Fin de semana con el Turco

Todo comenzó en Otro viaje de esos

Mientras íbamos en el coche, me puso al día de los grandes cambios en su vida. Sabía que estaba buscando trabajo ya que le aburre hacer lo que siempre ha hecho, que no es otra cosa que escabechinas en bancos, que por algo cuando el Turco llega a uno, la gente llora por los rincones porque saben que antes de marcharse, se lleva por delante a muchos de ellos. La paradoja es que el trabajo que le han ofrecido y que aún no sabe si aceptará es en un banco. ?l todavía no lo tiene claro, pero si acepta tendrá a TRES MIL personas trabajando para él. Este es un buen momento para volver a leer la frase previa. TRES MIL. Y pese a ello para mí seguirá siendo solo el Turco, uno de mis amigos y lo seguiré ninguneando siempre que me convenga sin remordimientos. En el lado negativo de la balanza, si trabaja para esa empresa, tendrá que dejar su idolatrado BeMeTa y le pondrán un Passat, que ni es lo mismo ni es igual. Ya le he dicho que tiene que luchar para mantener el coche, que a mí que me vayan a recoger al aeropuerto en un Passat no me motiva lo suficiente como para ir todos los años a Estambul …

Cuando llegamos a su casa llegaron los abrazos y los besos de rigor e incluso la Barbiturca me miraba con cariño. La Barbiturca es una de las tres personas que tienen contratadas para el funcionamiento de la unidad familiar. Vive con ellos seis días a la semana y trabaja cuidando a su hija, es la YaYa. Viene de una familia que emigró desde el Kurdistán o algo así y el nombre le viene porque con ella han fracasado el señor Guillette, el señor Wilkinson y el señor Braun. La hijaputa tiene más barba que todos nosotros. Es como Pedro Picapiedra pero con tetas y piporro. Para aquellos que tengan curiosidad, cobra novecientos leuros al mes y con ese dinero mantiene a sus padres y a siete hermanos, ya que quiere de suceder y sucede que entre algunas de las razas de ese lado del mundo, al macho le corresponde el meterse en guerras y demás y a las hembras les toca trabajar para mantener a la familia y como ella tiene hermanos y no hermanas, pues ella trabaja y los mantiene a todos. Yo es que lo flipo con las mierdas religiosas y culturales. La chica comienza a comprender que están abusando de ella y al parecer está estudiando y quiere trabajar en una oficina, con sueldo digno y miserable y que le den por culo a su familia, que casi que es mejor tener enemigos que esa chusma a tu lado.

La madre del Turco me dejó un caldero lleno de albóndigas, un plato que me pierde con la versión turca de las mismas. La hija del Turco es una monería, un querubín que en febrero cumplirá dos años y que casi entra en coma cuando descubrió que no podía entender una palabra de lo que decían sus padres ya que hasta ese momento de su existencia solo había escuchado el idioma turco y no sabía que existen otros como el inglés. Nos bajamos al House Cafe para almorzar y seguir charlando con la gloriosa vista del Puente del Bósforo, Asia y Europa a nuestros pies. Más tarde paseamos por Ortaköy y encontramos un parque en el que la niña se dedicó a quemar energía. Por la noche fuimos a cenar. No teníamos reserva para el sitio al que íbamos pero tampoco fue necesario. Tras la cena nos fuimos al cine y después de la película seguimos de copas hasta casi las dos de la mañana.

El sábado por la mañana planeamos visitar un mercado local e ir a un bosque. Originalmente mi amigo quería llevarme a las Islas Príncipe pero en otoño/invierno no hay muchos transbordadores y tendríamos que pegarnos allí demasiado tiempo y esto hizo que por tercera vez, me quede sin ir a las islas Príncipe. ?l se lo toma más a pecho que yo. Visité Estambul para verlo a él y a su esposa e hija y personalmente, si nos encerramos en la casa durante el tiempo que yo estoy por allí, me lo pasaría igual de bien.

El mercado era de productos orgánicos, que a mí me podéis decir lo que os de la gana pero esas mandarinas escuálidas y esas verduras quemadas no me resultan demasiado apetitosas y que coño, donde haya un buen puñado de conservante E-XXX que se quite lo demás. En el mercado comimos unas tortas enormes rellenas de carne (orgánica, puesto que vino del órgano de algún animal) y nos tomamos unos cafelitos. Usaban harina integral, una que al Turco no le hace demasiada gracia pero que a un servidor sí que le gusta más que la otra (y de hecho, mis Pannenkoeken los hago con harina integral).

Desde el mercado nos fuimos a un parque a las afueras de Estambul o concretando un poco, a las afueras de Estambul en el lado Europeo de la ciudad. En el bosque nos dedicamos a caminar, rodeados de los colores del otoño, mientras la chiquilla del Turco flipaba con todo lo que veía a su alrededor y se enamoraba de dos caballos. En el lugar había un parque para niños y en el mismo jugaba un chiquillo con su padre. Cuando nosotros estábamos por allí noté que los entendía y tras unas micromilésimas de esfuerzo deduje que hablaban español entre ellos. Regresamos a la casa para el almuerzo y nos pusimos tibios con las albóndigas que nos dejó la madre de mi amigo. Gracias a Dios yo tengo un buen metabolismo y puedo absorber todas esas delicias sin abandonar el número mágico, 64. Es bueno saber que si algo falla, todavía tengo la carta de la maravillosa y siempre eficaz dieta Leididí también conocida como la Dieta DosDedos. Fue tanto lo que almorzamos que al final optamos por saltarnos la cena. Por la noche, comenzamos con una nueva película en el cine. Cuando llegas al centro comercial en el que se encuentra el multicines, hay tres tipos de personas. Primero están los pobres, que usan el transporte público. Después están los Wannabe, que llegan con su coche y lo aparcan personalmente. El tercer grupo es el V.I.P., largas el coche a un mozo que te lo aparca y cuando estás saliendo los llamas y para cuando llegas a la entrada lo tienes en la puerta. El servicio te cuesta cinco leuros y solo por la envidia del populacho merece la pena. Al cine fuimos con la Turca, que se empeñó en ver La saga crepúsculo: Amanecer (Parte I) ? The Twilight Saga: Breaking Dawn ? Part 1 y aunque mi amigo intentó hacerla cambiar de idea, se tuvo que joder. Tras la película, ella estaba cansada y la dejamos en su casa y nosotros nos fuimos a un club de Jazz para ver un concierto de una cantante brasileña. Después me enteré que el Turco pagó cien leuros por nuestras entradas. Que nadie se preocupe, que le di un fuerte abrazo y las gracias. Con esa mala suerte tan característica que me acompaña siempre, nos tocó al lado de dos tías. Si hay una verdad cierta en el mundo es que cada uno de mis amigos tiene un punto débil y es mejor no tocárselo. Por ejemplo, nunca, nunca, nunca has de poner cerca de Waiting un mojito porque le entra el frenesí. Tampoco has de dejar que el Niño flirtee cuando ha bebido porque acaba con unos callos de escándalo y después te jura por Mafalda que era un pibón. En el caso del Turco, pase lo que pase, no lo acerques a unas lesbianas porque se cree que tiene los mismos poderes o más que Santa Teresa de Raticulín y cree que las va a curar. Fue ver a la camionera y empezar a agitarse como perro en celo tratando de llamar la atención de la modosita, esa que todos nos preguntamos siempre como pudo ser que acabó en manos de la otra. El concierto fue fantástico y según pasaban los minutos, se podía apreciar como la silla del Turco se iba moviendo ligeramente en la dirección correcta. La camionera se dio cuenta y comenzó a chulear pero la pobre debe haber visto muchos Spaghetti Western y no daba pie con bola ni marcaba el suficiente paquete con el piporro como para impresionarnos. Cuando acabó el concierto nos quedamos en el lugar tomándonos unas copas mientras la cantante se paseaba por el lugar y hablaba con todos los que decidimos no marcharnos y la machorra se llevaba a su hembra a un lugar más seguro.

Al salir, vimos cerca de una discoteca una pelea de Lobas. Dos chamas turcas se trataban de sacar los ojos y arrancarse los pelos sin que supiésemos muy bien la razón aunque intuimos que una de ellas seguramente le pisó el macho a la otra y claro, por un quítame allá esa polla se puede armar el Belén en un instante. Cuando quedó claro que la sangre no iba a llegar al río entramos en un pub y seguimos bebiendo y charlando animadamente con música chill-out de fondo. A altas horas de la noche regresamos paseando a su casa.

El domingo yo madrugué y a las ocho ya estaba en la ducha. Después me encerré en la cocina y preparé Pannenkoeken ya que igual que a mí me molan las albóndigas de la madre del Turco a él le mola mi comida y quería que le hiciera algo. Nos pusimos ciegos a comer y cerca de las diez de la mañana me despedía de su mujer y su hija para ir al aeropuerto. Ella me pidió que me mude a Turquía y si es necesario hasta se casa conmigo. El Turco parece coincidir con ella en que me tengo que mudar pero que ya. Camino del aeropuerto recapitulamos y repasamos esta corta estancia por allí. El Turco solo me reprochó una cosa. Me ha dicho que nunca más vuelva por menos de dos días. Que la próxima vez me quede al menos tres.

En el aeropuerto, una cola que no veas para entrar en el mismo por los controles de seguridad así que el Turco me llevó a la sección V.I.P., le dio dos gritos a los que estaban allí y pasé sin más problemas. Nos despedimos y nuestros caminos se separaron. Yo recogí mi tarjeta de embarque, pasé el control de pasaporte y después de comprar un par de chucherías, me dirigí a la puerta de embarque. A la hora debida no nos llamaron y tuvimos que esperar como veinte minutos. Cuando por fin llegamos al avión y entramos, nos anunciaron que por culpa de la niebla no permitían el despegue del avión y teníamos que esperar unos cuarenta minutos. Aproveché para echarme una cabezadita. Me desperté al despegar y durante el vuelo vi un par de episodios de mis series favoritas, escuché música y jugué con el iPad mientras los que iban sentados a mi lado me miraban con envidia. En el momento en que debíamos comenzar el aterrizaje el piloto agarró el micrófono y se puso a echarnos un discurso sobre la niebla y tal y tal y que se resumía en que no nos dejaban aterrizar y si en una hora no daban luz verde, acabaríamos en Bruselas. Mas tarde nos dijo que en lugar de Bruselas sería el aeropuerto de Lelystad (una cutre pista en el medio de la nada) y luego dijo que quizás sería Eindhoven, aunque después confirmó que estos dos últimos estaban llenos y sin espacio para recibir más aviones así que o era Amsterdam o Bruselas.

A mí más que lo de aterrizar aquí o allí, lo que me preocupa es que hayan calculado mal la cantidad de combustible. Decidí echar mano de mis influencias y contacté con mi Ángel de la Guarda. En unos minutos el piloto anunció que nos dieron luz verde y comenzamos las maniobras para aterrizar. A unos quince metros (de altura) de la pista entramos en la bruma y aterrizamos a ciegas en el puto Polderbaan, con lo que veinte minutos de rodadura hasta llegar al aeropuerto. Allí, hora y media después de la hora prevista, pisé territorio neerlandés. El tramo final fue en tren hasta Utrecht y en bicicleta hasta mi casa, a dos grados sobre cero y con una niebla tan cerrada que no permitía ver nada más allá de unos veinte metros. Y así acabó mi fin de semana en Estambul, del que me quedo con una frase del correo que me mandó el Turco después de marcharme: Siempre es un placer tenerte alrededor de mi familia. Vuelve pronto.

24 respuesta a “Fin de semana con el Turco”

  1. No, a eso ya estoy acostumbrado. Llevaba la chaqueta de las visitas y esa aguanta bien hasta cinco grados bajo cero y tiene un gorro como acolchado con pana que está del copón y calienta un güevo y parte del otro.

  2. Esas politicas de los bancos de mantenerse bajo perfil para que la gente no piense que te estas gastando su pasta, es absurda… Espero que le vaya bien en el trabajo, aunque te digo con todo lo que se de Corporaciones y grandes empresas, nunca nadie lleva a su cargo 3000 personas, te pongan como te lo pongan, eso no sucede nunca. Tu llevas a 10, que a su vez llevan a 20, que a su vez llevan a 30 y asi… Besitos.

  3. Eso está claro pero al final, él es el que está en la punta de arriba de la pirámide meándolos a todos y ya se sabe que los marrones están sujetos a la ley de la gravedad y descienden sobre los que están más abajo, algo que está muy bien explicado aquí

  4. En las grandes empresas los managers son los primeros que salen cuando la cosa se pone fea… Insisto, eso de mandar sobre 3000 personas nope, no es posible. Eso se lo cuentas a otra persona que no tenga tanta experiencia dentro de las empresas. Bueno al final tambien me da igual sabes, era solo informativo jejeje. Un besito

  5. Nosotros tenemos el Supremo Hacedor Amarillo que es un M&M gigantesco y creo que controla como a ciento veinte mil personas y cada lunes nos mandan un correo con un enlace a su sermón dominical y todos lo ninguneamos y no lo miramos. Ni siquiera me sé el nombre del tío, pero espero que esté muy orgulloso de ser mi jefe.

  6. Tu mismo me estas dando la razon, el tío puede decir que lleva a su cargo a 120000 personas o toda la humanidad, pero la mayoria como tu ni sabe como se llama ni les importa. Asi que no, no es jefe de los 120000 tu jefa es aquella que esta detras de ti viendo las veces que comentas en tu Bitacora… Un besito.

  7. A ver si echan a mi jefa a la puta calle porque no hace un buen trabajo, que mira que llevo una década intentando que me boten y no hay manera. Esto es D i S c R i M i N a C i ? n. Con la de gente que podría hacer mi trabajo peor que yo.

  8. Corto pero intenso viaje, son los mejores, tienes tan poco tiempo, que no puedes ni aburrirte.
    Me has metido ganas, en el puente de la constitución me hago una escapada, voy a mirar a donde, pero escapo!

  9. Jo, si es el Boss de tres mil y solo le dan un pasat, vamos por menos de un mercedes deportivo trucado por AMG nada de nada. El estatus es el estatus, y el passat no llega.

  10. Eso mismo le digo yo. Escuchar Eminem con las gafas de sol y las ventanas abiertas en un Passat no es fashion. Es de pobres. Y en algún lugar tenemos que trazar la línea que nos separa de ellos. En un Passat, NUNCA.

  11. Jc, no iba a hacer puente, pero ayer me entró el gusanillo y me he montado un viajecito cogiendo un día laborable, no tengo problema en el trabajo, tengo unos jefes de los que no quedan!! eso si que es una suerte…me voy al norte de Europa a pasar frío….. y a gastar pasta, por supuesto.

  12. Sí, pero lo de Mecano dicen que todavía no está confirmado. Lo que sí me ha sorprendido es que The Boss vaya a tocar en Sevilla en mayo, me encantaría verlo, debe ser un espectáculo de los que ya no hay. Por cierto ¿el turco es turco de verdad?. Manda cojones lo de la chica que trabaja para él, qué cantidad de mujeres explotadas, por Dios y encima los tíos viviendo del cuento, pa mear y no echar ni gota.

  13. El Turco tiene en la actualidad pasaporte neerlandés, como una que yo me sé y que ya no escribe en su bitácora. Dicho esto, el día que su madre pujaba y bufaba para lanzarlo fuera de su cuerpo, ese día estaban situados en suelo turco y tanto la madre como el padre tenían esa nacionalidad, así que llegó al mundo y le dieron un pasaporte Turco. Por suerte se logró deshacer del mismo.

    Ya me veo en un concierto de Mecano, acompañado de esa que ya no escribe en su bitácora y con unos cirios de ochenta centímetros en lugar de la applicación para el teléfono para llamar la atención y que nos hagan fotos para poder ponerlas en nuestros CaraCuloLibros …

  14. Ahora solo falta que la Pantoja vuelva a hacer la gira de Marinero de Luces y que resucite Carlos Berlanga y será casi como si la década perdida con el cuasi-ex-presidente ZaPatazos y las Orcas Góticas no hubiera sucedido …

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