Todos sabemos que por más que se lo pida a mi Ángel de la Guarda, lo del culocochismo y el gandulismo de ciertos comentaristas que no vamos a mentar no se me ha pegado, que ¡ajolá que se me pegara!, que así me pegaba el domingo rascándome el tripote en mi keli sin mover una pestaña. Como no es así, la semana pasada había quedado, desde tres semanas antes, con uno de mis amigos rubios para hacer una caminata. Yo propuse dos, ambas más o menos de la misma distancia. En la primera, iríamos desde mi keli hasta la estación de Hollandse Rading, siguiendo el río Vecht desde su nacimiento en el centro de la ciudad de Utrecht hasta casi llegar a Breukelen y allí nos desviaríamos al este, básicamente bordeando la provincia de Holanda del Nort. En mi segunda propuesta, comenzábamos en la estación de tren de Breukelen, caminábamos hasta el río Vecht, que está a menos de dos kilómetros y después lo seguiríamos hasta su desembocadura junto al castillo Muiderslot, uno de los secretos turísticos mejor guardados en los Países Bajos, un auténtico castillo medieval, fabuloso y precioso, que los turistas de las putas, los porros y el alcohol malo no saben que está cerca de Ámsterdam y no lo van a ver, bueno, eso y los diecisiete leuros que les costaría la entrada, que eso seguro que es una buena cantidad de droga para fumar o hasta una mamada por parte de una de las legendarias furcias sin dientes. Al llegar al castillo, regresaríamos a la estación de tren de Weesp, un par de kilómetros antes y allí iríamos en tren a Duivendrecht, en donde cambiaríamos a otro tren para llevarnos a Breukelen, ya que en esta variante, para ganar tiempo era conveniente llegar al punto de partida en plan culocochista. Aunque hace tres semanas no sabíamos el tiempo que iba a hacer, quedamos para este domingo, casualmente con alerta amarilla por lluvias torrenciales que empezarían en nuestra parte del país sobre las dos de la tarde, así que el plan era comenzar temprano y mi amigo tocaba el timbre de mi keli antes de las ocho de la mañana, cuando yo ya estaba acabando de hacer los Pannenkoeken para desayunar, que ya que venía tan pronto, yo me encargaba del desayuno de los campeones. Fuimos a nuestro punto de partida y a las nueve menos cuarto de la mañana, estábamos saliendo del aparcamiento de la estación y comenzando a caminar. Llegamos junto al río y ya lo seguimos hasta su desembocadura, haciendo una única parada sobre el kilómetro decimo cuarto para tomar un cafelito con tarta y ya la siguiente parada fue para echar un pis y tomar un refresco en Muiden, una vez llegamos al castillo.
En el fabuloso y asombroso vídeo anterior se puede ver la ruta y en el mapa, a la izquierda, está el AmsterdamRijnkanaal, que se hizo en el siglo XX (equis-equis) para que puedan circular barcos más grandes y mejores, pero en el pasado, desde la Edad Media, a la ciudad de Utrecht se venía desde Ámsterdam por el río Vecht, seguramente uno de los pocos ríos del universo que tiene portones en su comienzo y en su final (o viceversa), ya que en Muiden, hicieron el castillo para asegurarse que aquel que quisiera usar el río para llevar carga a Utrecht pagara su impuesto y le pusieron portones y al final del río, justo en la entrada del centro histórico de Utrecht, hay también portones. En nuestro camino por el río Vecht cruzamos palacios e infinidad de molinos de viento, el paseo es precioso y los treinta y cinco kilómetros no se hicieron nada pesados, aunque los últimos dos, cuando ya íbamos a la estación, nos alcanzó la lluvia y esos fueron algo mojados.
Al llegar a mi casa lo celebramos con mi legendaria creación, el bocadillo Falafel Canario, en el que se juntan mi receta del Pan de suero de mantequilla, el Falafel, mojo canario también hecho en casa, beicon, huevo duro y chorizo de teror, y todo esto produce algo mágico.

Yo sigo queriendo hacer el otro segmento del río, pero mi amigo camina porque se está entrenando para el Nijmeegse Vierdaagse, los cuatro días de caminata en esa ciudad en los que tendrá que andar cincuenta kilómetros al día durante cuatro días consecutivos y según él, cuando lo haga ya no camina más hasta febrero o marzo del año que viene cuando empiece a entrenarse porque dice que a él no le gusta caminar, con lo que confirma que es masoquista.


