Lisboa está petado de bicicletas de alquiler, patinetes y cualquier cosa que se le parezca. Parece que la guerra entre todas esas compañías que contaminan las ciudades y se jactan de ecológicas está teniendo uno de sus campos de batalla en la capital Portuguesa y lo normal es encontrarte bicicletas por todos lados. Esta de hoy es una bici eléctrica, una hive, aunque en mi incultura, yo pensaba que el nombre es wive y flipaba pensando que cuando se entere el supremo líder podemita, la peluda esa tan íntima de criminales venezonalos e iraníes, se iba a llevar un disgusto con una bicicleta que usa la palabra ESPOSA, aunque sea en una lengua bárbara, ya que todos sabemos que ahora hay conceptos que están totalmente prohibidos y aunque firmes un contrato, a la hembra la llamas hembra, pelleja, guarrilla, penca, pendón, chama, pava o como se te ocurra, pero nunca, nunca, nunca la llamarás esposa porque tiene tintees machistas o algo así, que a mí la facilidad de esa gente para agarrar el dinero de criminales en otros países y después montar pitotes en España que no vienen a cuento nunca deja de asombrarme. Volviendo a la bici, es eléctrica, simple, creo que no tenía muchas velocidades, la batería es la cosa esa negra por debajo del asiento y supongo que tiene algún tipo de sistema para enviar su ubicación y ellos saber a donde ir a buscarla para recargarla. Te cobran por minuto y parece baratísimo pero si la usas durante una hora al completo, casi mejor que vas en taxi porque como siempre, lo barato acaba siendo caro.
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El puente de los Zapateros
Otro de los puentes sobre el río Ljubljanica, este es el de los Zapateros con lo que nos queda claro qué gremio estaba en uno de sus extremos. Esta es la parte medieval de la ciudad. El puente está lleno de pilares y es uno de los más viejos en el río, ya que su primera iteración fue en el siglo XIII (equis-palito-palito-palito). En un momento de su historia, era de madera y las carnicerías estaban sobre el mismo, pero parece que el rey se hartó del pestazo de la carne y puso a los carniceros en otro lado y la zona pasó a ser la de los zapateros. La versión actual es de 1931.
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Mi lanzador
Antes de la gran traición de flickr que me dejó sin un lugar para almacenar las fotos a menos que pague un impuesto terrorista, solía añadir anotaciones chorras en el mejor blog sin premios en castellano relativas a cualquier bobería que rodea mi vida. Una de las cosas que mirábamos de cuando en cuando era la pantalla de mi teléfono y como un ser obviamente inferior como yo va cambiando y dando bandazos de un paradigma a otro más que nada, PORQUE PUEDO, ya que los ricachones que tienen el ifone no pueden modificar mucho y les es imposible cambiar el programa que controla esa parte de la interfaz gráfica. Mi lanzador (en inglés launcher) favorito es el Microsoft Launcher, que anteriormente tenía otro nombre y suelo alternarlo con el que viene por defecto en el teléfono, que en mi caso es el del pocophone. Me gusta porque me permite simplificar la pantalla principal y rodearme solo de aquello que realmente uso con frecuencia, ya que el resto está a unos clics de distancia y si no lo necesito, no lo quiero ver.
Lo que más me gusta, con diferencia, es que al igual que sucede en mi ordenador de casa, puedo elegir que cada día me cambien la imagen del fondo y la de hoy ha sido espectacular y tal y tal. En mi pantalla principal está prácticamente todo lo que de alguna manera necesito. En la barra inferior y de izquierda a derecha tenemos el programa para escuchar Audiolibros, el de los Podcasts, el outlook para el correo, el firefox para navegar, el güazá para criticar y llamar y la cámara. Esta línea puede tener más o menos programas e incluso una segunda línea (que era mi opción favorita hace un año). Por encima de ellos, lo más importante es el widget (pronúnciese truscoluña no es nación) con el reloj espectacular. Además, si lo pulso, me lleva directo a la configuración de alarmas y relojes, de puro lujo. En la parte superior tenemos el programa para los trenes holandeses, el duolingo, el programa para reservar entradas en el cine y el fotos. En la columna izquierda, el calendario, el programa para controlar y ver la información de la Mi Band 3 (o será cuatro, ya ni sé), el programa para las notas y mis listas (que tengo varias, como la de la compra o la de la comida que me jinco a la semana), el programa de mi banco, el RABO y los mapas. Por la parte de la derecha el contenido es más mundano y todo comienza con el istagrame, para criticar a mis amigos buceadores y después hay un trío de programas todos con el mismo objetivo y todos usando los mismos datos, pero es que se obtienen resultados distintos según el día y la hora y uno nunca puede estar seguro de nada. Son el Buienalarm, el Weeronline y Buienradar y los tres, usando tu ubicación por GPS, dan información sobre las nubes y la lluvia de las próximas dos, tres o veinticuatro horas, usando mapas de nubes creados por el instituto de meteorología holandés con radares. Bajo los susodichos, la tienda para buscar e instalar más programas, que realmente la podría esconder, pero como no molesta y tengo espacio, la dejo ahí. Me sobra hueco para cuatro programas más que según si viajo o si hago algo específico, ubico ahí lo que necesito y cuando ya no me es necesario, lo vuelvo a quitar. Por supuesto se puede cambiar la cantidad de filas y columnas pero yo con esta configuración voy sobradísimo. En mi contraportada tengo esto:
Aquí podría quitarlo prácticamente todo y buscarlo directamente pero como no me molesta y vengo a esta zona muy poco, la dejo estar. En la parte superior hay dos que no uso prácticamente nunca, la parte del teléfono que supuestamente es un teléfono, la de llamar y mandar mensajes, como hacía la gente antes del Güazá. Al lado está el portal de Google, que uso para añadir recordatorios y ver información de los vuelos y el Pocket, que si no lo usas ni lo conoces, me das lástima. En la segunda línea hay dos carpetas con un batiburrillo de programas. La de la izquierda son cosas que uso de cuando en cuando, como los contactos o el traductor y la de la derecha está especializada en medios de transporte y guías de viaje y eso me recuerda que como no tengo ningún billete de cierta compañía que cerró su base de Gran Canaria, la debería borrar. Rodeando las carpetas está el programa del Burger K, que es de fábula para los cuponcitos de descuento cuando paso por allí, como mucho una vez al mes y por la derecha está el Stocard, en donde guardo copias digitales y tales y tales de las tarjetas de puntos y lealtad y deslealtad, como la del Dekatlon, Iquea, las de las líneas aéreas y similares. La tercera y última fila tiene el Subsurface, que uso para sacar la información de mi ordenador de buceo con las inmersiones y guardarla ahí y decir que este programa gratuito tiene entre sus creadores al famoso Linus que inventó o copió o desarrolló o lo que quiera que hiciera con ese sistema operativo de nombre tan similar al suyo. Tras esa tenemos el uwedit para quitar el azul a los vídeos de buceo y que descubrí hace menos de un mes y me tiene enamorado y el programa para sacar los vídeos de mi cámara submarina y meterlos en el telefonino. A la derecha, el clásico Snapseed para editar fotos, añadirles la mosca del blog y exportarlas en el tamaño adecuado.
Y con eso se acaba todo. ¿tengo más programas instalados en el telefonino? PoZí, pero no hay que ponerlos al sol, como en el iFone que terminas con páginas y páginas y páginas de programas, algo que sufro en el iPá. Por descontado, hay gestos mágicos que se pueden hacer sobre la pantalla, como para buscar cosas, o para abrir el cajón en el que están todos los programas o para hacer otras cosillas.
Resumiendo, que la mayoría se queda con el lanzador (launcher) que trae su teléfono por defecto y ni siquiera saben que hay un montón de alternativas y alguna de ellas encajará mejor con ellos. En mi caso, la simplicidad cuenta y me gusta tener lo justo y poco más.
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La semana pasada en Distorsiones
Antes que nada, hay que ver La quiniela de los Oscars que hice y flipar con la cantidad que acerté este año. En una semana pasamos por tantos cambios bruscos del tiempo que nos estamos volviendo loco, como comenté en ¡Esto que es!, ¿Sevilla? y hoy mismo tenemos una tormenta de viento que según el país tiene un nombre y aquí se le conoce por Clara. Mi vecino ha hecho una pequeña modificación al acceso del cuarto de las bicicletas con La rampa que me facilita la vida muy-mucho. También está claro que vimos en tiempos de Paranoia y yo voy a denunciar y solicitar el exterminio de cualquiera que estornude a menos de tres kilómetros de mi. Sigo con una de mis neuras favoritas en Aquella ruta. Y por último decir que en realidad, todo lo que escribí durante la semana fue para pre-celebrar los Mil novecientos días de constancia en el Duolingo.
En Liubliana, vimos la Galería nacional de Eslovenia y seguimos con El río Ljubljanica a su paso por el centro de Liubliana y en el mismo barrio vimos El puente de los dragones sobre el río Ljubljanica y nos quedamos con El puente de los carniceros.
Fui a ver cuatro películas al Cine y por aquí comenté tres, aunque también hice La quiniela de los Oscars y este año la he bordado.. De las que comenté, comenzamos con la divertida y original Guns Akimbo, siguió la fantástica Mujercitas – Little Women y la última fue la mierda de Gretel & Hansel: Un oscuro cuento de hadas – Gretel & Hansel.
Hay mucha comida nueva y conocida en el repaso de lo que cociné durante la semana:
Y así transcurrió la semana.


























