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Distorsiones

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  • Tránsito de Phnom Penh a Kampot

    14 de junio de 2010

    El relato de este viaje comenzó en El comienzo de otro gran viaje

    Por una vez y sin que posiblemente sirva de precedente he conseguido un billete de autobús que en lugar de obligarme a madrugar, salía por la tarde. Gracias a eso me levanté a las siete, como siempre y después de desayunar aproveché para ir a un banco cerca del hotel a cambiar billetes de 50 dólares en más pequeños, ya que aquí en Camboya todo se paga con dólares y muchos no tienen cambio para algo tan grande. Después me puse el bañador y me planté en la piscina a seguir con el curso intensivo de doramiento.

    Salí de la misma pasadas las once, me duché, cerré mis dos mochilas y las bajé a la recepción en donde pagué lo que debía y aproveché para dejar reservada mi habitación para el día en el que me marcho de Camboya. Tendré una diferente a la de la foto que puse el otro día. Diez minutos antes de la hora prevista me vinieron a buscar para llevarme a la estación de autobuses. Al parecer dos chicas que se quedaban en el hotel también iban al mismo destino y fuimos juntos hasta la estación. Allí esperamos unos veinte minutos y a la hora prevista apareció un autobús que no pasa una ITV ni en el Sáhara. Medio cristal delantero estaba estallado y lo habían parcheado con algún tipo de silicona negra. Tenía abolladuras por todos lados y la temperatura en su interior era de 36 grados, algo que supe porque podía ver el indicador en el salpicadero del conductor ya que me senté detrás de él. Se llenó hasta la bandera y salimos al caótico y terrorífico tráfico de Phnom Penh. Volvimos a hacer la ruta que lleva hacia The Killing Fields solo que esta vez iba en el vehículo grande y los demás nos respetaban. El tipo no se cortaba un pelo a la hora de meterse en el carril contrario y a nadie parece importarle. Tardamos como una hora en salir de la ciudad y de cuando en cuando alguien agitaba las manos desde la acera, el chófer metía un volantazo y allí donde le salía de los güevos hacía una parada. Como ya estaba lleno, ponían unos banquitos en el pasillo y la gente se sentaba en su taburete de plástico. La temperatura iba descendiendo y a esas alturas ya estábamos a 26 grados y bajando. En la pantalla, el puto karaoke de Camboya con los mismos vídeos que en el viaje anterior. Opté por mi audiobook para no sufrir esa tortura.

    En un momento determinado alguien se bajó y el padawan del conductor me asignó los dos asientos, justo en la fila en la que iban las dos chicas que estaban en mi hotel y que estaba claro que se habían graduado en la escuela de tortillerismo. Una era la muñequita guapa y modosa y la otra el camionero feo y antipático que encima se había puesto un aro en la nariz, de esos como los que llevan las vacas para enganchar la cuerda. Tenía cara de tener un clítoris con penefantiasis de esa que hace que le crezca desproporcionadamente. En un momento determinado el aire acondicionado empezó a gotear sobre la camionera y la tía se rebotó toda. Yo me reía socarronamente mientras le caía gota tras gota. Era el único lugar del autobús en el que sucedía y la tía no se puso de mala leche porque ya estaba en ese modo desde pequeñita pero seguro que se le agrió un poco más.

    En eso que vamos por la carretera, pitando a todo y a todos y haciendo burrada tras burrada pero no esas mariconadas que ponen en los vídeos de tráfico sino burradas de las de verdad. Estamos llegando a algún tipo de asentamiento y en el medio de la carretera, una tía vestida de verde, con algo en una mano y con la otra haciendo un gesto para que se pare la guagua. El tío le pita y le pita y cuando estamos encima clava los frenos, la bollera que recibe un chubasco del copón y la gente dentro de la guagua que se agarra a donde puede mientras que los que van a los taburetes se derrumban como piezas de dominó. El autobús se para delante de la de verde y esta empieza a gritar como loca y a golpear el autobús mientras en la calle todo el mundo se ríe. Realmente es que estaba loca de atar y el chófer, sin decirle nada, empezó a mover el vehículo a un lado, la sobrepasamos empujándola con el lateral del cacharro y seguimos nuestro camino. Una escena totalmente surrealista.

    Un par de gallinas casi no lo cuentan y en algunos sitios pensé que los puentes se hundían por el peso del vehículo mientras seguía lloviendo en el reino de las lesbos y yo y otro tío nos estábamos desmoñando con los intentos de la Gran Tortillera de tapar la salida de agua con la cortina de la ventana. Cuando llevaba una hora y ya estaba más mojada que las bragas de mi tía-abuela Clara, les ofrecí cambiar los asientos y yo me senté en el de pasillo. La tía me echó una mirada de odio porque sabía que me estaba riendo de ella desde tiempos inmemoriales pero se tuvo que tragar esa nueva mala leche de más calidad que la que tenía anteriormente y aceptar mi oferta. Lo mejor fue que nada más sentarme yo allí dejó de caer agua.

    Hicimos una parada técnica para que la gente estirase los pies y al arrancar la carretera empeoró apreciablemente. Hasta ese momento era un inmenso parche pero es que a partir de ahí se convirtió en un camino de diligencias, una vía de tierra en la que vibrábamos continuamente. Viéndole el lado positivo, el karaoke dejó de funcionar y Dios mediante no nos torturaban con esa mierda. Por el camino de tierra el hijoputa del conductor seguía adelantando y aterrorizando vacas y en esas estábamos cuando se produjo un milagro dentro de la guagua, una señal de esas que no se pueden negar. El gran Dios de los Camboyanos no gusta de tortillas, bollos o chichi-contra-chichi y lo demostró haciendo que cayera agua exactamente sobre la lesbo-camionera. Increíble pero cierto, comenzó a caerle agua a la bollera en el otro lado. Si miento que se caiga el cielo sobre las dos Coreas y mate a todos esos cabezudos de mierda. Fue la apoteosis. En mi lado ya no llovía y la torti estaba de nuevo macerando nuevas dosis de mala leche y cagándose en su suerte mientras le caía gota tras gota y hasta la muñequita contra la que restriega el potorro se reía de ella.

    Ya no le ofrecí cambiarse de asiento y se tuvo que mamar el chaparrón durante dos horas. En un punto determinado una vaca se asustó con la pita de la guagua y se puso a correr sin rumbo fijo y casi le damos el finiquito. Tardamos cinco horas en hacer los ciento y pico kilómetros que separan Phnom Penh de Kampot a través de la Nacional 3. Imaginad lo que deben ser la carreteras secundarias.

    Al llegar a Kampot en la puerta del autobús se ponen como treinta tíos bloqueándola. Eran los taxistas, motoristas y conductores de tuk-tuk tratando de conseguir clientes. Son como palomas cuando les tiras comida. Pasar a través de ellos es una experiencia horrible y a casi todos les abandonó su desodorante en la infancia y hieden a cosa mala. Logré agenciarme mi mochila y al primero que tenía más cerca le dije que me llevara a mi guesthouse, una llamada Rikitikitavi y recomendada por la Chinita y por Tripadvisor. Como en ocasiones anteriores podéis ver una foto de la habitación a continuación:

    Rikitikitavi Guesthouse, Kampot

    Me recibió un empleado super-amable que me explicó todo y me organizó las dos jornadas siguientes, ya que quiero hacer varias visitas y en este caso lo mejor es tener un guía y que te lleve a todos lados. Después subí a cenar al restaurante, el cual está en la azotea con una espléndida vista del río y tras cenar estuve de tertulia con unos australianos que están recorriendo Camboya en motocicleta (con un guía ya que esto está lleno de minas).

    Y así transcurrió esta jornada de transición en la que me moví al sur del país, en un lugar muy próximo a la frontera con Vietnam a un lado y con Tailandia al otro.

    El relato continúa en Por los alrededores de Kampot

  • La semana pasada en Distorsiones

    14 de junio de 2010

    Hay que ver lo rápido que pasa el tiempo. Hace siete días que regresé a Holanda y ya estoy poco menos que preparando las maletas para volver a marcharme. El próximo fin de semana es más que probable que viaje a Gran Canaria para pasar por allí unos días antes del largo y húmedo verano en los Páises Bajos. Aún no tengo billete pero como siempre, lo conseguiré en el último momento. En esta ocasión me acompañará el Niño, el cual lleva un año dando la tabarra y diciendo que quiere visitar las nuevas colonias de Marruecos y ver los grandes progresos que han hecho en el lugar.

    Como de lo que se trata es de mirar hacia lo que sucedió y no lo que está por venir, esta semana tuvimos unas Reflexiones en el epílogo de mis vacaciones y por supuesto continuó el goteo de anotaciones con el relato del viaje. Los capítulos de estos días fueron Por los alrededores de Siem Reap con el último día en la zona de los templos, el Tránsito de Siem Reap a Phnom Penh y visita al Palacio Real y una vez en la capital hice algo de Turismo por Phnom Penh. Todos los demás episodios están por llegar e intentaré que aparezcan en la bitácora dos o tres por semana para estirarlos un poco.

    Las fotos de la semana fueron del Club de las 500. Primero llegó Condon man en el club de las 500 al que le siguieron las Dunas con Faro al fondo en el club de las 500 en Maspalomas, después vimose el Puerto y centro comercial Maremagnum en el club de las 500 en Barcelona y desde allí cruzamos el océano Atlántico y pasamos por el Edificio Chrysler y Manhattan desde el Empire State en el Club de las 500. Esta semana tendremos una última foto de este club antes de comenzar con la próxima serie.

    La foto de bicicletas de esta semana fue una Bici con sillín para niño en el volante bastante rara.

    el nido vacioAgora

    Fui al Cine tres veces pero aún me quedaba una película en la reserva. Se trataba de El nido vacío, la cual vi en el festival de cine Latinoamericano de Utrecht. Está bien, entretenida y muchísimo más amena que Ágora, película que tengo que reconocer que me aburrió tanto que me dormí en el cine.

    Después de un tiempo sin fotos de comida, retomo la costumbre. Esta semana mi cocina hirvió con muchísima actividad y estos son los platos que salieron de la misma:

    Pollo con beicon y puerroBollos Suizos  o Cristinas
    Solomillo en salsaMagdalenas
    FalafelEnglish muffins
    Albóndigas en salsaQueque de yogur y trocitos de chocolate
    Salmón Tikka con yogur y pepinoPannenkoeken
    Tortilla de papasNaan

    … Una última cosa. Aunque con retraso, aquí tenemos las estadísticas del uso y abuso de navegadores con los que llegaron los visitantes a esta la mejor bitácora sin premios en castellano durante el mes de mayo.

    Navegadores mayo 2010

    El Internet Explorer consigue parar la sangría y se mantiene con el mismo porcentaje del mes anterior, acaparando un 53,21% de los visitantes. En segunda posición el Firefox de la fundación Mozilla tampoco logra moverse y se mantiene con un 30,45% y milagrosamente, en tercera posición el Chrome de Google tampoco logra crecer y también se mantuvo en un 10,66%. Creo que es la primera vez que el triunvirato no sufre cambios significativos. El que parece haber perdido algo de fuelle es el Safari de Apple, el cual baja hasta un 3,91%, un 1,15% menos que el mes anterior.

    Y así transcurrió la semana.

  • Ágora

    13 de junio de 2010

    El cine español ha pasado en unos pocos años de ser muy respetado y de ver como sus películas se veían por todo el mundo al ninguneo máximo, quizás producto de una serie de bodrios infumables realizados porque en España, la saca del dinero público se usa entre otras cosas para dar de comer a aquellos que lamen las manos de los que están en el poder. Así hemos sufrido una decepción tras otra y ha llegado un momento en el que los distribuidores y los cines del continente han terminado por extirpar de las carteleras las películas procedentes de España. Ni siquiera la película española más taquillera de la historia ha tenido suerte y ha terminado llegando a los Países Bajos como carne de filmoteca, estrenándose en un puñado de salas y sin publicidad alguna con lo que está condenada a desaparecer en una o como máximo dos semanas. Por eso me he tenido que apurar para poder ir a ver Agora, película que seguro que todos vosotros visteis en octubre o noviembre del año pasado, cuando triunfaba en la cartelera del país.

    Una bollera de julay las pasa canutas cuando se le cruza en su camino un curilla de mierda al que lo único que le gusta más que follar niños es joder lesbos.

    Hipatia es una filósofa y astrónoma que vive en Alejandría y enseña en su magna biblioteca. Cuando el imperio Romano empieza a desintegrarse, los cristianos se ensañan con la biblioteca y la arrasan y a partir de ahí comenzarán su particular vendeta contra todos los que no piensen como ellos y particularmente contra una mujer libre que no quiere someterse a un hombre.

    El problema de ver una película meses después de que fuera un gran éxito es que mis expectativas eran muy grandes. O eso o que la supuesta magia de la historia no terminó de engancharme. Desde el primer momento hay demasiada grandilocuencia y sin embargo la historia no parece llegar a nada y le sobran minutos por todos lados. Hay mucho plano con la cámara retirándose hasta el espacio y así ganando un minuto de metraje que sobraban completamente y demasiadas escenas que comienzan bien pero que se alargan hasta resultar pesadas. Si a eso le añadimos una protagonista que parece que sufrió una parálisis facial y es incapaz de mostrar emociones, la mezcla no puede ir a ningún lugar bueno. Todo está salpicado de un montón de violencia religiosa, con los cristianos como asesinos natos que no dudan en acabar a base de piedras y cuchillos con las religiones enemigas (incluyendo a los ateos) y puesto que sobran minutos uno puede reflexionar sobre lo asombrosa que ha sido la evolución de esa gentuza, de asesinos natos a folladores de niños. Supongo que el mensaje de fondo es que la religión buena no existe y que todos los dioses son igual de hijos de putas y cabrones si de verdad existen y permiten que los representen en la tierra lo peor de lo peor. Esto se podía haber dicho de una forma más clara y en menos tiempo.

    Por descontado la ambientación, el vestuario y demás son increíbles pero eso se da por sentado en este tipo de historias y no vale de nada si al final, por muy bien que los tengas vestidos, el público se aburre. Reconozco que yo me eché dos cabezaditas porque se me hizo pesadísima, con toda esas mierdas de diálogos estúpidos que no llevaban a nada y esa Hipatia que mejor se hubiera dedicado a follarse a todos los que tenía comiendo de su mano y si lo hacen en 3D, mejor que mejor.

    Finiquitando, que va a ser que no, que no me gustó demasiado, que me aburrí, que me dormí en el cine (2 veces) y que cuando acabó en realidad no tengo muy claro si se trataba de denunciar el cristianismo, de ensalzar a las mujeres trabajadoras o de contar la biografía de una tortillera que no pudo encontrar otro felpudo con el que restregar el suyo. Por suerte esto no lo va a leer nadie y no recibiré una tonelada de comentarios de subhumanos que me acusan de no saber nada de cine porque no me ha gustado.

    05/10

  • El nido vacío

    12 de junio de 2010

    La última de las películas que vi en el festival de cine latinoamericano de Utrecht fue una comedia dramática argentina que en España se estrenó en octubre del 2008 y que como suele suceder, si no es por el festival jamás habría pasado por la cartelera de los Países Bajos. La película se titula El nido vacío.

    Una pareja de julays las pasa canutas con la menopausia una vez han volado los chiquillos del nido

    Cuando los hijos de una pareja abandonan el hogar, ambos descubren que convivir ya no es igual que antes y que ahora que se tienen que ver las caras continuamente, las cosas no van tan bien. El protagonista es un escritor de éxito al que no le gusta la vida social y que no lleva demasiado bien lo de envejecer. Su mujer es más sociable y con tal de no verle la cara se apuntará a la universidad para terminar su carrera ya que se ha cansado de estar siempre bajo su sombra. Poco a poco irán viendo como su mundo se tambalea sin que puedan (o quieran) hacer nada por evitarlo.

    A mí desde siempre me ha parecido que Cecilia Roth es una pedazo de actriz y aquí lo vuelve a demostrar. Es simpática en los momentos en que tiene que serlo, inteligente, aburrida, histérica, va desplegando un gran repertorio de emociones que vivimos los espectadores pero pese a ello a la historia le falta algo, no sé, un pegamento, algo que la una y la vuelva muy interesante porque las diferentes partes que nos cuentan no terminan de cuajar. Entre las tramas secundarias, se podían haber cargado totalmente las llamadas de teléfono de los hijos y la película no habría perdido nada pero son esos saltos de ritmo los que la hacen naufragar a ratos y le quitan velocidad.

    En definitiva, que pudo haber sido mejor de lo que es y que no la encontraréis en un cine porque hace mucho tiempo que pasó por las pantallas pero os puede valer para una tarde en casa y seguro que ayuda un poco a coger el sueño de la siesta.

    06/10

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