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  • Envole-moi

    12 de septiembre de 2021

    Ayer mismamente despotricaba contra el cine gabacho y la siguiente película que fui a ver en mi multi-sesión en la filmoteca fue otra película francesa y tengo que reconocer y reconozco que tenía dos posibilidades y elegí la que parecía menos dramática y menos de polladas francesas. Al final fue un acierto. También quiero que os fijéis cuidadosamente en el blanco que es obligado a cargar con el negro y además sonreír, como si el otro estuviera hecho de aire y no pesa nada. La película se titula Envole-moi y por ahora, no parece que se vaya a estrenar en muchos países aunque lo merece.

    Un julay parrandero se convierte en el esclavo de un mulato y ciertamente sin chimpún.

    El hijo de un médico rico y famoso vive la vidorra padre sin dar un puto palo al agua hasta que jinca el descapotable en la piscina de su viejo y este le pone un ultimátum: tiene que reformarse y volverse super-hiper-mega responsable o pirarse de su keli y lo pone a hacerse amigo y cuidar de un chiquillo que está petado de enfermedades y que básicamente, es un cadáver andante. Con malas ganas o quizás ninguna comienza la tarea pero poco a poco irá cambiando o algo así.

    Decir que al parecer esto está basado en una historia real, pero alemana, aunque aquí lo cambiaron a los franceses que pese a tener un tronco empetado por el orto, son menos tiesos que los germanos. Si has mirado bien la foto (hasta haciendo clic en la susodicha para verla más grande), cuando empezó la película la jeta del chamo blanco me sonaba una jartá y tardé medio minuto o así en reconocer al chamo, o por lo menos a su ancestro, porque resulta que ese es Victor Belmondo y se parece que no veas a su abuelo, que tristemente, ha fallecido esta semana. Hablando de la película, esto empieza como un drama de AntenaTriste o Telajinco, como un telefilm pero va mejorando según avanza y se gana el derecho a ser considerada una película de cine. La historia es muy lineal y todos sabemos que el dúo terminará congeniando pero disfrutamos igualmente del viaje de estos dos, desde universos opuestos, hacia una galaxia común. El lado cómico prevalece siempre y está muy bien usado. Al final, sales del cine contento por haber visto una historia de esas que te dejan buen cuerpo.

    Si eres un miembro del Clan de los Orcos, igual hasta conoces ese refrán que dice que no se le da miel a los cerdos, así que ni te molestes que tú eres uno más de la piara. Probablemente la parte de comedia hace que no valga para los sub-intelectuales con GafaPasta, que se toman a sí mismos demasiado en serio. Es una buena historia y bien contada.

  • Las cosas que decimos, las cosas que hacemos – Les choses qu’on dit, les choses qu’on fait

    11 de septiembre de 2021

    Yo creo que después del pedazo de título interminable, casi que no hace falta que hable sobre la película porque con tanto título esto tiene que ser pretensioso que no veas. Recordemos para los desmemoriados que el cine francés me produce urticaria, pero después del encierro por culpa de la pandemia podemita-truscolana, con tal de ir al cine hasta voy a ver estas cosas. La película de hoy tiene el pomposo título de Les choses qu’on dit, les choses qu’on fait y en España se estreno en julio con el aún más pomposo título de Las cosas que decimos, las cosas que hacemos, al que solo les faltó añadir truscoluña no es nación.

    Un par de julays chingan sin chingar en sí

    Una pava está en una keli en la campiña y el primo de su macho viene a pasar unos días, con su macho ausente por negocios. Resulta que los dos se dedican a pasear, a hacer turismo y como que se encelan y quieren chingar como conejos. A todas estas y a través de flashbacks, allí todo el mundo chinga a derecha y izquierda y aquello es un puterío que no veas, aunque no me quedó para nada claro.

    Este es un buen ejemplo de lo pretensioso que puede ser el cine francés. Entre los flashbacks y la historia en el presente, había momentos en los que me habría gustado que me pusieran las pinzas en los ojos como en aquella película de Kubrick para poder aguantar porque el aburrimiento era espeluznante. Hay un montón de rollos, el chamo que viene de visita está encoñado de una que solo lo quiere como amigo, se encoña del mejor amigo del chamo y después lo invitan a vivir con ellos para que los escuche follar. El tío del pavo vive con una pero se la pega con otra y termina dejando a la primera por la segunda o algo así, el chamo se enrolla con la segunda hembra del tío, que seguramente tiene dos o tres rollos más y estoy convencido que hubo algún otro rollo que se me escapó. Con los flashbacks todo es como un vómito después de una hora de digestión, se puede entrever un poco lo que había dentro pero no en detalle y en ningún momento sentí algún tipo de empatía por alguno de los protagonistas. El final, peripatético, con otra pollada aún más gorda que las anteriores.

    Un miembro del Clan de los Orcos expuesto a esto seguramente morirá y me imagino que con tanta pretenciosidad, fascinará a los sub-intelectuales con GafaPasta, pero que sepáis que no vale.

  • El bebé jefazo: Negocios de familia – The Boss Baby: Family Business

    11 de septiembre de 2021

    Definitivamente yo jamás aprenderé de mis errores y sabiendo que El bebé jefazo – The Boss Baby me pareció una caca, eso no me detuvo a la hora de reservar mi entrada para la secuela, aunque en mi defensa diré que fui a Amsterdam a ver varias películas y tenía un hueco de dos horas entre ellos y la alternativa a no ir al cine era la lluvia en la calle. Esta es, además y hasta el día de hoy, la única película en TresDé que he visto en el 2021, que hasta ahora he tenido muchísima suerte evitando las putas gafas. La secuela se titula The Boss Baby: Family Business y en España se estrenó en septiembre como El bebé jefazo: Negocios de familia.

    Unos julays vuelven al cole para identificar truscolanes o algo así

    Han pasado los años y los niños de la primera ya tienen hasta pelos en los güevos y por una magia potagia, son retransformados de nuevo en niños y han de ir a un colegio de frikis en el que supuestamente un chamo planea dominar el mundo y convertirnos a todos en zombies como los truscolanes y los podemitas. Es una película para niños así que nadie se agobie que tendrá final feliz.

    Ya no recuerdo si la primera tenía algún sentido pero sí que puedo confirmar y confirmo que esta en muchos momentos no lo tiene y se limitan a encandenar escenas que supuestamente gustarán a los niños con escenas que entretendrán a los padres y si hay suerte, hasta parece que hay una línea argumental entre ellas. En un momento determinado, ni las gafas evitaron que se me cerraran los ojos porque me estaba aburriendo enormemente. La animación es de colores muy vivos pero sin demasiada calidad y la tercera dimensión no aporta absolutamente nada y la podrían haber suprimido. La traca final divierte y entretiene y en cierta manera te hace olvidar gran parte del mal rollo anterior, pero no es suficiente como para considerarla una buena película.

    Esto está más bien pensado para niños que acaban de decir su tercera palabra, quizás hasta la cuarta y para nadie más, incluso los cerebros de los miembros del Clan de los Orcos sufrirán con algo tan básico y los de los sub-intelectuales con GafaPasta se tendrán que desconectar para sobrevivir.

  • Porón Pom Potorro

    10 de septiembre de 2021

    Este está resultando un año increíble y en el que he visto cosas asombrosas y cierto tema ha sido bastante recurrente ya que en junio ya tenía Un montón de material para pesadillas antes de ir a jiñar y en ese mismo mes flipé con Y otro segundo y en agosto Se me fue el baifo. Y esos los que he contado, que ahora que hago la ruta desde mi keli al cine con frecuencia, han sucedido otros que ni me molesto en contar, salvo por el de hoy, que es algo que ni siquiera yo me lo creo cuando me lo cuento a mí mismo y eso que lo viví. Sucedió el domingo, día en el que me organicé una sesión doble de Cine, con dos películas en los dos multicines de la cadena a la que estoy abonado en Utrecht, con algo más de una hora para ir de uno a otro, trayecto que normalmente toma diez minutos u ocho si te esfuerzas y vas ligerito. Yo tenía tiempo así que salí de la primera película super-hiper-mega relajado y el plan era ir paseando con la bicicleta hasta el centro de la ciudad. Recién comenzaba el viaje, todavía junto al cine cuando viene hacia mí una bicicleta. Como esa es una ruta muy transitada, ya que conecta la ciudad de Utrecht con Leidsche Rijn, que es una nueva barriada que no existía hace cuatro años y que es la expansión de la ciudad, con un nuevo centro incluído y con una autopista que en aquel momento pasaba justo por debajo de las ruedas de mi bicicleta, ya que para expandir la ciudad de Utrecht, hace la tira de años, hubo un referéndum, en el que el ayuntamiento nos dio dos opciones a elegir a los ciudadanos, siendo la primera meter la autopista bajo tierra y expandir la ciudad por el oeste hasta doblar su tamaño, con edificios bajos y jamás permitiendo que haya edificios mayores que la torre del campanario de la catedral, la Domtoren y la segunda opción era no expandir la ciudad y empetarla de rascacielos para que quepan muchos más. Los ciudadanos votamos mayoritariamente por la primera opción y ahora tenemos una ciudad sin edificios altos y con dos centros urbanos, una parte de la ciudad con más de mil años de antigüedad y la otra con menos de cinco.

    Bueno, regreso al tema, que veo venir una bicicleta hacia mi y sobre ella, venía la versión local de Ripley, es decir, una hembra holandesa empreñada hasta niveles de esos que lo flipas, que aquí ver mujeres embarazadas con ocho meses y yendo en bicicleta es como que el pan nuestro de cada dos días y de hecho conozco a varias que iban a la oficina hasta llegar al octavo mes en bicicleta con aquellos tripotes, por no decir que el año pasado en primavera, la vecina de la acera de enfrente, salía a correr hasta los ocho meses por lo menos, que el Turco me acusaba de mentir descaradamente hasta el día que al salir de paseo con las bicis nos la cruzamos y lo avisé para que mirara y flipó con aquella chama corriendo con aquel tripote, que yo estoy convencido que volvió corriendo del hospital mientras el marido traía al chiquillo a la casa en el coche, o lo mandaron por mensajería. Bueno, me difumino de nuevo, que viniendo hacia mi hay una hembra embarazadísima, con una barriga que era más grande que el globo del mundo que tenía en mi dormitorio como lámpara cuando era niño y por supuesto, llevaba una falda corta porque estamos con algo parecido a una mini-ola de calor, más bien una olita de calorcito y en eso que ese traje que ya tiraba hacia arriba por el tripote se subió un poco más y lo flipé, lo aluciné y hasta pensé en lavarme los ojos con lejía pero de la buena, de la de marca, porque es que allí abajo, entre aquellas dos piernas, asomó un medio mechón de pelo con mejillón incluido. Ella vio que yo vi pero no podía hacer nada, el traje se le fue para la parte superior de la barriga y la única manera de tapar aquello era parándose y recolocándolo, algo que seguramente hizo después que yo acabé aquel cruce épico e increíble en el que vi un avistamiento de una hembra empreñada y con el poron-pom-póm pompero al aire, que yo siempre supuse que una vez consiguen que las inseminen, ya lo de no llevar bragas no debe motivarlas porque tienen lo que querían en sus entrañas, pero esta al parecer o usa el sistema bajuno para refrigeración adicional o iba más caliente que una burra y para ahorrarse esfuerzos adicionales al llegar a casa, ya no se pone las bragas y tiene una cosa menos que quitarse.

    Este ha sido el avistamiento más flipante del 2021. Vamos, que no se me ocurre ningún otro escenario que me pueda impactar más que el sucedido el domingo.

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