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Distorsiones

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  • Aproximándose a la presa

    24 de noviembre de 2009
    Aproximándose a la presa

    Aproximándose a la presa, originally uploaded by sulaco_rm.

    El momento en el que el águila marina de cola blanca se lanza a por la presa es increíble. Me recuerdan a los grandes aviones cuando aterrizan. Despliegan las alas, bajan sus garras para capturar el animal y se fijan con atención para atrapar a la presa. Con las alas van ajustando suavemente su trayectoria y dotan a su vuelo de una gran elegancia. En la foto de hoy podemos ver a una de ellas maniobrando en el aire.

    Exposición: 1/2000 sec
    Apertura: f/6.3
    Distancia focal: 400 mm (reales 640mm)
    ISO: 160
    Compensación: 0 EV

  • Social o insocial, según se mire

    23 de noviembre de 2009

    El domingo tomaba unas cervezas en el Three Sisters con mi amigo el Niño y hablábamos sobre la amistad, un tema recurrente en mi universo y que siempre me ha fascinado. Nos conocemos desde hace casi dos años y en ese tiempo pasamos del recelo inicial y la desconfianza a la fase actual en la que ambos estamos en la zona segura, en el interior del círculo de confianza. Si fuesen los años universitarios y estuviésemos en clase sería algo normal, lo que se puede esperar de la gente con la que estás durante bastantes horas al día pero estamos hablando de un montón de años de diferencia, casi veinte entre el momento en que comenzó mi línea temporal y la suya. Recuerdo que cuando mi jefa me dijo que me tendría que encargar del becario me jodió bastante porque lo último que me apetecía era llevar detrás mía a un chiquillo. Me acerqué al despacho en el que estaba trabajando, me planté delante suyo, me presenté y en ese mismo instante supe que seríamos amigos. El Niño me miró con odio porque sabía que estaba a mi merced y mantuvo todas sus barreras de protección alzadas pero en quince días compartíamos despacho y en un mes éramos como uña y carne en la empresa.

    Aunque lo intento, nunca he llegado a comprender como funciona el mecanismo que hacer posible ese milagro, que allana los muros y te acerca a cierta gente y no a otra. En ocasiones he sido consciente de los intentos de otras personas por entablar algún tipo de relación y de una forma fría e impersonal puedo analizar la situación y ver como les voy desplantando en cada asalto hasta que se dan por vencidos. También me ha pasado en alguna ocasión, aunque no muchas. Por lo general la gente que selecciono para que orbiten a mi alrededor quedan atrapados en muy poco tiempo. O quizás son esas personas las que me eligen a mi.

    El mismo domingo en el que tomaba unas cervezas con el Niño, unas horas antes preparaba el desayuno en casa de mi amigo el Rubio. ?l y su mujer aún dormían y sus dos hijos mayores me ayudaban a cocinar Pannenkoeken y magdalenas. Cuando el Rubio y su esposa bajaron a la cocina la comida estaba lista y todos nos sentamos a la mesa a comer. Si a cualquiera de los dos nos dicen el día que nos conocimos que sucedería algo así no lo creeríamos. La amistad es una fuerza extraña que nos une a otras personas de forma misteriosa. No se sabe muy bien los beneficios que se extraen de la misma (si es que los hay) pero no parece que podamos (o queramos) prescindir de ella.

    Lo que nunca he conseguido entender de las nuevas Redes Sociales es su inhumanidad, el desprecio que se desprende en las mismas por algo tan sagrado como la amistad. Yo no tengo ningún interés por saber de alguien que estudió conmigo hace veinte años o que vivió en mi calle. Si los caminos se separaron y se perdió el contacto en realidad es porque ambas partes lo quisieron así. Mi mundo es muy real y está lleno con la gente que quiero y que me quiere, vivimos aventuras, descubrimos lugares fantásticos y hacemos inolvidables cada uno de nuestros encuentros, llamadas, mensajes, correos, miradas, guiños o el formato que usemos para transmitir y recibir información. Todo lo demás, ese intercambio de mensajes enlatados y que preparamos para consumo masivo de aquellos que añadimos a nuestras redes sociales, todo eso no es más que ruido blanco que nos distrae de aquello que es importante. Mi experiencia con esas redes de amigos siempre ha sido muy mala. A mí me interesa como máximo una persona del grupo, una nada más y el resto no dejan de ser ganado que genera ruido blanco alrededor. Por eso no tengo un grupo de amigos, un conjunto sistemático y consistente de personas que con las que supuestamente comparto un vínculo llamado amistad. En el pasado traté de mantener alguno de esos grupos pero la experiencia exigía un gasto de energía considerable y era muy insatisfactoria. Siempre tenías una oveja negra dentro de la banda, una a la que no le caes bien o que está esperando el momento oportuno para clavar el puñal o que sencillamente conspira por detrás para conseguir algún fin que no es el tuyo. Lo más terrible es que en esos tiempos mi camino se cruzó con el de otras personas que inmediatamente dispararon mis sensores y con las que seguramente hoy habría sido un buen amigo de no ser por el rechazo del grupo y porque no encajaban en la banda.

    De ahí viene mi aversión a los grupos de amigos. Prefiero los elementos aislados con los que he ido tropezándome a lo largo de los años, gente de distintas edades, razas y religiones cuyo único punto en común parece ser su amistad conmigo, gente que en ocasiones ni siquiera se conoce aunque posiblemente han oído hablar unos de otros.

    Y ahora que ya tenemos mareada la perdiz conviene responder a la pregunta que alguien me hizo hoy: ¿Por qué no tengo cuenta en esa famosa e inútil red social? ¿Por qué no podemos jugar con la granja o con la chorrada que se os ocurra? Porque no lo necesito, porque no me aburro aunque no veo la tele, no tengo casi tiempo libre aunque no trabajo horas extras y porque prácticamente cada día tengo alguna actividad planificada con alguno de mis amigos. Y para los demás, para aquellos que sienten algún tipo de curiosidad y quieren atisbar lo que sucede en mi mundo, para esos está Distorsiones, el diario en el que dejo anotadas las boberías que se me ocurren y que puede leer cualquiera. Y si por eso crees que soy un insocial, que así sea y que ¡Viva mi insocialidad!

  • La semana pasada en Distorsiones

    23 de noviembre de 2009

    Por culpa de esa anomalía temporal que hace que me falten horas y días para aprovechar cada segundo había dejado aparcada la temática de regalos mensuales en la bitácora pero no lo he olvidado y en De regalos pasados, presentes y futuros tenéis listas de ganadores y el programa para los meses que me dejé atrás y los que están por venir. Esta semana continué pisando el acelerador y conseguí acabar el relato del viaje a Polonia. Los últimos capítulos fueron sobre el Tercer día. No hubo mucha suerte, el Cuarto día. Arriba, en el cielo y el Quinto día. El largo retorno a casa y las grullas. Hubo una conjunción de estrellas increíbles y hasta he comenzado a poner fotos de las águilas en la bitácora, aunque primero terminé con las que estaban llegando al Club de las 500, que fueron el Palacio Alam en el club de las 500 y la Fábrica de cerveza Heineken en el club de las 500. Entre las fotos de Polonia vimos una preciosa Águila marina de cola blanca, el Pigargo europeo sobrevolando nuestro bote y un Águila marina joven. Espero que además de ver las imágenes haya un toque didáctico en esta serie (siempre teniendo en cuenta mis grandes limitaciones y mi incultura sobradamente conocida).

    Los fogones de mi casa siguen a pleno rendimiento y esta semana tuvimos una nueva receta para añadir a la serie de Cocinillas. Se trató de un delicioso Pollo Saint-Tropez facilísimo de preparar y que está para chuparse los dedos. Ya son varios los que están cocinándolo. La receta llegó a mis manos a través de la mujer de mi amigo el Rubio.

    thetimetravelerswifethetwilightsaganewmoon

    El fin de semana no estuve en mi casa y aunque fui al Cine no tuve tiempo para escribir así que nos tenemos que conformar con dos películas, la segunda parte de The Twilight Saga: New Moon ? La saga Crepúsculo: Luna Nueva, una historia de amor entretenida y a veces con demasiado almíbar y The Time Traveler?s Wife, otra historia de amor aunque en esta ocasión muchísimo más dramática e intensa.

    En mi cocina los platos no dejan de salir. También en otras ya que el fin de semana lo pasé en casa de unos amigos y el domingo me tuvieron cocinando. El paseo visual por las cosas que preparé es el siguiente:

    MagdalenasCastañas asadas
    BeignetsPiña guisada
    Empanadas de hojaldrePollo con beicon y puerro
    Estofado de carne y cerveza GuinnessStamppot del Rubio
    Pasta con salsa cremosa de beicon y guisantessopa de maíz
    Albóndigas en salsaPannenkoeken

    Y así transcurrió la semana.

  • The Time Traveler’s Wife

    22 de noviembre de 2009

    En el género de la ciencia ficción, los viajes en el tiempo han sido desde siempre vapuleados y retorcidos de tal forma que las películas que contienen alguno de ellos suelen parecer ridículas en esas zonas en las que se producen las paradojas y las leyes de la física se doblan sin piedad. Aún más raro es encontrar una historia que contiene una brutalidad de viajes en el tiempo y sin embargo no trata sobre ese tema, es un romance, una historia de amor vivido a lo largo de varias décadas. La película que tiene todo esto se basó en un libro muy conocido y se llama The Time Traveler’s Wife. En España aún no tiene fecha prevista de estreno pero dudo que suceda antes del año 2010.

    Un julay saltimbanqui se dedica a pelársela esperando que la chocha que le sube la bilirrubina sea mayor de edad para darle unos buenos viajes extra-temporales

    Un joven que nace con un defecto genético que lo hace viajar en el tiempo sin control conoce a una chica de la que se enamora y seguirá su vida desde que es una niña hasta que realmente se encuentran como adultos. Entre ellos hay una gran historia de amor marcada por las continuas desapariciones de él y los problemas a los que se enfrenta cuando aparece en otros momentos temporales.

    Lo primero que nos llama la atención es la falta de tecnología para viajar en el tiempo. Siempre nos ponen en las películas complejas máquinas que necesitan un montón de energía y que tienen una lista enorme de efectos secundarios y aquí tenemos simplemente a un chico que salta en el tiempo por culpa de un defecto genético y cuando sucede es algo que no puede controlar. Su vida está marcada por la muerte de su madre en un accidente de tráfico y por la soledad que tiene el no poder contarle a nadie su problema. Cuando conoce a una chica de la que se enamora, comienza a viajar en el tiempo a la infancia y juventud de ella y ambos se enamoran inmediatamente. En nuestro tiempo (o quizás en otro) se casarán y vivirán juntos y su amor conseguirá sobrevivir a todo.

    Si ya es complicado contar una historia de amor, una como esta es una tarea titánica y sin embargo ese es el punto fuerte de la película, lo creíble que es la relación, la forma natural en la que vemos como él cambia continuamente, como a veces hay dos versiones de sí mismo juntas y como ella las quiere a todas, a los jóvenes y a los no tan jóvenes. La elección de Eric Bana es muy acertada, consigue una gran interpretación y nos da lástima por el tipo de vida que le ha tocado. Siempre tendrá que estar alerta para no desvelar demasiado del futuro, vivirá angustiado porque nunca sabe cuanto tardará en saltar a otro tiempo y ni siquiera en donde aparecerá y todo ese pesar lo transmite a los espectadores sin más problemas.

    Toda una sorpresa en un drama romántico con unas dosis masivas de ciencia ficción que agradará a aquellos a los que les gusta leer e imaginarse universos paralelos y disgustará profundamente a los seres uni-neuronales que solo esperan productos ya digeridos y simples.

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