El verano es para cosas frescas y más divertidas y como esto no lo lee ni el Tato, es más fácil dejar caer alguna de esas bombas malvadas que después inundan mi correo con insultos. Se trató de la anotación Enseñando el piporro en bicicleta. Cambiando de tema completamente, soy de los que pueden decir con orgullo que estoy Fuera del universo del caraculolibro
Esta semana fui al Cine cuatro veces y hablé de cuatro películas. Comenzamos con la excelente Mao?s Last Dancer, después continuó con una obra maestra llamada Origen ? Inception que ya he visto dos veces, seguimos con otra película muy interesante llamada Unthinkable y terminamos con el pallufo de The Karate Kid
El repaso visual a la comida que salió de mi cocina no está completo porque se me olvidó procesar algunas fotos que hice pero más o menos tuvimos lo siguiente:
De todos es sabido que los calores veraniegos afectan enormemente a la escasa imaginación de los guionistas actuales y a falta de ideas hay que tirar de remakes y volver a rodar aquello que se hizo al menos dos décadas atrás. Lo de las dos décadas debe ser para poner una generación de por medio. Antes me tocaba disfrutar de las películas que rehacían y de las que nunca había visto su primera versión (o fue en la tele) y ahora me toca encabronarme y sufrir las aberraciones que se hacen y que duelen porque de chiquillo disfruté enormemente con esas películas. En esta fiebre repetitiva le ha llegado el turno a The Karate Kid película que se estrenará en España con el mismo título a finales de agosto.
A un julay julandroso le pegan en el cole y corre a esconderse debajo de la falda de un viejo amarillo y no verde y sólo Dios y la alta jerarquía católica saben lo que hará ese chiquillo ahí debajo
Un chamo de color o eso que antes llamábamos negro se muda con su madre desde la madre patria americana a la China post-comunista y allí recibe candela que no veas por parte del matoncillo del barrio aunque es más bien merecida porque al parecer le quiere pisar la pava que el otro tiene encañonada con su micro-cipote. Después de unas buenas tandas de hostias un chino que pasaba por el lugar y trabaja de manitas decide ayudarle y como el pobre es poco entendido y no se fijó muy bien en el título de la película, le enseña Kung Fu para que aprenda a defenderse y deje de dar grititos como maricona vieja que se mea de puro miedo. Al final hay una gran competición de Kárate (aunque los chinos son tan lerdos que lo llaman Kung Fu) y por supuesto gana la llorona después de recibir un curso de quince días.
Lo primero que me pregunto es por qué no la llamaron The Kung Fu Kid. Total, si eso es lo que hacen en la película, para qué mentir en el título. Después cogieron al protagonista y donde antes teníamos un niño más blanco que las nalgas del culo de Michael Jackson pusieron a un negro con pinta de delincuente y que no cuela como sufridor y con una madre que jode la película en cada segundo que aparece. No recuerdo haber odiado tanto a un personaje en mucho tiempo. Cada vez que entraba en un plano te pone de mala hostia y esperas que alguien le pegue dos tiros a la guarra esa y la saque de pantalla por siempre jamás. Por desgracia no sucede y hay que sufrir a la pedante esa durante las más de dos horas que dura la historia y de las que sobra completamente la primera de ellas en las que intentan contarnos la historia de como se mudan a China y comienzan una nueva vida y triunfaron en no interesar a nadie y de hecho, si llegas al cine una hora tarde te ahorras toda esa mierda. Después, cuando el manitas del edificio le empieza a enseñar Kung Fu (o Kárate, según el título de la peli) pues tendremos escenas que se repiten una y otra vez y que terminan por hastiar. Además, ni Jaden Smith como el chaval ni Jackie Chan como el profesor dan la talla y a ambos se les ve más perdidos que a una aguja en un pajar. No hay chispa entre ellos y eso se nota. Las escenas de peleas están tan coreografiadas que más bien parecen un programa de baile de esos que ponen por la tele y aunque están bien ejecutadas, les falta que los que las perpetraban pusieran algo de su alma en el intento. Mientras todo esto se mezcla sin cuajar tendremos a la perra de la madre asomando cada rato para seguir emputándonos y jodiendo la película y para cuando llegamos a la gran competición, solo queremos que acabe ya para poder marcharnos del cine y continuar con nuestra vida.
Un patético intento de rehacer una película que ha fracasado completamente. Seguramente gustará a descerebrados y chandaleros. Hay mejores formas de gastarse el dinero y salvo que quieras aprovechar las dos horas y media que dura para pasarlas en un lugar con aire acondicionado, no creo que debas perder tu tiempo con esto.
El problema de habernos acomodado en sociedades más o menos civilizadas es que nos hemos ablandado y tendemos a creer que todo el mundo es igual de generoso y desprendido como nosotros y que nadie nos tratará de hacer nada malo. Hemos llegado a un punto en el que hasta los ladrones son vistos como personas bellísimas que hacen un trabajo (indigno pero un trabajo) y a los que tenemos que tolerar y recuperar después el dinero a través de los múltiples seguros con los que nos blindamos para todo tipo de desgracias. Incluso en el cine, los escenarios ¿Y si …? están casi siempre tamizados por la visión occidental del mundo. Una visión totalmente distinta del tema la tenemos en la película Unthinkable la cual no tiene fecha de estreno en España y posiblemente pase directamente a estreno en DVD.
Un hijoputa terrorista islámico nos viene a recordar esa gran verdad que dice que moro bueno es el muerto
Un terrorista islámico se entrega a las autoridades después de anunciar que ha colocado tres bombas nucleares en tres ciudades norteamericanas que estallarán si no hacen lo que piden. Para interrogarlo el gobierno usará a un hombre que no existe y que está especializado en obtener información por métodos no legales. Junto a él tenemos a una mujer policía que observa horrorizada lo que sucede y que parece carecer de la visión necesaria para comprender que nuestras reglas y leyes no importan un carajo cuando un hijoputa pretende matar millones y que si para evitarlo hay que matarlo, pues se hace y punto.
Cuando fui a ver la película al cine en la sala solo había gente occidental. Eso hasta que entraron dos terroristas musulmanas de mierda con el trapo ese que se ponen sobre la cabeza y todo el mundo se quedó callado. Quince minutos más tarde, cuando comenzó el interrogatorio del hijoputa terrorista islámico y lo primero que hicieron fue cortarle un dedo salieron a escape entre las risas de la audiencia. Toda la película es una batalla entre un sobradísimo Samuel L. Jackson y Michael Sheen que hace de terrorista. Es un viaje a los límites de la moralidad y al corsé que nuestra sociedad ha terminado por imponer sobre nuestra forma de ver el mundo. Si un hombre (por motivos puramente religiosos) amenaza nuestra sociedad y está dispuesto a matar a millones de personas, ¿se le puede torturar? ¿tiene algún tipo de derechos? Yo soy de los que creen que en el momento en el que ese mismo hombre anunció que ha puesto tres bombas nucleares perdió todos sus derechos y hay que hacer lo que hay que hacer para detenerlo. Todo el interrogatorio es brutal, con uñas arrancadas, palizas, shocks eléctricos y algún que otro apéndice cortado. La temperatura en el lugar irá subiendo mientras el tiempo se acaba y las bombas siguen sin aparecer y está claro que millones de inocentes morirán en nombre de un Dios y una religión que en el momento en el que eso suceda serán malditos y que si hubiese segunda parte, trataría de como la sociedad, la misma que no concibe la tortura, pedirá a gritos que extirpen ese cáncer de entre nosotros. Todas las religiones son malas y los que practican el extremismo en nombre de ellas son enfermos mentales pero si una se atreve a cruzar ciertas líneas, no hay que sentarse a discutir, hay que cortar el mal de raíz y borrarlos de la historia. La diferencia es que hace trescientos años se hacía sin problemas y ahora el amarillismo de los medios de comunicación hará la tarea más difícil.
El guión está muy bien hecho, la tensión comienza en un punto alto y desde ahí sigue subiendo continuamente y el duelo entre los protagonistas es fascinante. Todo esto regado con escenas de tortura bastante salvajes y con la ruptura de muchas de las normas que supuestamente salvaguardan nuestra sociedad y que si las respetamos, también la condenan. Toda una sorpresa en la cartelera veraniega. Al salir te quedarás pensando y tendrás que responder a las siguiente pregunta: ¿hasta donde estás dispuesto a llegar para preservar tu modo de vida?
Si algún día llega a la cartelera, es perfecto para ir con los más sangrientos amigotes y olvidarte la piba en casa porque dudo mucho que tenga estómago para las torturas.
Hay veces que sales del cine temblando de emoción y en lo único que puedes pensar es en que quieres comprar otra entrada y volver a ver aquello que acabas de vivir. Es una sensación fortísima, intensa y que noquea completamente todos nuestros sentidos. Hoy he tenido una de esas escasas experiencias místicas que quiero repetir y que mañana me llevará a un cine para volver a ver la misma película y el lunes la veré por tercera vez y el martes ya estaré en mi cuarta vez y solo Dios sabe si pararé cuando haya llegado a los ocho visionados de mi récord anterior o seguiré adelante. La película que me ha fascinado tanto y que es una obra clásica súbita se llama Inception y en España se estrenará en un par de semanas como Origen.
A un julay pijo se le mete una banda de ladillas en sus interiores y se tiene que rascar que no veas para poder quitárselas
El único lugar en el que nadie ha robado nunca es en nuestro subconsciente. Nuestras ideas, las experiencias más íntimas están a salvo de miradas indiscretas y aunque parezca increíble, esta es la misión de los protagonistas de esta película, romper la mente de un hombre y robarle aquello tan preciado. Es un atraco perfecto perpetrado en un lugar en el que no parece posible que se pueda hacer algo así y en el que en lugar de llevarse algo, dejarán un pequeño regalito.
Antes de empezar a hablar de la maravillosa Inception conviene poner unos cuantos puntos sobre las íes. Todos hemos padecido la mediocridad y falta de imaginación de la trilogía de los julandrillos de ese nefasto director que es Peter Jackson. Insultó el género de la fantasía con esa basura con una banda de julandros caminando durante once horas de película para tirar un puto anillo y con aquella mamarracha que se parecía a la duquesa de Alba solo que sin pelo gimiendo todo el tiempo: mi tesoooro, mi tesoooro. No era cine, era vómito para descerebrados y mariconas viejas. Todos también hemos sufrido las cagadas de Michael Mann desde los noventa, mierda tras mierda, cine vacío y en el que lo único destacable son las ubicaciones de cámara y los movimientos de la misma porque a nivel de argumento sus películas son, han sido y serán diarrea para acarajotados. Todos hemos vomitado con infinidad de directores que ocultan su mediocridad con escenas en las que los planos se cortan después de unas milésimas de segundo y cambian tan rápido que marean al público y así lo descentran. Todos. Pese a esto, un puñado de directores han seguido haciendo aquello que nos lleva a las salas y nos hace abrir la boca y soltar un ¡guau! y uno de ellos (si no el mejor) es Christopher Nolan. Su maestría a la hora de esconder mundos dentro de otros mundos quedó demostrada desde Memento y no ha parado de crecer. La historia que ha bordado en esta ocasión es posiblemente una de las mejores películas de ciencia ficción de la historia del cine, un auténtico golpe de estado en un género dominado por los efectos especiales y las tramas estúpidas y una reivindicación del cine de calidad. Hay tantos niveles en la historia que nos cuentan que para apreciarla completamente hay que volver al cine una y otra vez y seguro que descubrirás algo nuevo, detalles que se te pasaron por alto y que iluminarán ideas que estás macerando pero que no terminabas de cuajar. Es una montaña rusa de emociones y en la que la acción está al servicio de la historia y no de los efectos, con un montón de actores que rozan la perfección y entre los que destacan el asombroso Leonardo DiCaprio, un actor que parece no tener límites y que en esta ocasión está acompañado de una maravillosa Ellen Page y del fascinante Cillian Murphy.
Técnicamente la película es perfecta, con unos efectos especiales increíbles que no nos distraen y que nos llevan a niveles impensables. Hay una lucha en un edificio que si no te hace morderte las uñas o arrancarte el pelo es porque estás muerto. El guión está muy trabajado y en lugar de venir masticado y procesado como el puré de las películas veraniegas nos obliga a pensar y recordar cosas y a usar esa cosa grande y dura que descansa sobre nuestro cuello. La cámara se mueve con elegancia, con planos alargados y que nos permiten fijarnos en los detalles (y hay miles de detalles) y nos mueve por los diferentes escenarios como si estuviéramos viéndolo todo a través de los ojos de algún Dios menor. No hay absurdos cortes para distraernos y engañarnos, todo lo vemos suceder frente a nuestros ojos y según la acción va adquiriendo intensidad y los múltiples niveles en los que se desarrolla el juego van llegando al punto en el que confluye todo, sentiremos la tensión vibrando por todo nuestro cuerpo y será difícil el mantenerte agarrado a tu asiento. Todo lo demás parece haberse alineado para crear una gran película, un clásico que hay que ver varias veces para paladearlo bien.
La segunda vez que la vi disfruté enormemente al reconocer detalles que aparecen en pequeños flashes y que más tarde se explican y con la intrincada estructura construida para anidar cinco realidades distintas y sincronizarlas en un momento determinado. Definitivamente es un clásico.
Esta es sin lugar a dudas LA película del verano y posiblemente del año. No dejes de ir a verla al menos un par de veces. Un clásico.
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