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Día a día

Árboles de Navidad Grancanarios

Arboles de navidad subtropicalesEste año el ayuntamiento de las Palmas de Gran Canaria eligió un sistema de iluminación navideño muy peculiar. Literalmente vistió las palmeras de la ciudad con luces desde las hojas hasta la raíz. Lo hicieron en tres colores distintos: habían palmeras con luces azules, palmeras con luces blancas y palmeras con luces amarillas. En todos los casos el efecto fue espectacular.

Yo soy de natural hortera, así que me avergüenza reconocer que me han encantado. Ir conduciendo por la avenida marítima junto a esos árboles de navidad subtropicales en las noches navideñas me parece genial. Supongo que la gente que vive en las tierras frías prefiere los tradicionales con sus bolitas y demás, pero yo me quedo con estos. La foto está tomada frente al Gabinete Literario. Hice varias haciendo uso del flash y solo una a oscuras, que es la que más me ha gustado. Está debidamente distorsionada, con múltiples filtros para darle el aspecto que finalmente ha quedado.

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Desvaríos

Cómo se hizo “Las vírgenes de San Telmo”

¿Cuáles son los procesos que rigen una mente enfermiza y depravada como la mía? ¿Dónde están los límites entre lo divino y lo humano? ¿Existe salvación para mí?

Estas y un millón de preguntas similares son las que nos han llevado hasta donde estamos, las que nos han traído hasta aquí. Mirando alrededor me sorprende la simplicidad de la gente, su limpia mirada al mundo sin ver nada. Cruzan por este valle de lágrimas y apenas ven lo que se nos muestra, no ven las señales que por todos lados no avisan de los peligros, dándonos pistas, indicándonos el camino.

Hoy vamos a estudiar el proceso por el que un cerebro corrupto como el mío es capaz de generar algo tan deleznable como la historia Las vírgenes de San Telmo, la cual por tanto es de suponer que has leído. Mientras en los confines de este reino llamado bitacoría o blogosfera la gente se limita en muchas ocasiones a copiar y pegar de otros medios, traducir del inglés y regodearse interpretando las estadísticas o las palabras por las que los visitantes llegan a sus cubiertas, por aquí estamos enfrascados en el peligroso y oscuro juego de la exploración del reverso tenebroso. Miramos alrededor buscando con qué sorprendernos, material que nos permita crear, aunque el resultado sea infame.

Así que cuando estoy de madrugada en plena calle con el populacho festejando mi cumpleaños, rodeado de más de cien mil personas, cargando con la cámara por si aparece algo digno de fotografiar, resulta estremecedor que la única foto que tomé esa noche fuera la de las vírgenes. Nada más verlas supe que allí había una historia. Vi los pequeños detalles que las identifican y fui capaz de atraparlos en el documento gráfico.

virginadasFijaros en el detalle del collar de perlas. ¿Cuántas mentes existen capaces de procesar esa información y relacionarla de la forma en la que lo fue? Nada más verlo arrancó un proceso mental que comenzó a hilvanar los datos y a crear la historia. Tuve que convencer a un amigo para que hiciera de cobaya, tuve que esperar el momento oportuno para que el sujeto estuviera en la posición adecuada y nada ni nadie se cruzara en el camino de mi cámara y sabía que no podría repetir la foto sin despertar recelos de la susodicha. Todo esto sucedió en unos pocos segundos, sin explicar gran cosa a mi colega.

chiringuitoEl segundo detalle que me ayudó a desarrollar la trama fue el cartel que podéis ver en esta foto. Una trama religiosa, algo sencillo y a la vez escandaloso. Mi corrupto cerebro pensó en monjas depravadas, misas negras, altares profanados, pero al final los otros detalles nos encaminaron hacia otros derroteros.

perritoEsto tuvo gran parte de la culpa. Perritos calientes, en este entorno y con esta gente nos hacía suponer que se iba a tratar de algo sexual, algo con una carga prohibida.

aquihaytomateFinalmente la botella de Ketchup. El símbolo fálico es evidente. Toda una conjuración masónica. Era una foto perfecta y lo supe desde el principio. Ahí había tomate.

Ahora era cuestión de engarzar todos estos detalles y crear algo. El collar, el tomate, la idea de salchichas, el cartel identificando a la parroquia, la puretona enjoyada hasta las bragas para trabajar en un chiringuito. Lo mezclamos todo, lo agitamos un poco, lo pasamos por los filtros de lo absurdo y lo peripatético, eliminamos lo políticamente aceptable, desvariamos un poco más de lo habitual y finalmente pulimos esa pequeño homenaje al escarnio. Aunque la foto la vi desde el principio y los detalles que quería captar también, pensar el qué hacer con ella y crearlo me ha tomado unos días. Podría escribir cinco historias totalmente diferentes a partir de esa imagen, aunque no lo haré, porque de alguna manera, la que se abrió camino hasta la superficie fue la que ganó el concurso. Así fue como se hizo Las vírgenes de San Telmo.

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Día a día

Fruncimiento de ceños

Me tiene muy preocupado la marcha de la votación de esta semana. Salvo que suceda un milagro, la pregunta ¿Por qué fruncen el ceño los cantantes de reggaeton? va a resultar en un terrorífico empate. Os conmino a buscar otros equipos desde los que votar, o a vaciar la caché de vuestro navegador y borrar las galletas para que podáis volver a hacerlo. Esto no puede quedar así. En lugar de borrar las galletas, aprovechad y daros un empacho, que están buenísimas, sobre todo las del Príncipe de Barraguer ese.

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Desvaríos

Las vírgenes de San Telmo

Expropiación de la irresponsabilidad: Apreciado lector. La historia que sucede a este aviso puede herir tu insensibilidad y causarte graves prejuicios de índole religiosa. Si por un capricho de la vida eres de tendencias religiosas y de naturaleza facílmente ofendible, te ruego gratuitamente que te abstengas de continuar la lectura y te dediques a menesteres más onerosos como puede ser la búsqueda de ladillas en salva sean tus partes. Queda claramente desentendido que quien siga leyendo lo hace por su cuenta ajena.

Las vírgenes de San Telmo

La noche de mi cumpleaños se celebró a lo grande en Gran Canaria, como ya he contado. Toda la ciudad era una fiesta. Por alguna desconocida razón, siempre quedamos con la gente al comienzo de la calle de Triana, y siempre, por motivos aún más crípticos, terminamos yendo al concierto del grupo que toca en la plaza de San Telmo, concierto en el que o yo me estoy volviendo majara, o suenan todos los años las mismas canciones en el mismo orden y tocadas por el mismo grupo, del que tras todos estos años aún no conozco el nombre. Es algo sobre lo que no quiero pensar mucho porque la sola idea me aterra.

Mientras esperamos por los rezagados y nos ponemos al día de las últimas vicisitudes de la plebe, permanecemos en corrillo a un lado de dicho parque, junto a la Ermita de San Telmo, también conocida como Ermita de San Bernardo. Este año, notamos que a su lado habían crecido dos chiringuitos. Dada nuestra afinidad por el alcohol y nuestra drogodependencia de los compuestos etílicos, enviamos en son de paz a uno de los miembros de nuestro grupo para que nos avituallara.

Al poco, tras sortear mil y un peligros, volvió para darnos la mala noticia: “En el primer chiringuito ya no les queda cerveza”. Nuestros murmullos desoladores desconcertaron a los cantantes de la desconocida banda, que seguían siendo ignorados por la plebe. Elegimos otro emisario y lo mandamos al segundo de los chiringuitos, aunque al volver nos confirmó la mala noticia. Yo, que soy de naturaleza incrédula, decidí tomar cartas en el asunto y me acerqué a uno de ellos. Inmediatamente lo vi claro, aunque no así mis conocidos. Allí no se vendía alcohol.

No hay más que ver la foto para darse cuenta. Mis amigos seguían sustentando la errónea teoría de el agotamiento de las reservas alcoholíferas, pero eso no fue así. Allí nunca hubo alcohol. Era un chiringuito de vírgenes y las vírgenes nunca, nunca, nunca, venden productos que puedan perturbar su estado de máxima purificación.

En el mismo instante en que las vi, las reconocí y tuve que emplear sucias artimañas para conseguir la foto que adorna esta historia. Uno de mis amigos se colocó como señuelo para hacer como que le hacía una foto y al descuidarse la virgen mayor, cambié mi objetivo y le hice una foto. Para proteger su santidad he optado por cubrirle la cara, porque la pobre ya tiene bastante con permanecer en su primera entereza y no haber servido aún para aquello a lo que estaba destinada. Esta foto, primicia informativa de deleznable magnitud, muestra los aspectos más característicos de una buena virgen de San Telmo. Estas mujeres permanecen impolutas y dedican su cuerpo y su alma a la satisfacción personal del cura de la iglesia en la que rondan. Son las beatas del párroco, el corrillo de gallinas cluecas que mantienen al macho de las cañadas que es el parroco en condiciones óptimas para el servicio.

Una beata que se precie, no prueba el alcohol, salvo que sea en misa. El individuo objeto de nuestro estudio muestra además el distintivo por el que se las puede reconocer fácilmente a partir de cierta edad. Supongo que aún no lo habéis notado y os disculpo por vuestra falta de clarividencia, pero el collar es el símbolo que las delata. Vamos a ver, ¿quién se mete en un chiringuito a servir copas con un collar de perlas auténticas? Está claro, amigos míos, que sólo puede ser una beata, una mujer que juró no separarse nunca de la prueba que confirma su beatitud.

Ese collar, objeto de coleccionista altamente codiciado, está realizado con un producto muy especial. Cuando la beata alcanza la madurez, se produce un cambio substancioso en su organismo monocotiledóneo que no es perceptible a simple vista. A raíz de esa permutación, se obrará un pequeño milagro cada cuatro semanas. Debido al incremento de las temperaturas por la falta de uso y al contacto excesivo con ambientes cargados de substancias religiosas, cada una de sus ovulaciones dará como fruto una perla, y estas irán aumentando de tamaño conforme la beata se haga mayor. Las últimas perlas serán por tanto las mayores. Esas perlas, infinitamente especiales, han de ser portadas las veinticuatro horas del día para gritar ante los hombres lo evidente: que su monte no ha sido arado, que ha sido consagrado a una divinidad y no producirá otros frutos. Resulta increíble el descubrir como un organismo que conserva integro el repliegue membranoso que protege su orificio externo puede fabricar algo tan hermoso con una cadencia y con una precisión tan asombrosa. Cientos de templarios murieron por defender este secreto que hoy os cuento.

Os preguntaréis como puedo saber esto, pero para explicaroslo, tendría que contar la historia del día en que me expulsaron de una iglesia por quinta y última vez en mi vida y me fue prohibida la entrada al cielo y eso, eso es otra historia.