Home is not where you live
but where they understand you.Christian Morgenstern
Seguramente de no haber visitado la fábrica de cerveza Guinness en Dublín nunca me habría tropezado con esta frase con la que me siento totalmente identificado. Si esto es cierto para todos, lo es aún más para los emigrantes, para aquellos que como yo nos liamos la manta a la cabeza y dejamos nuestra tierra para perseguir nuestros sueños. Arribamos a mundos distintos, a veces inhóspitos, a veces acogedores y una de las primeras tareas que tienes que culminar es la de crear tu nuevo hogar, identificarte con el sitio y aprender a amarlo.
En este proceso de aprendizaje, de conocimiento mutuo que sucede entre Uno y el Nuevo Mundo, es fundamental encontrar gente con la que te identifiques y lanzar tus garfios para abordarlos porque sin amigos es prácticamente seguro que fracasarás. Con el tiempo puede que llegues a ese estado en el que te sientes tan a gusto pese a tener el corazón partío y saber que cuando estás aquí añoras a los de allá y cuando llegas allá quieres volver aquí porque esta es también tu casa.
Es a partir de ese punto cuando nuestra casa está en donde nos comprenden, no donde vivimos. La llevamos a cuesta con nosotros y aunque pueda parecer lo contrario, no es una carga pesada, es algo que ni siquiera notamos. Cuando miro hacia atrás y repaso todos los años que llevo en los Países Bajos, me doy cuenta que pude haber elegido el quedarme en Gran Canaria y seguir en mi trabajo, pude haber elegido irme a la Península a trabajar o emigrar hacia otro país. Todas las puertas estaban abiertas y fue la mano del destino la que eligió por mi. No me arrepiento ni de un solo minuto de ello. Aquí o allá, siempre estoy en casa porque en ambos sitios tengo buenos compañeros de viaje que me comprenden.




