La segunda inmersión del día fue de nuevo en la esquina de Madivaru y volví a grabar un montón, tanto que pensaba hacer cinco vídeos pero como no me gusta cortar las escenas, al final salieron cuatros, con tres de ellos bastante granditos. En mi diario de buceo apunté lo siguiente: Vimos un montón de tiburones grises y de punta de alta blanca, muchos peces pequeños, una tortuga verde grande. La música que acompaña este vídeo es la canción Give Me Everything de Pitbull, Afrojack, Ne-Yo.
Comenzamos en el azul, acercándonos al lugar en el que están los tiburones, dejando que nos arrastre la corriente. Es como una cordillera submarina y nosotros vamos justo sobre la cima. El Dive Master vio algo a lo lejos pero yo en el vídeo no veo nada. Sobre los dos minutos se puede ver como nos movemos por el borde de esa especie de cordillera submarina, con rocas a un lado y arena al otro. Sobre los dos minutos y medio empiezan a aparecer tiburones, algo lejos y la marabunta de pececillos de colores, con lo que ya llegamos al punto para presenciar el espectáculo y como siempre, nos enganchamos con los garfios. Había un montón de tiburones grises. El vídeo acaba después de engancharnos con los garfios.
El martes y por circunstancias que no comentaré no podía ir a bucear y estando en Gran Canaria me enteré que venía un pedazo de borrasca hacia las Canarias desde el jueves que creo que la llamaron furcia suciolista, podemita y truscolana o algo así porque dicen que a las borrascas hay que darles nombres de esos, aunque yo soy de menos dar nombres y más tirar a esa miasma en paracaídas sobre Afganistán o Irán y que sus grandes amigos los Ayatolas se encarguen de ellos y aligeren el peso del planeta. Básicamente, el último día antes de la tormenta para bucear era el miércoles y me enteré que no tenían a nadie, con lo que yo sería el cliente y haríamos lo que se me antoje y además, íbamos a la playa de Tufia. El miércoles me desperté quince minutos antes, fui a correr y después de la ducha y el jiñote, paré en la cafetería del Mercado Central para desayunar y llegué al club de buceo quince minutos antes y como la Dive Master y su Padawan estaban preparados y listos, nos fuimos hacia Tufia un cuarto de hora antes, llegamos allí casi que los primeros, nos cambiamos y bajamos al agua y entramos los primeros, a las nueve y media de la mañana. En nuestra primera inmersión fuimos al lugar en el que están los roncadores, pero antes de llegar a ellos vimos un angelote enterrado precioso, un pulpo rescondido y sin la presión de otros buceadores, visitamos al murión, que siempre se oculta y ese pedazo de morena marrón se decidió a asomarse y por primera vez la conseguí grabar de frente. Después junto a los roncadores vimos otro angelote enterrado. Por el camino nos topamos con una holoturia pegajosa, besugos, un par de anémonas, cangrejos araña, fulas, gueldes, viejas y hasta sargos y coronamos la inmersión con un pez rubio que descubrí yo y que siempre está por cierta zona de Tufia. Me encantan esos peces porque tienen patitas para caminar, cuando despliegan sus aletas, son fabulosamente azules y agitan la cola para moverse.
Cuando salimos había grupos todavía entrando para la primera inmersión. Nosotros fuimos a cambiar las botellas y a los cincuenta y ocho minutos estábamos cerca de la playa y volvimos al agua a los sesenta y dos minutos de terminar la primera inmersión, en plan puntualidad centroeuropeda. En esa segunda inmersión nos quedamos por los arenales buscando caballitos de mar, que según a quién le preguntes, te dicen que hay hasta siete, pero nosotros estamos convencidos que es mentira porque hemos revisado la zona a conciencia y no vimos ninguno, aunque lo que sí vimos fue un pulpo acompañado de tres vaquitas que se me enfrentaban para que deje al pulpo en paz, porque ellas lo acompañan mientras caza y cuando otros pececillos huyen, las vaquitas se los comen. Vimos las gorgonias y en una de ellas había una preciosa y diminuta porcelana y de nuevo nos encontramos con un montón de sargos, viejas, fulas y hasta con una sepia que en lugar de quedarse quieta, optó por huir.
Después de la segunda inmersión, regresamos a la furgoneta, nos cambiamos y salimos de regreso a la una de la tarde, prácticamente un récord que la Dive Master y su Padawan agradecen porque acaban de laburar antes y se pueden pirar a sus kelis. El agua, en estos días de marzo, está a unos dieciocho grados con nueve décimas en Tufia y con tres décimas en el Cabrón y todavía puede enfriarse un poco mas.
En la foto, de arriba a abajo podemos ver el Rubio con sus patitas en la parte delantera, después tenemos el Murión y al pulpo mirándome y finalmente en la parte inferior, para aquellos que lo puedan ver está el Angelote enterrado bajo la arena, yo lo veo clarísimamente y hasta veos sus ojitos.
Las próximas inmersiones deberían suceder en mayo, pero si no se acaba la guerra esa para matar terroristas-musulmanes-de-mielda, que recordemos que grandes santos cristianos de siempre han dicho que moro BUENO moro MUERTO, es muy probable que me cancelen el viaje y entonces seguiré buceando en Gran Canaria al final de junio.
El segundo día de buceo en Rasdhoo comenzó con una inmersión al amanecer y gracias a eso podíamos ver la bioluminiscencia, que es algo muy espectacular para vivir bajo el agua. Fuimos a un nuevo lugar llamado Ghobali Channel. No grabé mucho y todos los vídeos están concentrados en este. En mi diario de buceo anoté lo siguiente: bioluminiscencia, vimos tiburones grises de arrecife, de punta de aleta blanca, pez murciélago de aleta grande, labios dulces y un napoleón. La música que acompaña este vídeo es la canción What Are You Going To Do When You Are Not Saving The World? de la banda sonora de la película El hombre de acero – Man of Steel.
En la primera parte del vídeo estamos mirando hacia el fondo en el azul y todo ese universo de estrellas que vemos es la bioluminiscencia, pequeños animales que crean su propia luz, es como atravesar galaxias en una nave espacial, absolutamente increíble. Después de ese minuto mágico pasamos a la parte más normal de la inmersión y pasamos una especie de montaña de arena y a lo lejos están los tiburones y llegando a los dos minutos al frente tenemos un banco de peces. Sobre los dos minutos y medio allí es hora punta y vemos a la derecha la caída hacia el azul. Sobre los tres minutos hay varios peces grandes que parecían meros, aunque no estoy seguro. Estaban junto a corales negros. Después de eso vemos barracudas por encima de nosotros. Casi en los cuatro minutos ese pez pequeñito y precioso con círculos blancos sobre negro es un pez ángel emperador juvenil. Cuando crecen se transforman y cambian completamente. De jóvenes nadan de una manera rara para engañar al enemigo. Pasados los cuatro minutos vemos un tiburón de punta de aleta blanca pasando por debajo de nosotros. Sobre los cinco minutos vemos otro pez pequeño y precioso del que no me acuerdo del nombre y con él acabamos.
Después de que llegué a Gran Canaria, aunque el plan era ir a bucear el domingo, al final se retrasó hasta el lunes porque los del centro de buceo se liaron un poco y ese primer día de buceo, de los dos que quería hacer, fue al Cabrón, en Arinaga, cerca del aeropuerto y que ya hemos visto recientemente en un vídeo aterrizando. Como yo no soy un gandul, me levanté a las siete y cuarto y fui a correr, que es malo hacer ejercicio físico después de bucear pero no hay ningun problema cuando se hace antes. Después de correr, ducha rápida y camino del centro de buceo paré en la cafetería del Mercado Central para desayunar, un ritual muy vinculado al buceo. Cuando llegué y saludé a la Dive Master me enteré que éramos tres, un chicharrero, una belga y yo. Cuando la belga apareció descubrí que era negra como un tizón y no había manera de leerla, así que no sabía si era una buena o una mala buceadora, pero eso sí, se metió en el agua, que ahora mismo está a dieciocho grados, con un traje de neopreno de dos milímetros, que es algo impensable, que nosotros bajamos con siete milímetros y pasamos frío, así que debe ser cierto eso que dice que las lorzas del trasero son energía almacenada.
El viaje al Cabrón nos llevó algo menos de media hora y una vez allí, solo había otro grupo con dos buceadores, con lo que éramos pocos, la marea estaba subiendo y muy brava, asi que tanto la entrada como la salida fueron difíciles porque hay que caminar por una plataforma volcánica en la que te puedes resbalar llevando todo el equipo. Yo entré el primero para que los otros dos vieran como se hace, que el sitio es complicado.
En la primera inmersión vimos una morena negra y otra picopato, pero separadas, vimos una raya escondida en una grieta, que descubrí yo, un par de anémonas acompañadas con su séquito de cangrejos y camarones y muchísimos peces trompeta, fulas, sargos y hasta algún abade. También entramos en una de las cuevas. La salida de esa primera inmersión, con la marea justo en el punto más alto, fue una epopella, con el agua arrastrándonos. Estuvimos fuera del agua una hora y volvimos a entrar, con la marea todavía muy alta. En la segunda inmersión vimos una tilodina en una esponja amarilla, dos morenas entrelazadas, una negra y la otra picopato, que están en la foto del final, nos encontramos el banco de roncadores, gigantesco y entre ellos, escondida como un lobo entre un rebaño de ovejas, había una barracuda y un abade gigantesco, que cazan esos peces. En la foto también se puede ver la barracuda entre los roncadores. También vemos besugos, anémonas, cangrejos y un petrubio. La salida fue un poco menos difícil que la vez anterior.
En la foto vemos los roncadores con la barracuda, las dos morenas juntas y una de las dos anémonas con su corte de camarones
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