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Reality sucks

Mira que me costó llegar

Después del drama del pasado martes, cuando expliqué mi teoría sobre como Se escoñó una parte muy importante del universo relacionada conmigo, el miércoles por la mañana o eso que conocemos como ayer avisé a mi jefe del drama y como suponía que me dirían que tenía que ir a Hilversum con el ladrillo, me puse e hice mis ejercicios físicos para evitar estar encochinado como ciertos culocochistas y fui a correr mis seis kilómetros. A las nueve y veinte me llegó el correo del julay de ITé diciéndome que me pasara por allí, más o menos cuando yo iba a entrar en la ducha y después de eso salir para Hilversum con la bicicleta. Mirando en GooglEVIL, me proponían una ruta que es una caca porque va al descubierto junto a una carretera y con veintipico grados lo último que quieres es llegar más sudado que el coño de una podemita que está ahí para servir y obedecer al supremo líder, también conocido como la coletas. Por eso busqué una alternativa que seguía sin convencerme porque no era la ruta que yo hacía hace unos años. La mandé al teléfonino, me puse a escuchar unos podcasts y salí de casa. Ya el día anterior me convencí que el sistema para ofrecer rutas para bicicletas de GooglEVIL es una puta mierda del copón y ayer lo requete-confirmé. Iba en paralelo a una calle muy amplia por donde pasa la nueva línea de tranvía de Utrecht, conocida como Uithoflijn o truscoluña no es nación si lo decimos en español. La carretera tiene el tranvía en el medio, después dos carriles para vehículos de culocochistas como ciertos comentaristas por cada lado y en los extremos, dos carriles bici por cada lado. El telefonino en cierto punto me dice que vaya al lado izquierdo de la calle, por supuesto parando para esperar que el semáforo se ponga en verde y cien metros más adelante te dice que te pases al otro lado de la calle y así una y otra vez, hasta que te puedes imaginar a la madre del pollaboba que programó eso mamando pollas de mamarrachos en algún rincón de truscoluña y quedándose preñada seguramente de la escoria más grande del universo o eso que ese gilipollas llama papá. En otros momentos, en los que debería girar, el programa decidía que no era una información relevante y no me avisaba, con lo que acabé parando cada momento para mirar la pantalla del teléfono y en cierto momento, abandoné la ruta que me marcaba y me fui por libre porque en lugar de ir hacia Hilversum, me estaba llevando a kilómetros al este de esa ciudad. Merece la pena mencionar que a veces me decía que girara ligeramente a la izquierda y la carretera era una línea perfectamente recta o había en el lugar un cruce y no te quedaba claro si debía tomar la perpendicular, ya que el concepto de girar ligeramente hacia la izquierda para mí excluye el cruce. Tardé lo que no está escrito e hice casi veinticinco kilómetros. La ruta que seguí fue la azul que vemos a continuación y en algún momento pasado Bilthoven opté por ir por mi cuenta y obligarlo a recalcular. No vale la pena decir nada de la pronunciación en español de las calles neerlandesas, que hace totalmente inútil el sistema de guiado porque no hay similitud entre ambas lenguas.

El de ITé tardó un montón de horas en preparar uno de los dos portátiles que tiene para dejar cuando hay que reparar el tuyo y tomará uno o más días. Yo lo flipo, ese es su trabajo y en lugar de actualizarlos una vez al mes, espera a que alguien necesite uno y después se pega horas instalando las actualizaciones de güindous, horas y tras eso, el sistema de encriptación del disco duro se niega a reconocerme como usuario de ese equipo y está otras dos horas más luchando con algo que supuestamente hace todos y cada uno de los días laborables de su vida. Maté todas esas horas saludando a los pocos que estaban en la oficina y flipando porque por más que nos la intenten meter doblada, allí no hay la distancia suficiente para mantener la separación de metro y medio entre personas, es sencillamente imposible, con lo que el retorno a la oficina abierta se me antoja una misión imposible. Además, ir al baño requiere abrir cuatro puertas, con tu manita y agarrar virus a destajo y lo de que solo una persona puede usar las escaleras por vez, ya sea subiendo o bajando, no lo respetaban los diez que estaban allí así que imagínate cuando sean noventa. En el edificio de al lado, el de la diosa esa griega que vende ropa para chichones e italianos, ahí no había un solo empleado. Tenía previsto ir al cine por la tarde pero cancelé la reserva porque no iba a llegar a tiempo. Para el regreso decidí seguir la FUERZA, mis instintos y encontré una gran parte de la ruta que seguía hace años, al menos hasta Groenekan, porque allí no me sonaba la zona, decidí hacerle caso de nuevo al GooglEVIL y el joputa me dio un garbeo que no veas. En total, cuarenta y nueve kilómetros en bici y un empute que no veas con el programa ese que te marca las rutas. Como además no tengo el soporte para el teléfono en el volante y la ley holandesa prohíbe que lo tengas en las manos mientras pedaleas o conduces, mirar la ruta era una pesadilla así que ya me he comprado un soporte en la tienda esa de China que espero que llegue antes del año nuevo, pero como solo pagué un leuro y pico incluyendo gastos de envío, tampoco me voy a quejar. Lo que sí hice fue instalar otro programa de navegación, uno de código abierto y que usa mapas de código abierto incluyendo los mapas de rutas de bici de este país, le dije que me calculara la ruta desde mi casa y en un minuto y con dos pequeñas correcciones que le he hecho a la ruta he encontrado el camino que seguía antes, con veintidós kilómetros y mayormente en línea recta. Supongo que lo probaré el día que vaya a devolver el portátil prestado y recoger el mío, asumiendo que ese día llega antes que el de la ejecución.

Y decir que mi barba fue la sensación, todo el mundo flipa con mi aspecto tan elaborado de terrorista o psicópata que debe tener un sótano lleno de cadáveres. La barba es lo más.

Por sulaco

Maximus Julayus

2 respuestas a «Mira que me costó llegar»

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