Ahora que estamos viendo fotos de Kanchanaburi, estando allí hice una excursión al Parque Nacional de Erawan, en el cual, como veremos en su día, hay una sucesión de pequeñas cascadas. Al llegar al parque y mirar el cartel con las prohibiciones y recomendaciones, uno acaba algo confundido con tanto mensaje que seguro que en la versión literal tailandesa suena super-claro pero el truscolán y podemita que hizo la traducción al inglés como que la cagó hasta el fondo. Primero te ordenan que por favor, no trepando, que me deja cambao porque en versión gerundio, no sé exactamente a qué se refieren. Después remarcan no permitir pantalones para nadar que digo yo que no se referiràn a los bañadores o aquí estamos en un parque nacional claramente nudista, aunque igual, vistos los habitantes del sudeste de Asia, se refieren a los chamos y las chamas que se meten en el agua vestiditos. Después tenemos un Pavo ten cuidado! Roca resbala que uno con un poquito de imaginación igual deduce y hasta acierta aunque el siguiente ten cuidado de los calambres mientras nadas igual hasta tendría sentido en el mar, pero esto eran charcas de como mucho un metro de profundidad, creo que en una llegaba en un punto al metro y medio y lo de nadar es estirar la definición del verbo muchísimo, en muchas de ellas lo único que podías hacer era un chás-chás, que no requiere ni dar más de unos pocos pasos en el agua y sumergirte únicamente lo suficiente para que no se note que estás meando, actividad que no está prohibida con lo que es totalmente legal. Después, aunque solo había un caminito, tenemos una flecha indicando Usa este caminito, que siendo el único, era como que muy obvio y la última orden, que incluye multa, es el prohibido dar de comer a los monos y a peces, con los primeros robándote ellos tus cosas para buscar comida y los segundos mordiéndote porque tú eres la comida y encima, a poco que te descuides te multan por culpa de los monos y de los peces. Tanto mensaje y tanta orden y comando y creo que yo fui uno de los pocos que subió hasta lo más alto para ver la que ellos llaman séptima cascada, que en realidad era la primera porque el agua por culpa de la desgraciada de la gravedad, prefiere siempre el caminito de bajada. Una vez arriba, ya no me acuerdo pero seguro que hice pis allá arriba sabiendo que teníamos seis cascadas con gente por debajo para que todos tuvieran su pequeña porción y algunos hasta se la llevarían a casa en sus botellitas, que yo me sellé con cera las orejas y me grapé la boca para asegurarme de no recibir ni una gota de agua, que este agua está bendita y viene con la gracia de las diarreas que te hacen perder peso.
Después del empacho de templos budistas y de fotos del castillo aquel que parece una fortaleza, vamos a revolcarnos en el placer de las locomotoras y aquí tenemos otra de las que estaban expuestas en Kanchanaburi, aunque esta está como mejor cuidada y no tengo ni idea de si es de la época japonesa o de las que siguen usando, que Tailandia sigue teniendo una red ferroviaria muy activa y tan lenta que se te quitan las ganas de viajar. El ancho de vía de la línea que hicieron los japoneses era muy estrecho, desconozco si es porque en Asia tienen esa medida o si fue algo hecho a propósito por los japoneses. Realmente, cuando ves las vías del tren, te da la impresión que debe ser para trenes de juguete porque la diferencia no son un par de centímetros, es muchísimo más.
No seas truscolán y empieza a leer esto por donde se debe, que no es otro lugar que La buhardilla
Después de las dos cuadrillas que trabajaron en mi keli para equiparla con una buhardilla y después para estucar el techo y los paneles, llegó el momento mío y de mi vecino, que está retirado, se aburre como una ostra viendo los programas de las mañanas y lleva esperando como agua de marzo y abril que llegara nuestro momento. Lo primero que hice fue hacer unos cálculos sofisticados y complicados para saber la cantidad de metros cuadrados sobre los que íbamos a trabajar. En paralelo, pedí cita previa en una de las mega-ferreterías que hay a un kilómetro y medio de mi casa, que son cuatro, dos de ellas tan grandes como una tienda de muebles sueca. Están cerca de mi ruta de correr. En realidad hice dos citas previas, una para mí y otra para mi vecino e hice otras dos citas previas en una tienda barata tirando a baratísima en el centro de la ciudad para aprovisionarnos de cosas como cinta de papel, brochas de usar y tirar, plásticos para cubrir muebles o papel de lija. Aunque no es una tienda china, el equivalente español más cercano sería ese. El día de la ferretería llevamos el coche porque sabíamos que volvíamos cargaditos. Teníamos media hora, que aprovechamos a conciencia. Yo había estudiado los colores según la escala RAL durante horas y horas y tenía claro lo que quería. Fuimos a la mega-sección de pintura y hablamos con los empleados. Teníamos varios objetivos:
Líquido para la imprimación o imprimatura, que es el término científico en cristiano según Luis, porque yo solo conozco la palabrota en neerlandés, que es diepgrond.
Pasta para alisar una pared de hormigón que está muy llena de baches.
Pintura para la zona anteriormente conocida como las paredes amarillas.
Pintura para la buhardilla y sus laterales y debajo de la buhardilla.
Otros materiales que nos faltaban
El primer cambio que nos hicieron en la ferretería fue con el material de imprimación. Nosotros fuimos al conocido de hace cien años y el empleado nos dijo que hay uno muchísimo, pero que muchísimo mejor y encima, el garrafón de doce litros estaba en oferta y nos salía más barato que el de diez que íbamos a comprar de la otra marca.
Después vino la pintura. Elegimos una marca determinada y cuando fuimos a los empleados que te la mezclan y le ponen el color que tú quieres, en mi caso dos tonos de la escala RAL, hablamos con ellos, les contamos el tipo de paredes que eran y como estaban y nos sugirieron que usásemos otra marca que según ellos, siempre da mejor resultado, es muchísimo más probable que incluso una mano sea suficiente y la calidad de la pintura está a años luz. Les hicimos caso. Ellos se pusieron a preparar los dos botes con los colores, uno de cinco litros y otro de dos litros y medio. En ambos casos, tenemos suficiente pintura para dar dos manos.
Hablando con los empleados del problema con la pared de hormigón, nosotros íbamos a comprar lo que conocía mi vecino, que tiene setenta y pico años y se está currando el llegar a Ancestral. El empleado nos recomendó otro llamado muurglad que recubre el muro y para lo que se utiliza un rodillo completamente plano y una especie de escobilla plana como las usadas para limpiar cristales. Compramos una cantidad suficiente para dar una mano de dos milímetros, lo cual fue un error, como se verá en alguna anotación futura.
Acabamos nuestra lista de la compra, pagamos, que me dejé una pasta gansa, que yo siempre había pensado que lo de pintar es cosa de un par de leuros en el material pero estaba muy equivocado.
Volvimos a mi casa y en el primer día, lijamos paredes, quitamos pegotes sobre las mismas y cubrimos las superficies que no queríamos que vieran afectadas, mayormente los zócalos del laminado o como quiera que se llamen a los cubridores que están en las paredes. Además, movimos todos los muebles al centro de la habitación, para poder trabajar y sacamos de la misma otros, que han acabado en mi dormitorio, que es como el cuarto de alguien con el síndrome de Diógenes recién comenzado. Además, volvimos a dar otro repaso de limpieza para quitar algunos kilos de tierra y polvo, que desde que esto comenzó, esa habitación parece que está conectada por un agujero de gusano con una fábrica de polvo. Y ahí lo dejamos.
En la ferretería también nos habían dicho y repetido y también lo leímos en las instrucciones del producto para la imprimatura que en paredes que acaban de ser estucadas, hay que esperar veintiocho días, repito, veintiocho días o eso que otros llaman cuatro semanas para que se sequen bien y de no hacerlo, es más que probable que te salgan unas bandas verticales u horizontales horrendas en esas paredes. Esto afectó enormemente a nuestro plan, ya que ahora solo podemos trabajar en una parte de la habitación. Por suerte, para cuando comenzamos ya estábamos cerca de la segunda semana. Decidimos hacer la imprimación de las paredes amarillas, incluida esa en la que vamos a trabajar para arreglarla, ya que siempre es bueno tener una buena base que evite que la pared se chupe la pintura y si alguno se acuerda de las historias del Chino, cuando yo me compré mi keli, él se compró otra en mi mismísima calle y cuando se puso a pintar directamente sobre el hormigón en una pared, lo hizo DIECISÉIS veces antes de rendirse y pedir consejo en la ferretería. Él pintaba la pared de blanco cada día por la tarde y a la mañana siguiente la pared volvía a tener el color gris del hormigón. En la foto, la pared que tiene el enchufe, la de la izquierda, es la que está bien y la otra, la del fondo hacia la derecha, es la que necesita urgentemente un alisado. Hicimos el imprimado, que es algo sencillo y para lo que se usan unas brochas gordísimas y bastas que mojas en el líquido y después mojas las paredes con esa substancia y cuando se seca, supuestamente crea una fina membrana de algú producto químico similar a la silicona y que evitará la sed de la pared con la pintura, la sellará.
También en la foto tenemos el resultado después de la imprimación, que le sacó al glorioso amarillo de las paredes sus colores más amarillos y las dejó preciosas. En la foto tenemos una vieja conocida, la regadera verde que vista su popularidad, ha decidido subir para ver lo que hacemos y como quiere ser influenser, siempre me pide que le haga una foto. Así que tras una hora de trabajo, o quizás una hora y media, tenemos todas las paredes amarillas bañadas en ese líquido y también los paneles de madera bajo el poyo de la buhardilla, que esos no son de estucado y el producto según dicen también funciona bien con maderas. Y hasta aquí llegamos ese día.
Los japoneses, que muchos se han olvidado y los ven como unos seres sabios y maravillosos y muy respetuosos pero que son lo peor de lo peor exceptuando koreanos, truscolanes y podemitas, sacaron su lado más vicioso en la Segunda Guerra Mundial. Para poder tener una línea regular de suministros con Myanmar, decidieron crear una línea de tren, que pasaba por Tailandia. En el cementerio de guerra de Kanchanaburi hay enterrados casi siete mil prisioneros de guerra que murieron en la construcción de la línea ferroviaria, entre los que hay casi mil novecientos holandeses. Murieron la mitad de los prisioneros que esclavizaron para construir la línea ferroviaria. El total de soldados aliados muertos en la línea al completo fue de unos doce mil y noventa mil civiles esclavizados para completar el proyecto. Merece la pena también señalar que Japón jamás compensó o reparó el daño hecho a las víctimas civiles.
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