Cuando a comienzos del siglo XXI se produjo la explosión de las bitácoras, ninguno nos podíamos imaginar que el fenómeno duraría unos pocos años y que sería arrasado por un movimiento involutivo que se extendió como un virus a partir del año 2005. En el universo de las bitácoras el contenido original era el rey. La gente se sentaba a maquinar historias, a narrar sus traumas, sus preocupaciones o aquellas cosas que les salían bien. Cada día miles de bitácoras surgían por todos lados y había una gran interacción entre todas ellas y sus lectores. Todos saltábamos de unas a otras, nos despachábamos quedándonos muy a gusto en estúpidas guerras en los comentarios y siempre tenías la sensación de estar caminando en un terreno nuevo y virgen.
En ese ecosistema nacían, se desarrollaban y morían bitácoras fascinantes que tocaban todos los temas y que tenían su público. Había dos roles claramente definidos: los autores y los comentaristas. Los primeros eran la gente a la que no le importaba compartir y que estaba dispuesta a crear cancha para el juego y los segundos eran los que hacían este mismo juego más interesante con sus insidiosos y divertidos comentarios. Todo era libre, podías entrar a leer cualquier bitácora y comentabas si te salía de los mismísimos y si no, aquí paz y en el cielo nubes. La imaginación, la creatividad, la pasión por escribir y divertirte estaban en su punto más alto. Todo iba sobre ruedas y …
… llegó facebook o el caraculolibro, nombre más apropiado. Al principio era una herramienta curiosa para reencontrarse con antiguos conocidos pero poco a poco fue creciendo y volviéndose más malvado. Es un coto cerrado en el que quinientos millones de personas dejan información con la incertidumbre que da el no saber cuando será el próximo cambio de las condiciones de servicio y si aquello que consideras privado quedará al aire para que todo el mundo lo vea. El caraculolibro aliena el concepto de amigo. Los hay que creen que sus ciento noventa contactos son amigos y cada día pasan horas actualizando su estado y compartiendo cosas que encuentran en la red con los otros, apuntándose a grupos y supuestamente socializando. En el caraculolibro está todo el mundo y si tú no apareces posiblemente es porque has muerto. Como yo. Como casi todos mis amigos.
La misma herramienta que al parecer sirve para reencontrar gente ha hecho que yo me deshaga de un montón de conocidos que se mudaron a ese entorno cerrado y que al no verme ahí y no poder compartir conmigo sus aventuras en la granja de mierda, perdieron el contacto. En el caraculolibro no hay generadores de contenido, no hay autores, solo mercaderes y un montón de gente con demasiado tiempo libre que no se cansan de mandar y publicar enlaces con la bobería del día, o la cadena absurda que hay que seguir para sentir que perteneces al grupo.
El caraculolibro ha crecido tanto que ya no se conforma con respetar los deseos de aquellos que no quieren tener nada que ver con ese universo de bosmongolos, una vez averiguan tu dirección de correo comienzan a bombardearte con mensajes para que te unas a la manada, para que pases a ser miembro de pleno derecho de ese club de bosmongolos. Unos pocos, la minoría, usan la herramienta para supuestamente mantener el contacto con la familia y amigos ya que al parecer ignoran que existe el correo electrónico desde siempre y que te permite lo mismo.
Si estás en el caraculolibro eres social y si no estás eres asocial. Da igual que no salgas de tu casa, que seas un puto fracaso y que tu vida sea una mierda y que ni siquiera seas capaz de hacer nada por cambiarla. Eres social porque tienes cientos de amigos en tu caraculolibro con los que te relacionas todos los días, con los que compartes la mierda que cae en tus manos y que comparten contigo esa misma mierda u otra distinta que cae en las suyas. El mundo no existe fuera del caraculolibro. Hoy se trata de reírnos de los que tienen un lunar en el cuello, mañana nos apuntaremos al grupo de los que se limpian el culo con la mano izquierda y pasado mañana nos asociaremos con los orcos de la Tierra Media para intentar alcanzar la independencia y refundar nuestro añorado país y su capital Mordor.
En todo este salpicón de estupidez abundan los relés, gente que pasa la información absurda del momento amplificándola y repitiéndola para que alcance hasta el último confín. Son los mismos que antes te mandaban correo tras correo con estúpidas presentaciones y fotomontajes que no te interesaban y que por más que se lo explicas, no entienden que no te interesa lo más mínimo. Al menos ahora sabemos donde están y mientras no entres en su mundillo, estás a salvo de su enfermedad.
¿Qué pierdes quedándote conscientemente fuera del caraculolibro? Nada. No te pierdes nada. No te reencontrarás con gente de la que ya no te acuerdas, no perderás horas jugando a estúpidos juegos que puedes aprovechar para sentarte en una terraza con los amigos o en tu jardín o paseando en el bosque o tomando el sol en la playa o viendo una película en el cine. Al parecer estarás muerto aunque a ti te parezca lo contrario y tu vida social se enriquecerá con un reducido grupo de gente que se preocupa por ti, con la que vas de copas o de vacaciones, con los que hablas (sí, algo tan ancestral como hablar) y con los que llenas tu vida de experiencias reales. Eso es lo que te encontrarás fuera del universo del caraculolibro.