Arranca una nueva serie y en esta ocasión nos vamos a la ciudad de Liverpool, la patria de algunos de los músicos más famosos del siglo XX (equis-equis). Enfrente de la estación de tren tenemos el St. George’s Hall, un espectacular edificio de estilo neoclásico que es probable que aparezca en alguna otra foto desde algún otro ángulo. El edificio es gigantesco y en su interior hay un teatro, salas de reuniones y los juzgados de la ciudad. La foto creo que es una panorámica hecha con al menos cuatro fotos.
El sábado tenía programado algo desde hace meses, que algunas cosas sí que hay que fijarlas con muchísimo tiempo. Creo que fue justo después de regresar de las Maldivas cuando apalabré con la hembra de uno de mis amigos ir juntos a un concierto en una iglesia en Ámsterdam, concretamente en la Westerkerk, que es la iglesia que está a menos de cincuenta metros de la keli de Ana Frank, la pava esa famosa porque su padre cobra por visitar la keli en la que vivieron y la gente hace unas colas que no veas para ver un piso mayormente vacío. La iglesia, que está al lado, ya no creo que tenga muchas misas y suelen hacer eventos culturales, como ese al que acudimos nosotros. Lo combiné con un día de cine en la capital y coincidió que por la tarde podía llover y llovió, aunque no mucho. El concierto comenzaba a las siete y cuarto y abrían las puertas a las seis y media y a esa hora fue cuando yo llegué y mi acompañante, aunque por las leyes del Murphy ese, nos pusimos cada uno en una cola diferente y nos encontramos en la iglesia. El concierto era de la London Film Music Orchestra y tocaban música de los dos maestros John Williams y Hans Zimmer, que bueno, si no sabes quienes son te mereces primera línea en el infierno de los terroristas musulmanes-de-mielda y acompañado de podemitas, truscolanes y suciolistos. Nos sentamos en uno de los laterales cerca del escenario, que para cuando compramos las entradas, un mes y medio antes, ya no quedaban entradas para el centro de la iglesia aunque dedujimos que el sonido sería igualmente fastuoso por cómo fueron diseñadas las iglesias hace siglos.
Para aquellos incultos, yo de música clásica sé muy poco o mejor, nada, pero cuando se trata de bandas sonoras de películas que me han gustado, soy el puto amo y puedo confirmar y confirmo que reconocí todas, repito, todas las canciones que pusieron durante los ochenta minutos de concierto, que esto va super-hiper-mega rápido y como hacen una selección de lo mejor de lo mejor de lo mejorcísimo de, vamos pasando de peli en peli y tiro porque no me toca. En algún momento, como cuando comenzó la fanfarria de la Guerra de las Galaxias, prácticamente me eché a llorar, como en el cine y bueno, con la música de los Piratas del Caribe, también me emocioné hasta las lágrimas, que esa es una de mis canciones favoritas de Hans Zimmer.
Como estos conciertos son muy informales, hice algún pequeño vídeo en el que se puede oír la música y si no eres ignorante o ignorantón, reconoces la película y si lo eres, pues no la reconoces y la infamia y la vergüenza te acompañarán para siempre. Es más que probable, posible y casi seguro que en el GooglEvil bloqueen el vídeo, seguramente en unas horas o quizás antes, así que yo recomendaría, sugeriría y aconsejaría de verlo pero que ya y si cuando llegues aquí ya no aparece por debajo de estas líneas, pues a mamársela y a espabilar para la próxima, que hay que ser más rápidos.
Salí alucinando de la Iglesia y después de una búsqueda en las internetes, he encontrado dos conciertos en Utrecht, uno de ellos en octubre con música de John Williams y Beethoven, que vienen a ser prácticamente hermanos de distinto siglo y voy a ir a ese pero que seguro y hay otro con un cuarteto en una iglesia que casi que también iré a escucharlo, que esto de la música de cine en conciertos es muy adictivo.
Esta semana tuvo uno de los hitos más traumáticos que todos esperamos sin ansia en el mejor blog sin premios en castellano, nada menos que El cine de enero a junio del 2023, un mega-resumen con más de cien pelis. Seguimos con vídeos de aviones y esta semana le tocó el turno a El salto desde Ámsterdam y Aterrizando en Zurich de nuevo. Finalmente, llegaron los avistamientos de este año en la anotación Tres más dos.
Llegamos al final de la serie sobre Cork y en el tramo final vimos Césped y el castillo de Bunratty y regresamos a Cork para ver La abadía roja y cerramos la serie con La iglesia sur de San Finbar. Con el final de la serie llegó el Álbum de fotos de Cork y alrededores. Es casi seguro que desde aquí saltemos a Liverpool, pero vamos, que desde que escribí esto hasta que elija las fotos puede pasar de todo, que hasta uno que todos sabemos que no veía americanadas, ahora ha puesto un pequeño altar en su casa a San Tom Cruise y lo tiene engalanadísimo como si fuera la misma Virgen del Carmen.
Fui a ver cinco películas al Cine, aunque dos de ellas fueron repeticiones, una de ellas de una de las pelis nuevas, así que la comentaré más tarde y la otra fue Sin malos rollos – No Hard Feelings, con la que me volví a reír. Por aquí comenté tres, que estamos en plena sequía de estrenos de verano, comenzando con la comedia Joy Ride, seguimos con Misión imposible: Sentencia mortal, parte 1 – Mission: Impossible – Dead Reckoning Part One, que he visto dos veces durante la semana y acabamos Elemental. Ahora mismito tengo una peli en la reserva y creo que esta semana veré tres, así que solo algún Dios sabe como sobreviviremos a las semanas de verano.
El estudio Pixar, hasta que llegó la pandemia podemita, truscolana y suciolista, tenía una reputación impecable, pero después de que la Disney estrenara varias de sus pelis directamente en digital y tal y tal, han perdido mucho prestigio y bueno, después llegó la cultura del buenismo y todo eso y tenemos que van de capa caída, sus películas son demasiado ñoñas. La última que por fin se estrena en cines es Elemental y en España también le han mantenido el título, aunque perfectamente se podría haber llamado truscoluña no es nación.
Unos julays se encoñan pero está muy jodido y mal pagado lo del chimpún.
Tenemos que hay una ciudad en la que sus ciudadanos pertenecen a cuatro razas, agua, tierra, aire o fuego, siendo estos últimos los que llegaron más recientemente y los del agua los primeros, así que la ciudad se hizo más bien al estilo del agua. Al parecer no hay parejas mezcladas o algo así aunque la cosa comienza a cambiar cuando un panoli del agua conoce y se enamora de una hembra del grupo de fuego, que se la podría poner morcillona, pero al ser de agua, más bien se la calienta a temperatura de hervir o algo así. La relación es muy bien aceptada por la familia de él, que son buenistas totales, pero en la de ella, que los del fuego son más bien terroristas-musulmanes-de-mielda, sin mochilas, pero igualmente terroristas, no acaba de cuajar tan bien, pero siendo una peli de la Disney, todos sabemos que hay final feliz.
La película está muy bien hecha, es impecable, técnicamente, pero la historia es más bien flojilla, es básicamente Romeo y Julieta pero en plan agitanao y sin que se tengan que matar y eso, aunque sí que alguno se queda cerca de morir. La metáfora de las diferentes razas humanas con los elementos no termina de funcionar porque un blanco, un negro, un amarillo o de cualquier otro color, puede chingar con quien quiera sin problemas físicos de ningún tipo. Al final, rebuscaron tanto para ser originales que acabaron con una historia que no acaba de cuajar. Es entretenida y está bien hecha, pero yo habría preferido otra historia, no la de como esos dos se encoñaron mutuamente.
Si eres un miembro del Clan de los Orcos, esto no es lo tuyo, demasiado sofisticada para tu única neurona. Si eres un sub-intelectual con GafaPasta, como que tampoco te termino de ver viéndola.
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