Cuando hablamos de un fingimiento de cualidades o sentimientos contrarios a los que verdaderamente se tienen o experimentan, tal cual lo define la RAE, que es el templo al que acudimos para resolver nuestras dudas, seguro que no tenemos claro el concepto pero si te digo y te repito la palabra hipocresía, entonces seguro que tienes el concepto claro. Mirando la prensa resulta que una pava en Bélgica y otra en Suecia resulta que se han caído de la rama del árbol de la vida en la que estaban encaramadas y ahora se han dado cuenta que hay que hacer algo para evitar que destruyamos el mundo tal cual lo conocemos y sin una guerra de por medio. Lo de esas dos pavas y todos los que las acompañan es hipocresía en un grado tal que si te acercas a ellas y a los comemieldas periodistas que las ensalzan, te pueden dar arcadas del asco tan grande. Tenemos que hablan y hablan de salvar el mundo, salvar el universo, hacer algo y después, que hacen, salen de la reunión, de la manifestación, de la actividad de protesta y se van directos al estarfuk o a su cadena de comida rápida favorita como el Mas-Monal y se piden un café o unas papitas o un refresco y todo, todo, todo, todo, todo, todo eso viene en envases de usar y tirar, con pajas de plástico, con tapas de plástico para las bebidas, con cartones recubiertos de plástico para los vasos, con envoltorios de plástico para las pajas y todo, todo, todo, todo, todo eso es una ingente cantidad de residuos que van CONTRA EL PLANETA. Es de hipócritas el clamar al cielo y no dar ejemplo. Si queréis hacer algo, boicotead a cualquier cadena que no te sirva la comida en un plato de verdad, con un vaso de verdad y con un cubierto de verdad, de los que se pueden lavar y si alguien se lo quiere llevar para comer en otro lado, que se traiga su propio vaso o que pague un euro más por producto que pida, un impuesto a la contaminación y ya verás como en seguida se desarrolla el instinto de la educación medioambiental. Ayer veía a un grupo de estos neo-ecologistas y luchadores, sentados en una mesa de un restaurante de comida rápida y la cantidad de plástico en forma de residuos que había en aquella mesa era dantesca. Además, pese a sentarse allí, lo habían pedido para llevar con lo que se añadían bolsas de papel que también iban a tirar, esos son los hipócritas que dicen estar luchando por su futuro, solo que parece ser que la lucha es de un rato y con periodistas de por medio y después son rastreros y despreciables, bestias miserables sin escrúpulos que están fingiendo.
Como han crecido en una sociedad conectada y con una educación exquisita, además no se ven la viga en el ojo, gritan para que alguien haga algo de una puta vez en el Amazonas pero ni de coña se les puede tocar sus sitios para comida rápida. Como además, su educación es tan exquisita, cuando acabaron de comer se levantaron y se largaron dejando la mesa hecha un asco, totalmente cubierta con la basura producida por los residuos de su comida. Añade las ropitas de marca, las zapatillas de doscientos leuros porque las que no tienen marca al parecer no pueden ser buenas y el resultado es que hemos producido una generación de monstruos, que avanzarán hasta el borde del precipicio y saltarán el mismo sin saber que llegaron allí por sus propios actos, que ellos escribieron parte del libro ese que ahora tanto les molesta. Lo de cobrar por las bolsas en tiendas o supermercados fue el primer e insuficiente paso, hay que empezar a cobrar por todo lo que suponga contaminar y ya verás como espabilan.













