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  • Mareas

    27 de junio de 2008

    Siempre que vengo a Gran Canaria vivo casi un ciclo completo de cambio de marea. El primer día, al ir a la playa y buscar mi posición habitual, la mar quizás está vacía, lejana, nos permite ver un amplio campo de arena húmeda en el que juegan los niños y los gandules de los adolescentes dan balonazos pese a estar prohibido. Entre ellos serpentean los que caminan de un lado al otro de la playa tratando de perder peso, intentando deshacerse de esos michelines que se te agarran como ladillas y se niegan a irse.

    Un rato más tarde, miras de nuevo hacia el agua y descubres que se ha comido un poco de ese terreno, que las olas juguetonas que revuelcan viejas y liberan de sus ataduras algunas tetas se han movido y están algo más cerca. Los niños siguen jugando casi sin notarlo, hacen sus castillos de arena y levantan muros para tratar de defenderlos porque cada vez hay más y más agua, las andanadas son más agresivas y ellos siguen sin comprender que la guerra la tienen perdida puesto que el mar ganará la batalla siempre.

    Yo sigo durmiendo y despertándome, poniéndome más loción bronceadora y escuchando algún audiolibro desde ese punto estratégico en el que coloco mi toballa, exactamente en la línea que separa la arena virgen de la violada por el mar. A veces llegan unos abuelos con su nieto y se ponen a mi lado, juegan un rato y se vuelven a ir. Quizás sean dos madres con cuatro chiquillos, de esas que se pueden permitir el no trabajar porque sus maridos han escapado a la media y tienen buenos sueldos. Hay días que lo que tengo a mi lado es una banda de jóvenes adolescentes, todos menores de edad y todos llenos de tatuajes, sus cuerpos taladrados con aros que aparecen en los lugares más exóticos, con cortes de pelo absurdos y que al parecer son incapaces de emplear su propio idioma de una forma correcta. Los veo llegar, tirarse en la arena, comenzar con sus juegos sexuales, picándose unos a otros, estableciendo jerarquías, alzando muros en torno a las chicas que les gustan para que los demás las respeten y tras un rato arrastran al más débil al agua, se ríen un rato y después del baño se vuelven a ir.

    Son también mareas, de gente que viene y va, que se repiten día tras día, que se vuelven previsibles porque da la sensación que todo está ya visto e inventado, que no hay espacio para la novedad. Las mareas del mar y las de la gente siguen ciclos muy específicos, dependiendo del día y de la época del año. Las veraniegas son más dadas a las multitudes, en las otoñales predominan las bandas de surferos que se pasan las horas subidos a su tabla esperando esa ola que no termina de llegar y que cuando finalmente lo hace, les permite lucirse durante diez segundos como mucho. En invierno no hay nadie en la playa, en muchas ocasiones estoy solo. El mar está muy frío, no hay olas y la gente ha desaparecido. En esa playa, si prestas atención, podrás escuchar al mar hablándote, contándote sus secretos y desvelando misterios que conoce desde tiempos inmemoriales. En primavera la playa la toman gentes pálidas que buscan recuperar el color que quieren lucir durante el verano, gente solitaria que llega y se pasa las horas enganchados a un teléfono móvil desde el que anuncian continuamente que están en la playa, tratando de encontrar la aprobación de los miembros de su clan.

    Después de cinco días, la marea está a punto de completar su ciclo, ahora la mar ya no está vacía al llegar, más bien está casi llena, arrinconando a todos aquellos que quieren pasar un día en la playa y empujándolos hacia la zona en donde la arena bate continuamente récords de temperatura, ese lugar en el que no puedes caminar sin zapatos, has de correr perdiendo toda tu gracia y compostura y tratar de llegar lo antes posible a la orilla.

    Nuestras vidas también se mueven al ritmo que marcan las mareas interiores, subimos y bajamos, estamos alegres o tristes, relajados o tensos siguiendo unas mareas que se van alternando dependiendo de un montón de factores. Hay que aprender a disfrutar tanto las mareas vacías como las llenas, en todas siempre hay algo bueno ??

  • Sutje Boes

    27 de junio de 2008
    Sutje Boes

    Sutje Boes, originally uploaded by sulaco_rm.

    Nada más salir del ferry en Marken y en primera línea del puerto está una casa llamada Sutje Boes en la que vivió hasta hace unos años una mujer. Al morir en su familia decidieron explotarla como negocio turístico y ahora se puede visitar y ver como vivía. La visita es gratuita y solo hay que dejar un donativo voluntario. Si la casa está abierta, es visita obligatoria. Alucinaréis con las camas diminutas y el poco espacio que tenían para vivir.

    En Zaanse Schans o Volendam y Marken tienes mis sugerencias para organizar una visita a esos lugares. Si quieres encontrar abundante información sobre los Países Bajos y particularmente de Amsterdam y alrededores, te sugiero que comiences por la Guía para el turismo en Amsterdam y Holanda y en el Álbum de fotos de Volendam y Marken puedes ver todas las fotos.

  • Desde acá para allá o quizás sea de allá para acá

    26 de junio de 2008

    Puede que la razón esté en que lo hago prácticamente todos los meses pero lo cierto es que la rutina de preparación de los viajes la tengo muy trabajada y cada vez me sale mejor. Voy apilando todo lo que me quiero llevar en el dormitorio de invitados y a la hora de hacer la maleta, me toma menos de cinco minutos y no me suelo dejar nada atrás. En mayo fue Zaragoza, después vino Nueva York, que llegó hasta Junio y ahora Gran Canaria. Tres lugares distintos, tres compañías aéreas y tres viajes que requerían diferentes cosas. Lo que toma más trabajo es la preparación de la bitácora. Cuando en diciembre del año 2005 elegí tener cierta regularidad a la hora de escribir, mi mundo virtual salió ganando pero en las épocas que tengo vacaciones me obliga a un incremento de la actividad para prever posibles apagones o simplemente porque voy a desconectar completamente. Así que mi viaje a Gran Canaria comenzó escribiendo un par de horas el día antes y dejando al menos material para tres días, además de todas las fotos de la semana.

    El domingo, desayuno copioso y variado para acabar con la comida que no va a sobrevivir toda una semana. Comencé con unos huevos revueltos con cilantro y seguí con fresas y un gran vaso de leche. Mi vecino recibió las instrucciones pertinentes ya que se ocupa de la casa y el jardín en mi ausencia y a la hora planeada me acerqué a la parada de autobús con la mochila y el trolley. El autobús llegó con dos minutos de retraso, algo prácticamente inaceptable y que por poco me arruina el buen humor del día. Recuperó el tiempo perdido en la ruta y nos dejó en la estación tres minutos antes de la hora de llegada. Compré mi billete para el tren y me acerqué a un cajero para sacar dinero. Podría hacerlo en Gran Canaria, en cualquier cajero, de cualquier red y en ninguno me cobrarían comisión alguna porque ese es el compromiso de mi banco, el poder sacar dinero en todos y cada uno de los países de la vieja Europa sin pagar comisión. Sin embargo, siempre estoy leyendo en la prensa española sobre movidas raras con cajeros y supongo que perdí la fe y prefiero llevar el dinero conmigo desde Holanda.

    En el tren, un grupo de rusos celebraba la victoria de la selección de su país frente a la neerlandesa y la gente les lanzaba miradas cargadas de mal de ojo. Afuera hacía un montón de calor y las vacas agitaban las colas espantando a las moscas mientras comían para seguir produciendo leche. Holanda es un lugar maravilloso, lleno de lugares que parecen sacados de postales, con ese verde intenso de la hierba, el agua que forma una tela de araña inmensa que recorre todo el país y esa deliciosa sensación de dejadez que da el no tener montañas en el horizonte.

    Cuando llegamos a Eindhoven recorrí la estación buscando algún lugar para comprar algo que me faltaba pero no hubo suerte. Me acerqué al autobús y en menos de cinco minutos ya estábamos en ruta hacia el aeropuerto de Eindhoven. Para aquellos que visitan Holanda a lomos de Ryanair o transavia y quieren ir desde este aeropuerto hasta Amsterdam o Utrecht hay dos posibilidades. Una es usando los medios de transporte público y la otra es con una compañía de autobuses que tiene un servicio directo desde el aeropuerto hasta Utrecht y Amsterdam. Yo prefiero el transporte público porque no me fío de la autopista A2, que es por la que ha de circular ese autobús y que ostenta todos los récords de atasco en este país. El autobús 401 te lleva por varios de los distintos campus que tiene la empresa Philips en Eindhoven. Además de pasar por delante del estadio, visitarás los distintos lugares en los que se diseñan muchos de los aparatos que te rodean.

    Al llegar al aeropuerto tenía que esperar un rato para facturar y lo que hice fue conectarme a Internet y matar el rato. Cuando me dieron mi tarjeta de embarque le pedí a la chica que me pusiera en la última fila y así fue. Subí a la terraza para tomarme un capuchino mientras los aviones llegaban y se volvían a marchar y más tarde pasé el control de seguridad y me senté en la sala de espera.

    A la hora de embarcar, entramos a la carrera en el avión porque al parecer todo el mundo tiene pánico de ver su asiento birlado por otros, algo que casi nunca sucede. Una mujer que rompía las barreras del concepto de obesa y las superaba tranquilamente se arrastraba por la pista en dirección al avión y terminó sentada delante de mi, en la penúltima fila, con dos asientos y uno de esos cinturones para bebé que usó para poder amarrarse. Resoplaba como un caballo viejo mientras su marido trabajaba de lacayo personal y traía y llevaba todo lo que ella pedía. Pensé que al despegar echarían el asiento hacia atrás y reducirían mi espacio vital (compuesto por tres asientos) pero no fue así, seguramente ni llegó a descubrir en donde estaba el botón para mover el respaldo.

    Despegar en el aeropuerto de Eindhoven es una gozada. Cierran la puerta, encienden los motores, arrancan y despegan, casi sin que pase nada de tiempo. El piloto nos dijo que había un fuerte viento de morro y que por eso tardaríamos cuatro horas y cuarenta y cinco minutos, bastante más de lo que suele ser habitual. Una vez te obligan a apagar tu iPod y tu teléfono móvil estás en manos de esta gente así que te resignas y esperas. En esas hora aproveché para ver dos episodios de una de las series que sigo, escribir algo y escuchar un montón de Podcast que se apilaban en mi reproductor de mp3 desde que fui a Nueva York.

    Estábamos pasando sobre Lisboa cuando me metí en el baño para la descompresión. Solté todo ese aire que acumulo desde que despegamos y que pugna desesperadamente por emigrar y buscar nuevos mundos. Gracias a Dios los ruidos del avión camuflan los estampidos subsónicos que se producen allí dentro.

    Aterrizamos con casi tres cuartos de hora de retraso y mientras la gente se levantaba y se ponía histérica pensando que la isla se va a marchar y hay que salir cuanto antes, yo me dediqué a echarme una partidilla al juego al que estoy enganchado en el teléfono. Al salir, me acerqué a la cinta para recoger mi equipaje y tuve suerte ya que salió de las primeras. Mis padres ya estaban esperando y así, sin prisas y con alguna pausa puedo decir que ya estoy acá o quizás sea allá.

  • Marken desde el agua

    26 de junio de 2008
    Marken desde el agua

    Marken desde el agua, originally uploaded by sulaco_rm.

    Cuando el ferry entra en Marken, enseguida descubres las típicas casas de madera que han hecho famoso este lugar. Seguro que muchos no saben que fue una isla hasta el año 1991 y a partir de ese momento se convirtió en península ya que se construyó una carretera que conecta la isla a tierra. Resulta más bonito el llegar al lugar con el ferry desde Volendam pero si uno quiere puede ir en coche, aunque hay alguna limitación, como que es obligatorio aparcar en un sitio especial y que os sablearán dinero por aparcar y por cada ocupante del vehículo.

    Marken era una pequeña villa de pescadores que se han reconvertido hacia el negocio turístico y en donde las viejas tradiciones tratan de sobrevivir al rodillo del progreso.

    En Zaanse Schans o Volendam y Marken tienes mis sugerencias para organizar una visita a esos lugares. Si quieres encontrar abundante información sobre los Países Bajos y particularmente de Amsterdam y alrededores, te sugiero que comiences por la Guía para el turismo en Amsterdam y Holanda y en el Álbum de fotos de Volendam y Marken puedes ver todas las fotos.

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