando se despatarra toda en el catre y la monta su hombre. La pobre vive en sus mundos de Pumuki, negando de manera completa y absoluta que ese friccionamiento salchichoso bendecido por la Santa Madre Iglesia de los Presuntos Tocadores de Niños siempre que no se empleen cortapisas de algún tipo pueda ser definido por horrendas y ofensivas palabras, ya que es únicamente la realización física de un sentimiento intenso hacia otra persona que nos atrae y que nos completa, alegra y da energía para convivir, comunicarnos y crear. Digo yo, que hasta que no empiezas a chingar a una pava con saña, básicamente no amas y los niños por tanto son bestias pequeñas que a menos que un presunto tocador las ponga operativas, no son capaces de amar. Lo voy a dejar aquí porque siempre me pasa lo mismo y acabo desvariando …
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Álbum de fotos de Mandalay
Excepcionalmente y dado que mi bondad es casi infinita, he hecho una pequeña presentación en vídeo con todas estas fotos y unas veinticinco más. La música que acompaña la presentación es la canción Let Me In del grupo Grouplove y que forma parte de la banda sonora original de la película The Fault in Our Stars. Para evitar las quejas habituales, lo he subido a dos lugares distintos:
Lo tenemos en el llutuve y si os da algún problema, igual hay más suerte con el BiMeMeoTó.


















































