En una ciudad (o mejor, en un país) en el que todo parece llevar varias décadas sin mantenimiento, el ayuntamiento de la ciudad brilla como un diamante. No sé si fue puro azar pero cuando yo estuve por allí el edificio del ayuntamiento estaba impoluto y lucía nuevos colores, ya que al parecer anteriormente tenía un tono ocre. Yangón es la ciudad más grande de Birmania y el ayuntamiento es un buen ejemplo de arquitectura birmana, con los tejados en múltiples capas. El edificio se construyó entre 1926 y 1936.
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Hellfire Pass y viaje a Bangkok
El relato comenzó en Otro de esos saltos gigantescos
Mi último día en Kanchanaburi comenzó temprano. A las siete y media me recogía el taxi y una hora antes me levantaba para prepararme y empaquetar todo. El día anterior había llevado parte de la ropa a lavar, lo cual me costó la friolera de cincuenta céntimos de leuro. Cada desplazamiento es distinto y en este había optado por ir con las cholas Moises y guardar las playeras o zapatillas deportivas en mi mochila, así que tuve que reubicar cosas porque va bien llena. Bajé a desayunar e informé a los dueños del sitio que me iría ese día y a las siete y media en punto apareció mi taxi, el cual era de la modalidad sin aire acondicionado o eso que en España sería una camioneta o un pick-up con la parte trasera preparada para llevar gente. Lancé mis mochilas dentro y nos pusimos en ruta. Llegamos al Hellfire Pass Memorial Museum sobre las nueve menos diez y abrían a las nueve, con lo que tuve que esperar un poco. Fui el primero en entrar a ver los vídeos y ver el pequeño museo que hay en el lugar, muy pero que muy interesante. Mientras yo estaba allí llegaron dos guaguas con turistas, aunque a mí me pillaron ya saliendo para el paso con mi audioguía. Lo que se visita en este lugar es el corte en la roca conocido como Hellfire Pass, nombre que le dieron los prisioneros que lo construyeron porque hacerlo fue un infierno y murió un montón de gente, aparte de los que torturaron los ingenieros japoneses y los guardas coreanos, los cuales eran tanto o más sádicos que los japoneses y que sirve para recordarnos a todos que con los coreanos, como con los truscolanos, los buenos son los que están muertos y bajo tres metros de hormigón armado y todos deberíamos firmar peticiones a las Naciones DesUnidas para que arrasen con bombas nucleares tanto las korreas como truscoluña. Este acto de caridad hacia la humanidad se puede justificar perfectamente y beneficiaria a la larga a nuestra especie.
El Hellfire Pass te deja anonadado. Pensar que tuvieron que picar la roca, con monzón, casi sin recibir comida, sin herramientas y trabajando dieciséis horas al día, te pone la carne de gallina. La audioguía lo va explicando todo muy bien y el paseo es de esos que te ponen mal cuerpo. Después del Hellfire Pass casi todo el mundo regresa pero yo continué y me dejó igualmente espeluznado el Hammer & Tap Cutting o el lugar en el que se levantaba el puente Pack of Cards, el cual se desmoronó tres veces durante su construcción ya que los ingenieros japoneses no tenían ni idea de como hacerlo. La envergadura de la obra y el precio en vidas humanas son difíciles de comprender. En ningún momento me crucé con nadie, así que hice los dos kilómetros y medio solo, acompañado por los ruidos de la jungla. Al regresar vi gente en la zona más cercana al museo, ya que bajan, miran el corte y vuelven a subir.
En total me tomó algo más de dos horas y en el tramo final, subiendo unas escalinatas que se supone que siguen la ruta que hacían los presos hasta el campamento, pensé que me moría del esfuerzo. Llegué al museo más sudado que las bragas de la medalla de oro de maratón. Allí me encontré con uno de los colegas que el día anterior habían estado en el Elephants World y le expliqué las cosillas y le recomendé que no subiera por las escalinatas como hice yo y regresara por el mismo camino que bajaba.
Mi taxista me esperaba y salimos escopeteados hacia Kanchanaburi. Llegamos a la una menos veinte y me dejó en la estación de guaguas, en donde los tiqueteros habituales intentaron desviarme hacia los mini-buses, algo que yo no quería. Compré mi billete para la guagua del gobierno y me subí. Salimos a la una de la tarde y llegamos a Bangkok sobre las tres y media. Después cogí una guagua de la ciudad para ir al centro, ya que la estación de guaguas del Sur está en el puto carajo y tardé una hora larga en recorrer nueve kilómetros gracias a los atascos infernales de esa ciudad. Me bajé en Victory Monument, la zona en la que debería encontrarme los follones esos que anuncian en las teles extranjeras y allí no estaba ni er Nani, solo turistas y gente regresando a casa después de trabajar. Allí me subí al SkyTrain y una parada más tarde cambié al AirLink, el tren que va al aeropuerto, ya que elegí mi hotel junto al mismo para así al día siguiente ir más rápido. Una vez en el hotel, me acerqué a la zona de Sukhumvit para cenar, usando el metro hasta Asok, el cual era un viaje de una sola estación. De nuevo, no observé nada que denote que el país está en toque de queda y las putas siguen haciendo sus negocios como siempre y los pervertidos siguen contratándolas como siempre.
Después de cenar regresé al hotel ya que al día siguiente volaba a Krabi temprano.
El relato continúa en De Bangkok a Ao Nang
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Sellando paquetes con cera
El chamo de la imagen era el que se encargaba de sellar los paquetes. Junto a él había una montaña de paquetes y él cogía uno, le ponía una pequeña cuerda alrededor y después la sellaba con cera al paquete. Este debe ser el control de seguridad para garantizarte que nadie lee tu correspondencia. No sé si yo era el que estaba fascinado allí, ya que el me miraba de cuando en cuando mientras lo observaba trabajar y le hacía fotos, por supuesto después de pedirle permiso.
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Más allá del amor – Endless Love
Por lo general procuro que no haya demasiada distancia entre el momento en el que veo una película y el día que la comento en la bitácora. Suele suceder como máximo en las tres semanas siguientes y solo de cuando en cuando hay alguna excepción. Hoy tenemos la que seguramente es la película que me ha tomado más tiempo comentar, ya que la vi en febrero, justo el día de San Valentín, pero como no estaba previsto su estreno en España hasta la semana que viene, la he ido dejando pasar. Se trata de Endless Love y el traductor nos ha conseguido sorprender a todos con el título en español, que no es otro que Más allá del amor, probablemente porque no querían que los espectadores la asocien con Amor sin fin, ya que estamos ante un remake.Un julay jinameño se encoña de una pava de clase alta y busca la manera de chingarla
Un chamo de clase media y sin grandes aspiraciones se encoña de una pava de clase alta después de verla entrando al club de los ricos el día que trabajaba de aparcacoches. Como ella tiene picores del potorro, él se los procura aliviar y comienza a empalarla regularmente. Cuando los padres de ella se enteran, harán lo imposible y mucho más por exterminar la relación y que su hija vuelva al buen camino, ese en el que se casa con alguien de su clase, tiene los herederos y se dedica a pasar las mañanas en el club de campo y las tardes en casa currándose su alcoholismo. El problema es que de siempre se supo que la cabra tira para el monte y este, después de pillar el rabo jinameño, no hay manera de que cambie de gusto.
Recordaba la versión de Brooke Shields vagamente y entre las cosas que me vienen a la cabeza es que era más dulce que la melaza. Parece que tiraron por el mismo camino y nuevamente tenemos una historia con una pareja guapa que se dicen unas cosas que te sonrojan y que al menos en su caso quedarán grabadas en formato digital para el día que se divorcien. Lo suyo es un amor de esos imposibles tirando a posible, ya que lo único que los separa es la clase social y él, como el yerno de cierto matador de elefantes, está dispuesto a convertirse en ricachón y seguir pujándose a la piba o más bien, que ella se ponga de rodillas y friegue suelos y así ser felices y comer perdices.
La historia es entretenida y una vez superas el exceso de azúcar, va muy bien. El protagonista es Alex Pettyfer, actor que está en mi club de favoritos desde que hizo I Am Number Four, película que juraría que comenté en la bitácora aunque no he logrado encontrarla. En este caso, su habitual desconexión del universo le da encanto a su personaje y la manera en la que se resigna a recibir todos los palos por parte del padre resulta fascinante. La chama es Gabriella Wilde y me pareció un poco sosa. De ambos, él tiene más puntos de ser un actor conocido en el futuro, ella es como demasiado vulgar, no logra sobresalir. A su alrededor tenemos una buena colección de actores y actrices secundarios encabezados por el siempre eficaz Bruce Greenwood, que hace de padre coraje y que está dispuesto a acabar con la relación.
Es cine para romanticones, adolescentes y gente a la que le molan las historias en plan Romeo y Julieta. Seguramente algunos miembros del Clan de los Orcos aprovecharán para sacar a pasear a las hembras y así ganar unos puntos extra para la próxima salida de borrachera con amigotes. Para el resto, solo si te va el género.



