El Palacio Nacional (Istana Negara) es la residencia oficial del rey de Malasia. Está a las afueras de Kuala Lumpur, en Bukit Petaling. Originalmente el palacio era la mansión de un millonario chino que la construyó en 1928 y después de la Segunda Guerra Mundial la compró el gobierno del estado de Selangor, la renovaron y fue la residencia del Sultán de Selangor hasta 1957. En esa fecha la compró el gobierno federal y la convirtieron en el Palacio Nacional. No se puede visitar su interior, solo verlo desde la puerta. Creo que están construyendo una nueva residencia para el Rey y habían planes de transformar el edificio en museo pero no sé como acabará la cosa. Llegar al lugar no es fácil pero si visitas la ciudad usando los autobuses de Hop-on, Hop-off, esta es una de las paradas que hacen.
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La excursión a Lanzarote – primer día
Aunque no es un relato de viaje convencional y solo me detendré a relatar algunos días, si quieres seguir la historia al completo entonces salta al principo que está en Un nuevo viaje a Gran Canaria
Entre las actividades previstas en mi visita a Gran Canaria planifiqué una visita a Lanzarote de algo más de un día y así poder enseñarle al Niño algo más de estas tierras a las que es más que probable que no vuelva nunca. No hay muchas alternativas a la hora de buscar billete y como por suerte mi carnet de identidad sigue teniendo una dirección en Gran Canaria, mi billete se podía comprar como residente. Para el vuelo de ida la empresa oficial de transporte era Binter Canarias y nuestro vuelo salía a las ocho y media de la mañana con lo que tuvimos el madrugón de rigor para salir hacia el aeropuerto y llegar a tiempo. En los vuelos regionales no se necesita estar allí una hora antes y a menos que factures, conque llegues veinte minutos antes de la salida del avión es suficiente. Aún así, yo metí cuarenta minutos para asegurarme de que si pasaba algo aún lo conseguíamos.
Mi padre nos dejó en el aeropuerto, en la terminal de vuelos insulares que está rodeada por un montón de obras de ampliación y mejora y nos acercamos a una de las máquinas para facturar y sacamos nuestras tarjetas de embarque (o nuestros papelitos que decían que podíamos subir al avión). Después fuimos al control de seguridad y a mí me pitó y me obligaron a quitarme los zapatos y siguió pitando. Si el intelectual que trabaja allí me hubiese escuchado en lugar de obligarme a quitármelos, habría averiguado que mis pantalones tienen cremalleras para acortar las patas y mis zapatos no llevan absolutamente nada de metal, pero como el tipo lo sacaron de la misma bolsa en la que se transportan los Orcos, no hubo manera de razonar con él y terminó dejándome pasar sin saber muy bien por qué pitaba la máquina. Peor aún, al niño se lo olvidó que llevaba un desodorante en bote de 150 ml y un gel para el pelo de 125 ml y ni se enteraron cuando los puso en la cinta.
Nos tomamos un cafelito hasta que llamaron para nuestro vuelo e hicimos la cola para bajar al autobús. ?ramos unas cincuenta personas para un avión turbo-hélice que puede llevar 72. El modelo es el ATR-72 que se lleva usando en las Canarias desde hace casi veinte años (aunque los aviones actuales son nuevos pero el modelo es el mismo). Es pequeño y eficaz para este tipo de saltos. Nos llevaron en el autobús a la puerta trasera (que es la única para entrar al pasaje) y al entrar avanzamos hasta el final y nos sentamos en la primera fila para tener más espacio para las piernas ya que con 1.96 metros el chiquillo queda encajado en los otros. En los Binter entrar al avión y salir en ruta es cuestión de minutos. Según estuvimos todos dentro cerraron la puerta y comenzaron a encender los motores. La azafata parecía tener un mal día e iba con un careto del copón pero cumplió con sus deberes laborales e hizo el show de las puertas, el cinturón y el chaleco salvavidas. Después comenzamos a movernos, llegamos a la cabecera de pista y en unos segundos subíamos hacia el cielo canario.
El viaje tomó cuarenta minutos y transcurrió sin novedad. Nos dieron una chocolatina y un vaso de agua y al aterrizar caramelos. Al llegar a Lanzarote nos llevaron en otro autobús hasta la terminal y hubiéramos salido directamente de no ser porque el Niño decidió regalar a AENA una jiñada antológica en sus baños. Mientras él desencadenaba el apocalipsis yo me acerqué al mostrador de la compañía con la que reservé el coche de alquiler y me lo dieron. Con todos los trámites completados salimos hacia nuestro Seat Ibiza blanco.
Aunque te dan un mapa y Lanzarote es lo suficientemente pequeña para no perderse, me traje mi Garmin y lo enchufamos. Yo no tenía mucha fe pero el cacharro supo de forma inmediata que estaba en Lanzarote y nos llevó de la mano hasta Puerto del Carmen, la principal zona turística de la isla. Paramos cerca del hotel de los Fariones y desayunamos en la zona antes de pasear un poco por la playa y la avenida. El día estaba nubladísimo.
Desde allí salimos hacia Yaiza y dejamos el coche junto a la casa de la Cultura. Visitamos la iglesia y el centro del pueblo que como todos en Lanzarote, tiene las casas blancas y la mayor parte de las puertas y ventanas pintadas en verde. Mi anterior visita a esa isla fue en 1992 y ya se me había olvidado lo mucho que me enerva esa monotonía en la elección de colores. Fuimos al ayuntamiento a preguntar si tenían información turística de la zona y en el mismo el montón de funcionarios que no estaban haciendo nada nos dijeron que fuéramos a la casa de la Cultura y al retroceder sobre nuestros pasos e ir a ese lugar, nos informaron que si hay algo está en el ayuntamiento, aunque para recibir la información tuvimos que esperar unos minutos porque la conversación de las tres funcionarias era demasiado importante para interrumpirla en cualquier punto.
Vista la desidia, programamos en el GPS el Parque Nacional de Timanfaya y salimos de Yaiza. Paramos en el lugar en el que los turistas se suben a un camello para darles una vuelta y que sientan lo que no sentían los habitantes originales de la isla porque aquí se introdujo el camello más bien como forma de transporte turístico. Ninguno de los dos estaba por la labor de subirse en uno de esos animales para el paseíllo así que les hicimos fotos y seguimos hacia la entrada a la zona que se puede visitar en el parque. Compramos los pases de acceso y tuvimos que esperar unos veinte minutos hasta que nos autorizaron a subir. Tienen un aparcamiento muy limitado en la parte superior y una vez se llena, solo suben coches cuando hay gente que se va. Las vistas son espectaculares, con campos de lava y un paisaje muy abrupto. Al llegar arriba nos pusimos en la cola para tomar el autobús que te lleva por el parque y que es la única forma de verlo. Dan la información en español, inglés y alemán. La carretera es estrecha y no tiene arcén, solo lava que destrozaría las ruedas en segundos. Pasamos por unos campos gigantescos, junto a estructuras increíbles y vimos alguno de los volcanes de la zona mientras cuentan la historia según un curilla que estaba por allí en el siglo dieciocho que fue cuando sucedió la gran movida. Obviamente, según nombran la palabra cura a nosotros se nos llena la cabeza con las imágenes de eso que saben hacer los sacerdotes mejor que cualquier otra persona y que incluye niños. El hombre seguro que se afanaba en meterle el Reino de su supuesto Dios a algún chiquillo cuando la tierra se abrió y seguro que ni se le pasó por la cabeza el pensar que igual era un aviso divino.
Terminado el paseo en autobús nos acercamos al cristiano que echa baldes de agua en los agujeros y salen los chorros de vapor. El hombre es muy simpático y lo único que se echa en falta es que le den algo de formación y le enseñen a decir las cinco o seis frases en inglés y alemán porque los turistas no se enteraban cuando les decía que los agujeros tienen diez metros de profundidad y desde que echa el agua hasta que sale el chorro pasan dos segundos. Por suerte para los que estaban a nuestro lado yo se lo traduje al Niño y todo el mundo consiguió sus fotos. Después nos llevó a la barbacoa natural en la que cocinan la comida del restaurante, diseñado por César Manrique en su estilo monótono. También en otro lugar echaba heno o hierbajos y ardía por el calor. Ya que estábamos allí decidimos comer en el lugar y eso hicimos, con las vistas increíbles que lo rodean. En el restaurante hay los suficientes empleados como para formar dos equipos de fútbol pero cuando quieres que uno te atienda todos se vuelven ciegos y sordos. Según me comentó mi cuñao, son funcionarios, palabra que lo explica todo.
Salimos del parque (o no) y nos dirigimos al Centro de Visitantes del Parque Nacional de Timanfaya. Allí una señora encantadora nos dio un montón de información y básicamente nos planificó el resto del día. Nos dijo a donde teníamos que ir para poder caminar e ir hasta un volcán en la zona de la Geria y mandamos a tomar por culo el GPS y seguimos sus indicaciones.
Al llegar al lugar, dejamos el coche junto al cartel que señala el comienzo del municipio de Tías y comenzamos a andar por el picón unos quince minutos. Al llegar cerca del volcán vimos que había una especie de sendero para subir a la cima y por supuesto, el Niño se lanzó de cabeza al mismo y yo lo tuve que seguir. Cuando llegamos arriba la vista era increíble, con todo el cráter del volcán delante nuestro y nosotros sentados en algo parecido a un precipicio. Bajamos corriendo por el picón, incrementando nuestra velocidad a cada momento. Al llegar al final teníamos los zapatos llenos de piedritas pero nos reíamos como infantes. Nos vaciamos lo mejor que pudimos los zapatos y seguimos andando para entrar en el cráter del volcán. Después al Niño se le antojó hacerse una foto en el lugar más peligroso y traté de disuadirlo de mil maneras pero no hubo forma así que consiguió su foto y un par de heridas en las piernas que por orgullo dijo que no eran importantes.
Volvimos al coche y mientras lo hacíamos vimos que otro se paraba junto al nuestro y se abría un portabultos y nos temimos lo peor pero al final eran solo otros turistas que iban a hacer fotos y no nos desvalijaron las preciadas mercancías que transportábamos. Cruzamos el municipio de Tías, pasamos junto a un montón de viñedos y volvimos a pasar por Yaiza para llegar a la pequeña carretera que nos iba a llevar a el Golfo para visitar el Charco de los Clicos. En lugar de bajar al pueblo fuimos al otro lado de la playa, como nos había recomendado la mujer y bajamos para hacer unas fotos del sitio, precioso y con un charco de un verde intenso que seguro que recordáis de muchas fotos. El Niño quiso hacer el payaso y se fue a subir a unas rocas para que lo fotografiara pero las rocas eran muy grandes y no pudo además de acabar medio bañado por la marea. Al regresar al coche seguimos por la carretera costera en dirección sur y un poco más abajo paramos de nuevo para visitar otro charco con una playa de arena negra en el que una pareja se hacían fotos sin parar, creo que se llama Playa de Montaña Bermeja.
La siguiente parada fue en los Hervideros y después llegamos a las Salinas de Janubio, que no lucían demasiado hermosas. Desde allí comenzamos el retorno, pasando por las Breñas y Femés antes de entrar en Uga y regresar a la carretera de la Geria solo que ahora íbamos en sentido opuesto y nos llevó hasta el Monumento al Campesino en San Bartolomé. Este monumento es un poco decepcionante, no deja de ser una figura feísima que choca con el entorno y que se podían haber ahorrado completamente. Desde allí continuamos hacia Teguise pero se nos hacía tarde y el Castillo de Guanapay ya estaba cerrado así que pasamos de largo la que fue la capital original de la isla y continuamos hacia Guatiza y una vez allí bajamos a la costa al lugar en el que vive mi hermana. Más o menos aquí acabó la parte turística del día aunque por la noche volvimos a Teguise para cenar y caminamos un poco por el pueblo y al Niño le dio tiempo de enamorarse de la camarera del lugar en el que comimos, que me dijo era la primera española guapa de verdad que veía y que resultó ser italiana.
Para el siguiente día teníamos el norte de la isla con muchos de los lugares conocidos por todos.
El relato continúa en La excursión a Lanzarote ? segundo día
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Kuala Lumpur Bird Park
En el corazón de los Jardines del lago (Lake Gardens) está el KL Bird Park, un lugar fantástico si te gusta ver y fotografiar aves. Según dicen ellos mismos es el aviario más grande del mundo y es un placer caminar por el interior viendo miles de pájaros. El precio de la entrada es algo caro para lo que suele ser habitual en Malasia. Cuesta 32 Ringitt que equivalen a siete euros y pico pero merece definitivamente la pena. Cerca del lugar hay un parque de orquídeas y un planetario. A la entrada del parque está lleno de monos que intentarán que les des algo de comer.
Una de las cosas que más llaman la atención es que te dejan alimentar a distintas aves, cada hora en algún lugar del parque lo hacen y los chiquillos y los no tan pequeños flipan con las avestruces y los loros.
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Una década de viajes
Continuando con el pequeño repaso a mis primeros 10 años en los Países Bajos hoy quiero recordar todos los viajes que he hecho y las cosas que he visto durante todo ese tiempo. La semana pasada ya tuvimos ocasión de repasar Una década de cine y si hay dos cosas que me gusta hacer, es ir a ver películas y viajar por el mundo. En estos diez años he tenido un montón de oportunidades para conocer lugares exóticos y las he aprovechado muy bien. Por suerte gran parte de estos viajes están muy bien documentados y hay un enorme índice en La Gran guía de viajes de Distorsiones que cubre casi todas mis salidas desde el año 2004 hasta hoy en día. Para el resto tendré que echar mano de la memoria.
Todo comenzó con un viaje el 1 de julio del año 2000. En ese momento no sabía lo que sucedería en mi futuro más cercano pero tampoco tenía demasiado miedo al mismo. Después de asentarme en los Países Bajos, mi primer viaje fue a Frankfurt en Alemania para pasar un fin de semana con unos amigos y acudir a una fiesta a la que me invitaron. Fue mi primer viaje en tren cruzando fronteras. Un par de meses más tarde, en septiembre, visité Gran Canaria por primera vez desde que emigré. Me ayudó a conseguir el billete mi amigo el Rubio porque en esa época aún no conocía los intríngulis de las compañías de vuelos charters holandesas. Con el tiempo he rozado la perfección a la hora de buscar un billete desde cualquier aeropuerto de la zona y Gran Canaria e incluso conozco las fechas adecuadas para encontrar billete. En el otoño del 2000 también estuve por primera vez en la ciudad belga de Brujas y Lucent me mandó una semana a Niza para hacer un curso e hice algo de turismo. En navidades volví a Gran Canaria, un destino que se repetiría cuatro o cinco veces cada año desde entonces.
En el año 2001 fui varias veces a Brujas, una ciudad que he podido visitar en todas las estaciones y con todo tipo de tiempo. Ese año también fui a Münster para la boda de unos amigos alemanes y pasé allí varios días. Estuve en Bruselas y Amberes, en Nuremberg en dos ocasiones y nuevamente en Frankfurt. También pasé por Dusseldorf y el resto del tiempo lo pasé descubriendo y enamorándome de Holanda. En mi primera primavera estuve cinco veces en el Keukenhof, desde el segundo día después de que abrieron el parque hasta el día en que lo cerraban. Ese año también estuve en Málaga.
En el año 2002 estuve cinco veces en la Floriade, un evento que se celebra cada diez años y del que tendremos la próxima edición en el año 2012. Fui en al menos tres ocasiones a Brujas, también estuve tres veces en el Keukenhof y recorrí los Países Bajos de norte a sur y de este a oeste. Entre todas las cosas que hice las más increíbles fueron las dos veces que hicimos wadlopen, algo que solo se me ocurre traducir como caminar por las marismas, adentrarnos kilómetros en el mar con la marea baja y llegar andando hasta una isla. Fue una experiencia increíble. En una de mis cinco visitas a Gran Canaria fui a Tenerife y pasé por allí un día. En estos primeros años me juntaba con un montón de gente española y éramos más bien un clan sedentario, poco dado a desplazarse. Una vez me liberé del lastre de esta gente fue como si me hubieran dado alas y comencé a salir e ir a otros sitios.
En el año 2003 estuve en Dublín en febrero, con el invierno aún dando coletazos. En marzo fui a visitar a uno de mis amigos alemanes a la Selva Negra y visité Donauschingen, el lugar del nacimiento del río Danubio. En mayo de ese año estuve trabajando en Birmingham y aproveché para hacer algo de turismo. En junio volví a Málaga y en julio estuve en dos lugares tan opuestos como Venecia y Dusseldorf. En noviembre pasé por Brujas y ese mismo vez visité Madrid con mi amigo el Turco. Como en años anteriores pasé por el Keukenhof en al menos dos ocasiones.
En abril del año 2004 fui a Nueva Orleans, en un viaje que ya está documentado en esta bitácora y cuyo hilo comienza en la anotación London Heathrow. Además de esa ciudad pasamos por otros lugares de Mississippi y de Luisiana. De regreso a los Países Bajos pasé por Washington D.C. para ver a la familia. En octubre de ese año estuve en Santiago de Compostela junto a mis padres para cruzar la puerta esa de la catedral que abren de cuando en cuando y en noviembre visité la ciudad alemana de Aachen.
El año 2005 arrancó con un viaje a Omán del que comencé a hablar en el Comienzo del viaje. Fue por motivos laborales aunque como en anteriores ocasiones, añadí un par de días más para poder hacer algo de turismo. En junio de ese año, en una de mis rutinarias visitas a Gran Canaria se vino mi amigo el Rubio con su mujer y su hija. Un mes más tarde visitaba por primera vez la ciudad de Praga en la República Checa, un relato que lo podéis comenzar a leer en Flor de loto y en octubre de ese año, después de comprar mi casa iba con mis padres y mi tío a las ciudades belgas de Gante y Bruselas. A finales de noviembre de ese año estuve en Valencia visitando al cabroncete de mi amigo Kike y allí me informaron que salía al día siguiente de regresar, así que casi empalmé viajes y me marché casi dos semanas a Sudáfrica. El relato lo podeis comenzar en 1. Memorias de Sudáfrica. Camino al fin del mundo. Regresé con el tiempo justo para pasar una semana y pico en Holanda y seguir hacia Gran Canaria para las vacaciones navideñas. Este año también pasé por Málaga y de esa visita surgió el antológico relato de Er Dani, el cual asumo que todos habéis leído pero por si alguno anda despistado, pueden enganchar el hilo en 1. Todos queremos ser como er Dani
El año 2006 fui en enero a la ciudad alemana de Kaiserslautern (Alta Velocidad) y en marzo volví a Gran Canaria acompañado de mi amigo el Moreno y su familia. En junio estuve en la ciudad alemana de Oberhausen con mi amigo el Rubio. En octubre pasé con mis padres por Berlín (Diario de Berlín, el prólogo) y también por la ciudad de Colonia. A primeros de diciembre de ese año pasé por Washington D.C. y Nueva York lo conté todo en el relato que comienza en Es un mundo muy muy seguro ? primera parte.
En febrero del 2007 pasé por Barcelona y allí me encontré con mis padres y lo relaté en Vueling voy, Vueling vengo. Dos meses más tarde estuve por Madrid, Segovia, Salamanca y Ávila viajando acompañado de My lo relaté en Vueldone con Vueling. En junio visité Roma, la ciudad eterna junto con Kike y todo quedó escrito en Casi todos los caminos conducen a Roma. En septiembre de ese año estuve en Pisa, Florencia y San Gimignano con Waiting en un viaje que acabó en una historia que comienza en Otra vez metido en un avión. En diciembre de ese año volví a visitar Dublín y el relato comienza en Volando con los reyes del cielo europeo. Creo que este
El 2008 fue bastante dinámico. Comencé prácticamente después de volver de la vacaciones navideñas con un viaje a Sevilla y Córdoba con M del que hablé en Primer día. Paseando por Sevilla y una semana más tarde pasé por Málaga. En febrero estuve Paseando por la ciudad de Brujas acompañado de un americano que estuvo trabajando conmigo durante unas semanas. En mayo pasé por Zaragoza con M de nuevo (Un exótico viaje de Holanda a Zaragoza) y nada más regresar lié de nuevo el petate y salí para Nueva York junto con mis padres, ciudad en la que pasamos diez días y cuyo relato comienza en Saltando un océano en seis horas y media. El mes de septiembre estuve de paso por Colonia y en octubre estuve en Brujas y en París y este es uno de los pocos viajes que no he documentado.
El 2009 se presentaba tranquilito, con visitas a Gran Canaria y poco más hasta que se me cruzaron los cables y me marché en mayo a Malasia con un relato muy extenso que comienza en Camino a Kuala Lumpur. Nada más regresar volví a salir de viaje y en esta ocasión el destino fue Estambul para reencontrarme con mi amigo el Turco y ese relato comienza en Y allá al este ?? Estambul. En julio estuve en Barcelona para el primer concierto de U2 y después me visitó mi hermana y el Cuñao y nos fuimos unos días a Dinamarca, otro de los relatos que no he documentado por aquí. En septiembre pasé por Luxemburgo y en octubre regresé a Praga acompañado de mis padres con el relato en Mi segunda visita a Praga. En ese mismo mes fui una semana a Polonia con el Moreno para atender un cursillo de fotografía y a la vez inmortalizar al Pigargo europeo y le saqué un montón de jugo al viaje en el relato Los preparativos y el comienzo del viaje a Polonia.
El año 2010 comenzó con una visita al Turco en Estambul a finales de enero de la que creo que no he hablado y un nuevo viaje con Waiting y er Pisha de Cadiz, en esta ocasión a Oporto, Santiago de Compostela y la Coruña del que tampoco he escrito nada (se me pasan las cosas y mi mundo gira tan rápido que a veces ni yo mismo lo puedo parar). En mayo estuve en Hong Kong, Macao, Malasia y Camboya en un viaje de casi un mes que comencé a relatar en El comienzo de otro gran viaje y que prácticamente acabamos de terminar de leer y en junio estuve en Gran Canaria con el Niño y de ese viaje pienso comentar cosillas y el relato arranca en Un nuevo viaje a Gran Canaria.
Son cientos de miles de kilómetros en avión, barco, autobús, coche, tren y otra infinidad de medios de transporte. Los viajes son una parte importante de mi vida y de mi bitácora, en ella quedan archivados y gracias a ellos he visto un montón de cosas y he vivido un montón de aventuras. Como curiosidad decir que aún tengo todas las tarjetas de embarque de todos los vuelos que he tomado (salvo aquellas en plan aerolínea barata en la que la tienes que imprimir tú mismo). En lo que queda de año me gustaría volver a pasar por Nueva York, una ciudad que siempre tiene rincones nuevos y desconocidos y también quiero pasarme de nuevo por Málaga. El resto de viajes, de suceder, llegarán de improviso y sin que ni yo mismo los vea venir. Ha sido una década fantástica y estoy totalmente convencido que no hubiese emigrado, prácticamente la totalidad de estos lugares jamás los habría visto.


