Segundo día. Kuala Lumpur – 1

El relato de este viaje comenzó en Camino a Kuala Lumpur y Tienes un índice con todos los capítulos en Viaje a Malasia del 2009: Índice con toda la historia.

Mi primera mañana en Malasia me desperté bastante relajado y después de un montón de horas de sueño. El primer drama fue al afeitarme. Entre los sacrificios que hice para no venir con mucho equipaje estuvieron el dejar atrás mi cepillo de dientes Philips Sonicare y la máquina de afeitar de mega-diseño además de mi férula dental, que después de todo lo que me han traumatizado algunos con el agua de estas tierras decidí dejarla atrás por no tener que lavarla con agua de botella. La última vez que me afeité con Gillette fue en el año 2000 e incluso entonces no era muy bueno con ese sistema tan básico y prehistórico. De alguna forma me las apañé para cortarme el lóbulo de una oreja mientras me afeitaba, en un momento de despiste moviendo la mano de una zona a otra. Sangraba como un cerdo degollado y opté por ponerme un trocito de papel higiénico con pasta de dientes y así anduve todo el día, sin importarme las miradas de la gente.

Bajé a desayunar al restaurante del hotel y estaba de bote en bote. Como el resto de los clientes, me puse tibio a comida. Lo único que se echaba de menos es la carne de cerdo. Tenían una especie de beicon de vaca que ni es lo mismo ni es igual. Lo mismo se puede decir de unas salchichas con una pinta chunga que creo que son de pollo pero tienen mal color. El restaurante tiene el concepto de cocina abierta y en su interior los ayudantes del chef preparaban huevos fritos, revueltos y tortillas. Pedí unos huevos revueltos a uno que tenía pinta de no tener más de doce años, aunque como siempre he sido muy malo para calcular las edades de los asiáticos, igual es de veintiocho, tiene mujer y cuatro hijos. Lo que es seguro es que no llevaba mucho tiempo haciendo ese trabajo porque los huevos fritos que pidió una mujer antes que yo se le atragantaron y parecía incapaz de poder sacarlos de la sartén.

Con la barriga bien llena pasé por la habitación a recoger mi cámara y poner el resto en la caja fuerte. Me traje mi vieja bolsita Lowepro en la que malamente cabe la EOS 50D con el 24-70mm a punto de reventar y decidí que para ir por ciudad esa sería lo mejor. Fue una decisión muy acertada. Con el bochorno, llevar algo a la espalda es horrible. Pillé una de las botellas de agua que el hotel nos dejaba en la habitación, mi guía de viajes y salí a la calle. Eran pasadas las ocho y media y el golpe de calor casi me tumba. Caminé la distancia hasta las torres gemelas Petronas y para cuando llegué estaba sudadísimo. Busqué el mostrador en donde dan las entradas para visitar la pasarela pero ya se habían acabado, pese a que solo quince minutos antes habían comenzado el reparto. Opté por seguir haciendo fotos en los alrededores del edificio y completar las que tenía de la noche anterior.

Desde allí quería ir a la Menara KL, una torre de comunicaciones enorme con buenas vistas de la ciudad pero no tenía ni idea de cual era el camino y me apetecía caminar así que volví al hotel y allí me lo explicaron.Siempre que pueden los malasios evitan caminar y con las temperaturas y el clima que tienen, las calles parecen haber sido reparadas después de algún bombardeo. Están llenas de baches y parcheadas y los semáforos no tienen ninguna piedad de los peatones, te dejan esperando hasta el fin de los días y para cuando se ponen en verde, has de cruzar esquivando a los motoristas que ignoran completamente la señal de tráfico y siempre parecen a punto de matarte.

Según llegaba a la torre Menara KL me pasó un autobús rojo de esos para visitar la ciudad que te permite subirte y bajarte en cualquier lado y sobre la marcha decidí que era una buena opción. La torre está en una colina y desde la entrada te llevan en una furgoneta con aire acondicionado a la máxima potencia. Aunque mis guías de viaje hablaban de veinte RM (Ringitt) por la entrada, cobraban 38 RM, unos ocho euros y supuestamente incluían otras tres atracciones. Si solo querías subir a la torre no te lo permitían, has de comprar el paquete completo. Me dieron un cuestionario de satisfacción del cliente y me molesté en rellenarlo y despacharme a gusto con ellos. La Menara KL tiene unos cuatrocientos veintiún metros de altura, es la quinta más alta del mundo (en el grupo de torres de comunicaciones) y como suele ser habitual, hay un mirador y un restaurante. El ascensor te lleva a velocidad de vértigo y arriba te dan un audiotour que te dice lo que ves. Hice un montón de fotos aunque como está acristalada, muchas seguro que las tendré que desechar. Pregunté si había otro mirador, uno abierto, pero me dijeron que no. Yo he estado en la CN Tower de Toronto que sigue siendo la torre de comunicaciones más alta del mundo y en esa además de la planta acristalada puedes ir a otra en la que a través de un enrejado podías sacar la cámara y hacer fotos.

Al acabar bajé y entré en una especie de mini-zoológico que era una de las otras atracciones. De lástima. También tenían un parque “de invierno” que era más bien una feria de pueblo, pero de las malas y un simulador de Formula 1 pero sobre ese estaba escrito que en lugar de subirte a un coche y sentir la excitación de la velocidad lo habían cambiado por paseo en burro alrededor de la torre y efectivamente, fuera había varios tipos con burros esperando que nos acercáramos. Pasé ampliamente. Fui a la parada del hop-on hop-off y cuando llegó compré el billete. 38 RM por uso ilimitado durante un día. A diferencia de otras ciudades en las que lo he usado, aquí la frecuencia es cada treinta a cuarenta minutos. Dejé pasar varias paradas mientras hacía fotos desde la parte superior y me bajé en el Mercado Central, en plena Chinatown.

En ese punto quería hacer la caminata recomendada por mi guía Lonely Planets de Chinatown. Comencé en el mercado, un edificio muy exótico por fuera y en el que dentro estaba atorrado de puestos vendiendo recuerdos, camisetas y maletas falsificadas. Me llamó mucho la atención un lugar en el que tienen unos acuarios grandes llenos de peces y pagas por meter tus pies en su interior y que los peces te coman la piel a mordiscos. Supuestamente es sanísimo y todo lo que queráis pero daba un asco increíble y allí solo metían las pezuñas los chinos, que son los que aún no han descubierto la medicina moderna y siguen anclados en sus técnicas de hace tres mil años. Con mis retinas recuperándose aún de esa visión, salí a la calle e intenté picar algo en el Restoran Yusoof Dan Zakhir pero yo quería algo ligero y ellos querían endiñarme un plato entero así que pasé. Un poco más arriba estuve en Medan Pesar, lugar en el que se encontraba originalmente el mercado y del que ahora solo queda una torre pequeña con un reloj que se construyó para conmemorar la coronación del rey Jorge VI de Inglaterra. A los lados de esa explanada las casas son muy exóticas, pintadas en colores vivos, muy al estilo de la Isleta en Gran Canaria pero sin verduleras y noveleras en las ventanas. Seguí caminando e hice fotos de la mezquita Masjid Jamek pero no entré porque estaban en la hora de la siesta. Lo siguiente que vi fue el templo Sze Ya, un templo Taoísta que fue construido en 1864 siguiendo las instrucciones de Yap Ah Loy (si lo leéis rápido suena como el operador turístico alemán). Al parecer, el hombre este es el medio fundador de Kuala Lumpur. Su interior muy exótico y en la puerta unos cuantos pobres y miserables que dan más asco que lástima pero que al menos no te molestan. Desde ese templo seguí y entré en otro templo taoísta, el Guandi pero no era tan bonito e incluso los pobres de la puerta eran más hediondos que los del otro. Casi enfrente se supone que está la joya de los templos hindúes, un templo torre de 22 metros llamado templo de Sri Maha Mariamman que supuestamente es como una torre, espectacular. Lo que yo vi fue una estructura cubierta de chamizo, que más bien parecía estar a punto de venirse abajo. Llegué a la puerta y allí hay que dejar los zapatos y si quieres estar seguro de recuperarlos, mejor pagar al gandul que los cuida. A mí que un tipo que parecía más cerca de la muerte que de la vida ponga sus manos sobre mis botas Lowa no me atraía demasiado pero lo que ya terminó de decidirme fue el pordiosero con alguna enfermedad horrorosa en la piel que se había apalancado en la entrada bloqueándola y al que había que darle dinero para entrar o saltar sobre él. Decidí dejarlo para otra ocasión porque por muy chachis que sean los dioses hindúes, no se merecen esa mierda en la puerta de sus templos y ni la chusma rumana que rodeaba la catedral de Santiago de Compostela cuando la visité por última vez en el 2004 podían compararse con aquellos dos.

Seguí hacia JIn San Guna, un mercado cubierto en el que avanzaba aterrorizado entre patas, ojos y otras partes de animales mientras me voceaban chinos y yo me recitaba un mantra para ignorarlos y al final del mismo desemboqué en el mercado de Petaling, la calle más famosa de este barrio, un mercado en el que se puede comprar de todo FALSIFICADO. Te veías a los guiris pasando con sus falsos Armani, sus falsos Gucci, sus camisetas de marca falsa y los mercaderes trataban de llevarte hacia sus puestos para ofrecerte relojes, bolsos, trajes, gafas y lo que se tercie. Muchos de los extranjeros estaban como en éxtasis, alucinando con el lugar y tirando el dinero. Por allí cerca hay también varios RESTORAN, palabra que cada vez que la leo me recuerda a las verduleras de la Isleta, el barrio en el que me crié y que la decían mucho. Mi teoría es que alguna de ellas consiguió colocar un hijo en esas tierras de traductor y este se encargó de esparcirla por Malasia.

Para terminar el paseo por el barrio visité dos templos chinos más, el Chan She Shu Yuen y el Guan Yin, ambos cerca de la estación del monorail y con los mendigos tradicionales en la puerta. El segundo de ellos es ahora más bien una oficina en contra de la discriminación de las minorías china e hindú en el país.

Como esto se está extendiendo demasiado, lo termino por hoy aquí y mañana continuamos con la historia. El relato continúa en Segundo día. Kuala Lumpur – 2

2 opiniones en “Segundo día. Kuala Lumpur – 1”

  1. No tengo ningún problema. Mi ritmo de fotos está desligado del de los escritos. Una de las cosas que he decidido más o menos en estos días tirado en el paraíso es la serie de fotos que veremos este año. Después de París creo que vendrán flores, luego Sevilla, luego Kuala Lumpur, luego Córdoba, Perhentian Islands, Cameron Highlands y Dios dirá que más. Pero para eso habrá que esperar bastante.

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