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  • Bienvenido a bordo, juego y crucero

    22 de noviembre de 2022

    Esto comenzó en Bienvenido a bordo, el comienzo

    Nos habíamos quedado en el almuerzo y merece la pena indicar el terror y el pavor tan absoluto que sintieron los españoles y los italianos cuando vieron lo que aquí se llama almuerzo. Se sentían insultados porque ni la palabra pranzo ni almuerzo se merecen ese vapuleo, con cuatro cosillas que no eran ni una merienda. Ya les avisé que si eso les asustaba, que se agarraran bien los machos para la cena.

    La primera de las dos actividades de la tarde era un juego/competición en equipo. Cogías un papelito de una bolsa y te unías al grupo que te tocaba, aunque la suerte parece que arrejuntó a todos los frikis alemanes en el mismo grupo. El juego consistía en abrir un baúl con un candado con una combinación numérica en base a una pista que nos daban y una vez abierto, abrir las cuatro cajas que había dentro también cerradas con candado. Yo puedo confirmar y confirmo que en este tipo de experiencias, soy patético, lo de captar las pistas no es lo mío, que es más bien la manipulación y la creación de redes humanas a gran escala y altamente eficientes. No sé como, pero uno de los de nuestro grupo resolvió el acertijo del primer baúl y cuando vi los otros cuatro maletines en el interior, con números, pensé que ni de coña, pero que ni de coña, resolveríamos eso y menos aún, en los cien minutos que nos habían dado. El primer maletín interior era con unas fórmulas matemáticas o así y un cerebrito en nuestro grupo, como que entendía aquella coña y lo abrimos. En el segundo comenzaron los problemas. Teníamos pistas para el color rojo, pero el acertijo y las fórmulas hablaban del color verde y azul. Allí los sub-intelectuales debatían y debatían hasta que me calentaron, cogí la puta tarjeta y me fui a visitar a los otros grupos. En cada uno de ellos descubrí que estaban igual de trabados que nosotros, tenían un tercio de la información que necesitaban. Encontré a uno que tenía uno de los colores que nos hacían falta y nosotros teníamos uno que necesitaban ellos. Le iba a hacer fotos a su tarjeta cuando lo pensé mejor y negocié: mira julay, yo te digo el número del color rojo y tú me dices el número de tu tarjeta. Después seguí rastreando el color que me faltaba pero cuando lo encontré, no tenían nada en común con nosotros, así que envié a una de las pavas de mi equipo para que se camelara a los machos y consiguiera el número, haciendo uso, si era necesario, de los güevos fritos, que no hay macho que se resista a un pezón grande. Abrimos la segunda caja y al tener la tercera en nuestras manos, ya quedaba claro que esto no es un juego de competitividad, es un juego de trabajo en equipo, porque teníamos una pista para una calculadora, pero en nuestra caja había una especie de cilindro de encriptación. Volví a salir de aventura y usé una ligera manipulación para conseguir que los que aún estaban trabados, recibieran los resultados que necesitaban y ya con todo el mundo en el mismo nivel, comencé a buscar la calculadora y el grupo que necesitaba nuestro cilindro para dárselo. Poco a poco, en los demás grupos se iban dando cuenta que nosotros no éramos el enemigo a batir, que nadie iba a ganar, o lo conseguíamos todos juntos, o fracasábamos.

    Ya con la calculadora, ni yo, ni las hembras, ni los machos del equipo teníamos idea de como conseguir el número de cuatro dígitos usando la calculadora. En eso que estoy yo paseando entre grupos y enseñándole la calculadora y la tarjeta con las pistas a todo quisqui y un pavo neerlandés lo mira y me dice que eso está chupao y se pone y me lo resuelve, el puto número era el 32. Yo no entendí nada y flipié en colores, pero lo importante es que conseguí el número y me dediqué a ayudar al grupo de los frikis alemanes, que al ser cejijuntos no pueden comunicarse bien con otros seres humanos, esos son más de hablar con ordenadores. Todos abrimos nuestros maletines y nos quedaba el último, que de nuevo, resolvimos juntos y en el interior del último, habían letras y claves para resolver la frase que teníamos que componer, todos juntos, que hasta ese momento todavía había algún pollardón o pollardona que no me creía cuando les gritaba que teníamos que trabajar en equipo, que yo cuando te me pones burro, te grito porque está muy mal visto dar cogotazos y bofetones, que es lo que me pide la mano. En práctiamente nada montamos la frase, en la que algunas letras tenían números que supuestamente, abrían una combinación en un ordenador que había allí, pero ciertas letras podían estar en diferentes posiciones, lo cual variaba el número y probamos unas cuántas hasta que dimos con la correcta y acabamos el juego con treinta y pico minutos de margen, que en esa pantalla había una cuenta pa’trás. Fue un exitazo y nos echaron el rollo de trabajar en equipo y eso.

    Cogí al pavo que resolvió lo de la calculadora y le dije que me lo explicara a mí y a mis compañeros de nuevo y nos lo explicó y yo seguía sin entender nada, así que me lo explicó por tercera vez y como que confirmé que había captado el concepto, pero básicamente mentí. Tras una pausa de cafelito, tuvimos otra presentación de una hora para hablar de movidas medioambientales y la empresa y tras eso, la cena y actividad sorpresa, aunque afuera llovía a raudales. Nos metieron en una guagua y nos mamamos un atasco que no veas para ir a la ciudad de Ámsterdam, ya que la actividad sorpresa era un crucero con cena en plan bufete de dos horas por los canales de la ciudad. Cuarenta personas metidas en aquel barquillo era un poco claustrofóbico y con la lluvia, es que no se veía nada y el chófer ni se molestaba en indicar los lugares turísticos. Supuestamente esta era una actividad para seguir reforzando las coñas de equipo, pero no creo que haya funcionado muy bien. Quizás en verano, con buen tiempo, pero no en un día terrible. En un punto determinado íbamos a pasar por delante de la keli de Ana Frank, esa en la que te cobran para visitar un piso sin muebles y que no puedes alquilar y fui yo el que avisó a la basca, igual que cuando pasamos por debajo de algunos de los mejores puentes de la ciudad. Como llegamos tarde, acabamos tarde y de vuelta a la guagua, nos llevaron al hotel y acordamos vernos en el bar para tomar algo. Terminamos con un grupo enorme y el bar cerró y nosotros, o algunos de nosotros, seguimos allí hasta la una y media de la mañana. Ese fue el momento en el que se crearon amistades, romances, odios profundos y todo lo demás. A las siete ya estaba desayunando porque el segundo día comenzaba temprano, pero eso lo dejo para otro día que esto ya se ha alargado mucho, así que nos quedamos aquí.

    El relato continúa en Bienvenido a bordo, el paseíllo por el sur

  • El templo Wat Suthat Thepwararam Ratchaworahawihan

    22 de noviembre de 2022

    Después de dorar la píldora con tantas fotos, por fin vemos el templo Wat Suthat Thepwararam Ratchaworahawihan, con ese tremendo pedazo de nombre que hay que pronunciar después de hacer unos ejercicios respiratorios porque si no te asfixias. Casualmente y fuera de plano, el templo está como en un patio interior y el azulejeado que ya hemos visto es lo que está a la altura de esas plantas verdes, solo que aquí no lo vemos. Como en Tailandia, cuando llueve, más bien diluvia, el lugar en temporada de monzón tiene que ser una charca o un lago interior. En ese edificio hay un Buda sentado en la posición podemita-truscolana de mendigar acompañado por una basca que no veas.

  • Bienvenido a bordo, el comienzo

    21 de noviembre de 2022

    Uno de los secretos peor y mejor guardados del mes pasado y el actual ha sido el que comenzaré a contar hoy y quién sabe si acabaré aquí o esto se estirará como un chicle bazooka. Todos somos de alguna manera consciente que hace dos meses y dos días comencé a laburar, con una nueva chamba. Ya han habido anotaciones al respecto. Entre la información que me suministraron los de Recursos Humanos, figuraba un evento, una especie de curso, de tres días, para dar la bienvenida a la empresa, aprender cosillas de su historia y mezclarte con otros empleados. Esos cursos se hacen en la sede europea de la empresa, que casualmente es la neerlandesa, en la oficina a la que yo debería ir por propio derecho aunque elijo la fábrica y la otra sede por conveniencia. Inicialmente me habían dicho que seguramente haría el curso el año que viene, pero parece que alguien canceló y un viernes me llegó un mensaje de una pava informándome que podía decir de-que-sín y unirme al evento de la bienvenida de la semana pasada. Mi jefe ya me había dado autorización, así que me apunté, después de tantear a todo quisque sobre el susodicho, recibiendo información ambigua, ya que unos, los que llevan aquí toda la vida, nunca lo hicieron y los otros, los que entraron en la gran expansión de la empresa tras la pandemia podemita y truscolana, lo hicieron en plan videoconferencia y decían que era un masque del copón. Por eso, decidí, pasar solo la primera noche en el hotel que suministran porque el primer día se acababa bastante tarde. Ese fue mi único error. Sabiendo lo que no sé ahora, debería haberme quedado los dos días.

    Como yo vivo en los Países Bajos, para mi acudir era cuestión de transporte público solo que justo la semana pasada (y esta semana), han cortado el tráfico de trenes por las vías que van por el sur de Ámsterdam camino al aeropuerto y aquello fue un caos absoluto, así que salí de mi keli con un montón de tiempo para llegar allí antes de las diez de la mañana. Según el programa de la empresa ferroviaria, podía pillar un tren a la estación del estadio del Ajax y desde allí seguir en guagua, pero en la realidad, ese tren no existía y por eso, me metí en el único tren que iba hacia Ámsterdam y que estaba lleno como cualquier Bangalore exprés, con gente por todos lados, aunque yo conseguí sentarme. El tren iba tan lleno que cuando salió de la estación iba despacito y como que no aceleraba y el chófer finalmente dijo por megafonía que había tanto mórbido allí dentro que habíamos superado la capacidad de carga del tren y no podía acelerar más, con lo que el trayecto de media hora a la capital de los Países Bajos se convirtió en un trayecto de cuarenta y cinco minutos y cada vez que cruzábamos un puente se oía como crujía por el sobre-esfuerzo. Al llegar tan tarde a la estación, perdí todas mis conexiones al aeropuerto y como este tren seguía hacia una estación llamada Amsterdam Sloterdijk, decidí seguir hasta allí con la esperanza de llegar antes que los que perdí y que paran en una estación en el camino. Decir que la estación a la que me dirigía, en su día, era la zona cero de crímenes en la ciudad, por allí todo el mundo se movía con sus pistolas, granadas y rifles. Esa estación tiene forma de letra T, o más bien de símbolo +, con lo que al salir de mi tren subí a las vías del cruce pensando que por allí llegaría el otro en un minuto, pero como que no me cuadraban los números de andén y descubrí que hay otra parada a doscientos metros de distancia saliendo de la estación y caminando, algo imposible de hacer en el tiempo que me quedaba, así que tuve que esperar diez minutos a que llegara otro tren que sí que iba por allí al aeropuerto. Una vez en el aeropuerto, en el mismo andén, pillé un tercer tren para ir a Hoofddorp, mi estación de destino, en un viaje de cinco minutos. Después caminé los seis minutos desde la estación a la empresa y asombrosamente, fui el primero en llegar, sobre todo porque todos los demás ya habían ido al hotel y venían desde allí en una guagua, con lo que aparecieron todos juntos.

    Nos dieron una bolsa con regalos y entramos al auditorio de la compañía para las dos primeras presentaciones, hablándonos de la historia de la empresa y allí nos enteramos, por ejemplo, que nuestra empresa inventó el primer semáforo automático, que por eso Virtuditas y su intimísimo me tienen tanta tirria, porque ellos son culocochistas profesionales y eso les duele. También inventaron el primer cajero automático y hasta el primer sistema de entrada al metro con billetes, las máquinas esas que te abren la puerta cuando metes el billete. Podríamos mencionar también el primer sistema automático para medir la presión de un julay, aunque para eso, Genín y Virtuditas, que con la edad que tienen ya son expertos en esas máquinas, nos podrían dar dos cursos. Hablaron de las cuatro empresas que forman la compañía, de la parte social de la misma y bla bla bla. Después de esto teníamo el primer ejercicio, consistía en preparar durante quince minutos un discurso de un minuto que le das a un pavo que te encuentras mientras usas un ascensor para convencerlo y que compre productos nuestros. Nos dividieron en seis grupos y yo estaba con todos los que vinieron de España, que eran cinco. Uno de ellos trabaja en marketing y ese maceró el concepto en plan vender aire y que tú disfrutes pagando, como hacen con los telefoninos esos que tanto le molan a Virtuditas y que ni se pueden programar para apagarse solos de lo malos que son. Los españoles, cuando se trata de hablar inglés, no es su lengua, así que cuando nos acosaban para que eligiéramos a uno que expusiera nuestra venta, yo me levanté, agarré el papelón con las ideas, me fui a la parte delantera del salón y esperé a que pusieran la cámara para grabarme. También me avisaron que habría cuenta atrás en los últimos cinco segundos y que esto no es como los discursos de los Oscars, que te cortan cuando llegas al minuto. Obviamente, clavé la coña, que eso de hablar y hablar sin decir nada, eso lo domino yo perfectamente. Yo tenía claro que de los cinco grupos restantes, le ganaba fácilmente a cuatro pero el que faltaba era el que me podía hundir, el grupo de las chochas, que como votábamos entre nosotros, todos sabemos que los machos votan en base al coño o al olor del susodicho, así que si en ese grupo elegían a una de sus chochas, yo no podía ganar, pero resultó que las guapas eran tímidas y la que expuso era protagonista en la serie del planeta de los Orcos y además con inglés fatal, con lo que cuando finalmente llegó la hora de la votación, A-RRA-SÉ.

    Después de eso vino el almuerzo y como veo que ya me estoy enrollando, dejamos la segunda parte del día para otra anotación.

    Esto continúa en Bienvenido a bordo, juego y crucero

  • La semana pasada en Distorsiones

    21 de noviembre de 2022

    Comenzó la semana pasada explicando que Mi energía no es tu energía, que a mí prácticamente me pagan por usar el gas y la electricidad. Sigo explorando mis viajes hacia el sur en De ríos y provincias que paso y Pasé la última frontera cinematográfica.

    Las carrozas de Buda
    El caballo en la entrada azulejeada del Wat Suthat Thepwararam Ratchaworahawihan
    El Buda de bronce del Wat Suthat Thepwararam Ratchaworahawihan
    El carrozón de Buda

    En Bangkok comenzamos la semana con Las carrozas de Buda y después nos centramos en El carrozón de Buda y bueno, lo flipamos con El Buda de bronce del Wat Suthat Thepwararam Ratchaworahawihan y El caballo en la entrada azulejeada del Wat Suthat Thepwararam Ratchaworahawihan

    Tenemos una nueva bicicleta, una Popal fusion que ya he añadido al Álbum de fotos de bicicletas.

    Barbarian
    Casa Coco
    Black Panther: Wakanda Forever

    Fui a ver cuatro películas al Cine y por aquí comenté tres, comenzando con la sosa Barbarian, siguiendo con la patética Casa Coco y acabando con el vómito deleznable de Black Panther: Wakanda Forever.

    La poca comida que salió de la cocina de mi keli fue:

    tarta de manzana
    garbanzada canaria
    Castañas asadas
    Magdalenas de arándanos azules
    Pan de huevo canario
    Poffertjes
    Pimientos dulces rellenos de carne
    Chili con calabaza y carne
    Churros
    Pannenkoeken
    Yogurt griego
    Mantecados de Gran Canaria

    Y así transcurrió la semana.

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