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  • Visitando al Turco

    5 de octubre de 2020

    Ayer me aventuré en la capital de papel del reino, Amsterdam, ya que donde se cuece todo y donde está el poder de los Países Bajos es en la Haya, ciudad que pese a serlo de hecho, no se considera la capital y se deja ese honor para Amsterlandia, pero un honor vacío, sin nada de nada, salvo por el antiguo palacio Real en el que de cuando en cuando hacen banquetes a julays supuestamente importantes que visitan estas tierras tan por debajo del mar. La razón era visitar a mi amigo el Turco, que había llegado la tarde anterior de dos semanas en Turquía y debe hacer cuarentena, con lo que teóricamente no puede salir de su casa, aunque después, como no te controlan en el aeropuerto, esto depende totalmente de ti. En días soleados y bonitos, él se viene a mi casa, salimos con las bicicletas (que yo guardo la suya en mi chabola de las bicis) y después hacemos una barbacoa, pero como ayer sabíamos que el tiempo sería una mielda pinchada en un palo, le dije que yo me pasaba por allí. Mirando la cantidad considerable de opciones que tengo para abrigarme, elegí una parka para no llevar la mochila, puse un pantalón de lluvia en la bolsa de la bici y como la parka tiene unos bolsillos gigantescos y casi dantescos, todo lo que quería lo podía llevar conmigo. Salgo de mi casa, voy a medio camino de la estación de tren central de Utrecht y en mi cerebro se despierta una neurona dormida y me doy cuenta que la mascarilla está en la mochila. Hago un giro de ciento ochenta grados y vuelvo a mi casa a recoger mi mascarilla, la banda de silicona que uso por detrás del cuello para agarrarla, ya que a mí lo de usar los orejones me molesta un montón y ya que estaba, cogí un par de caramelos para tener algo que chupar en el camino. Volví a andar el camino previamente desandado y finalmente llegué a la estación de tren, bastante vacía, como la ruta, porque poco a poco aquí el drama de la segunda ola va calando y la gente se está recogiendo más y más, sobre todo por la sensación que tenemos que el gobierno improvisa tanto o más que otros y por ejemplo, con las mascarillas, solo son obligatorias en el transporte público y la semana pasada el gobierno ha dicho a las empresas que ellas pueden o no decidir si son obligatorias para acceder a las mismas, con lo que puedes estar en un centro comercial en el que no hay que llevar mascarilla y quieres entrar a tu tienda favorita de ropa chichona y te la tienes que poner porque para ellos es obligatorio y en la siguiente tienda vas a cara descubierta y después te acercas a comprarte un helado y te obligan de nuevo a ponértela. Esto es de locos y todos, todos, todos en el país claman al gobierno para que sean ellos los que definan la norma pero como dijeron en marzo que las mascarillas no servían de nada y sus expertos siguen erre que erre conque no sirven de nada, los expertos no cambian su opinión y el gobierno está entre la espada y la pared, ya que si ellos dan la orden, será una consideración política y no de los supuestos expertos, esos que se ganaron el título en una tómbola de bingo periférico, ya que nunca antes hubo una pandemia así y ellos tampoco parecen ser capaces de explicar como es posible que te digan que no son necesarias pero sí son obligatorias en el transporte público.

    Como iba a casa del Turco, que está en el centro-centrísimo de Amsterdam, a cien metros de la keli de Anna Frank, que siempre que estoy allí y meo pienso que comparto cloacas con la chama, obviamente en un tiempo distinto porque ella ya no vive allí. También es como una calle por detrás del Palacio Real. Por eso y teniendo en cuenta la lluvia, mi cerebro infravalorado determinó que en lugar de mi ruta habitual de tren a la estación de Amsterdam Amstel y desde allí metro hacia el centro, me era más conveniente ir en tren hasta Amsterdam Zuid (que vimos hace unas semanas en cierto vídeo de aterrizaje alucinante) y desde allí iba en la nueva línea de metro hasta Rokin, que está cerquita de la keli del Turco. En el tren íbamos cinco en el vagón y uno estornudó con su mascarilla puesta y los demás vimos la luz al final del túnel y comenzamos a tararear nuestros propios réquiems, que así es la paranoia actual. El metro también iba bastante vacío y tenía cuatro asientos para mí. Al salir de la estación, opté por seguir usando la máscarilla en la calle, por provocar, que la gente te mira como si estuvieses chiflado y yo los miro con ojos de terrorista musulmán de mielda sin mochila con explosivos pero con una parka que igual ya los oculta y según sienten la intensidad de la mirada, bajan la cabeza y como que se encogen, algo similar a los truscolanes cuando declaran independencias de siete segundos y salen por patas en portabultos de coches.

    Llegué a la keli del Turco y se descojonó de mi cuando abrió la puerta, aunque él y yo somos de los pocos holandeses que hemos estado en países en donde el uso de mascarillas es obligatorio en la calle y lo hemos hecho durante periodos largos de tiempo. Mi amigo quería ir al cine, que es una actividad que yo diría que no encaja muy bien con la cuarentena que no te han ordenado por dejadez del gobierno, que no pone a funcionarios en el aeropuerto a recoger los papeles que nos obligan a rellenar ni te informan de que la tienes que hacer. El problema es que con las reglas que entraron en vigor la semana pasada, la capacidad de las salas de cine se ha reducido a TREINTA julays por película y sesión y un domingo por la tarde, ya está todo AGOTADO, al menos las pelis más interesantes, así que optamos por ver una que se estrenó en una de esas directamente onDEline llamada Greyhound, con Tom Hanks y de la que no haré crítica porque no la vi en un cine, pero puedo recomendar y recomiendo a cierto Ancestral que la busque y la vea porque es de la Segunda Guerra Mundial, con barcos y submarinos y está muy bien. Tras acabar la peli, salimos a dar un paseo (toma cuarentena del Turco) y fuimos a un restaurante de su país del que me ha hablado en varias ocasiones pero estaba cerrado. Los llamó y le dijeron que ya iban para allá a abrir y que mejor nos esperábamos tomando un cafelito en algún lado, lo cual hicimos. Volvimos al sitio y como siempre con el Turco, dice que no va a pedir demasiado y acabamos con una sobredosis de platos que alguno ha visto en los estados de mi Güazá. Después de cenar volvimos a su casa y él quería ver un partido de la liga turca de su equipo favorito y yo elegí ponerme a cambiar un montón de focos halógenos que tiene su casa y que siempre que voy allí me pongo enfermo pensando en la cantidad de vatios que se están tirando a la basura y como mi amigo compró diez de esos LED pero después como que dejó la caja en la que los recibió sobre la mesa y ya considera que es ecológico, yo opté por hacer el trabajo (y lo hice) en un ratito y aún me quedó tiempo para ver más de medio partido que no me interesaba. Ya por la noche, nuestros caminos se separaron y yo volví a mi casa siguiendo la secuencia inversa, primero en el metro hasta Amsterdam Zuid y después en tren hasta Utrecht Centraal, de nuevo con ambos casi vacíos. Me acordé que necesitaba algunas cosas del super y como abren hasta las diez de la noche, entré en los últimos quince minutos y las compré, cuando allí dentro no hay nadie salvo los empleados que reponen y limpian.

    Y así pasé un día de esos de otoño en los que si no te pones un objetivo, te quedas pegado al sofá en tu casa y no te mueves, aunque un servidor, que es un ser de naturaleza obviamente superior, se despertó a las ocho de la mañana miré en el teléfono los programas que indican la lluvia y como no empezaba a llover hasta las nueve y cuarto, salí por patas a ponerme la ropa de correr y me fui a correr a esas horas de la mañana y el único cambio que hice fue alterar la ruta (que no la distancia) para estar siempre a menos de dos kilómetros de mi casa por si cambiaba el viento y llovía antes poder volver a casa, que ir a correr con una ducha de agua a nueve grados os puedo asegurar y os aseguro que no mola nada.

  • La semana pasada en Distorsiones

    5 de octubre de 2020

    Dejamos atrás septiembre y nos adentramos en octubre, el mes en el que el virus truscolán se alía con la gripe para acabar con el universo conocido. En el mejor blog sin premios en castellano estuvimos Buceando en la baja de Pasito Blanco, segunda parte, aunque fue El encuentro con aquellos que quedaron atrás lo que seguramente marcó el relato de la semana, que no la misma ya que sucedió la anterior. Relacionado con Ayutthaya vimos un Tuk-Tuk fastuoso en Ayutthaya

    • Ayutthaya
    • Ayutthaya

    En Ayutthaya comenzamos la semana con Otro prang torcido y de ahí seguimos la ruta y nos vimos Entrando al Wat Ratchaburana y nos acercamos a ver El Prang central del Wat Ratchaburana y lo dejamos con Otra vista del Wat Ratchaburana.

    Sucedió un milagro y regresó la sección de Cocinillas y lo hizo con la fabulosa receta de Pulled pork hecho en mi olla eléctrica a presión y por supuesto, la receta ya está incluída en Mi pequeño libro de recetas de cocina, el cual, por si alguno no lo tiene claro, es el índice actualizado de todas las recetas que hay en Distorsiones. Cuando uno conoce el nombre de la que busca, siempre se puede ir al botón de buscar que está (en octubre del 2010) en la parte superior derecha y también en el pie de página a la derecha, poner el nombre ahí y seguro que aparece como por arte de magia potagia. Es probable que añade alguna receta más, ya que tengo varias que hago regularmente y que no están por aquí.

    Fui a ver diez películas al Cine y por aquí comenté cuatro, aunque visto como están cerrando los cines por todos lados, empiezo a temer que esto va de puto culo y cuesta abajo. En mi frenesí por ver películas he conseguido recuperar el ritmo y hacer que la meta anual de las doscientas películas sea posible, si no cierran los cines. Entre las que fui a ver está la basura de El reflejo de Sibyl – Sibyl, la interesante pero demasiado parecida a un telefilm de Burden, la mierda infumable de The Rental y el drama de Antebellum, que definitivamente no es una película de terror pero está entretenida. Entre las películas que volví a ver esta semana estuvo Los Nuevos Mutantes – The New Mutants. Creo que septiembre ha establecido un nuevo récord, ya que he visto treinta y tres películas en el cine y en un mes con treinta días, podéis hacer las cuentas.

    La comida que salió de mi cocina (o una selección de la misma) fue:

    • Magdalenas del carajo, mi receta
    • Tostadas francesas
    • Lentejas con chorizo
    • Pannenkoeken

    Y así transcurrió la semana.

  • Antebellum

    4 de octubre de 2020

    En la historia del universo conocido y por conocer, la película que voy a comentar hoy seguramente estará a la cabeza de las que tienen un trailer que te cuenta una historia y cuando la vas a ver tienes otra película totalmente distinta y que no tiene absolutamente nada que ver con la primera. Decir que la he visto dos veces y que después de salir del primer visionado, le di una puntuación más baja pero con el tiempo como que fue creciendo en mi y opté por darle una nueva oportunidad y no me arrepiento. Se trata de Antebellum y en España se estrenó en septiembre con el mismo título, solo que cambiaron la mariposa roja por un lazo amarillo y pusieron debajo truscoluña no es nación.

    Una julay negra las pasa putas y canutas y descubre que le gusta chingar con un blanco que la tiene más gorda que su macho.

    Una chama de color (o eso que en la Isleta se denomina más específicamente, una negra), que es autora de éxito y luchadora de las libertades de las personas de color con hachazo, se va a una convención en la que va a hablar o algo así y juntarse con dos amigas, Obesity, una gorda que morirá joven de infarto o colesterol y otra que podemos ningunear. En otra línea argumental vemos a una negra idéntica a ella pero viviendo en los tiempos de la Guerra Civil gringa en una plantación del sur o algo así como esclava.

    Con la misma chama como en dos entornos distintos y tal y como se ve en el trailer, esto parecía una película de terror, pero no lo es en absoluto y salvo que te den miedo los chamos con banderas del sur de gringolandia y que gritan y hacen muchos aspavientos, aquí no hay miedo. Lo que tenemos es una interesante historia con un giro que llega a la mitad y que lo cambia casi todo. Por la forma en la que está contada la historia, en mi caso funcionó, aunque con retraso, ya que la primera vez que la vi como que del shock me quedé fuera de juego y salí del cine pensando que era una película muy mediocre y la segunda vez, sabiendo lo que ya sabía, la pude disfrutar mucho más y me gustó. Mentiría como un truscolán si dijera que reconocí a alguno de los actores o actrices pero tampoco importa que todos sean desconocidos. Al final, es entretenimiento y quizás habría funcionado muchísimo mejor si el trailer no engañara tanto y pretenda ser de una película de terror.

    Ni para los miembros del Clan de los Orcos ni para los sub-intelectuales con GafaPasta. Esto es mejor verlo en casa, en tu tele y con una buena digestión mecerándose en tu tripote.

  • The Rental

    4 de octubre de 2020

    Yo siempre he supuesto que las películas de terror que llegan a los cines, aunque son legión, no representaban nada más que la punta de un iceberg gigantesco y gracias al virus truscolán estoy pudiendo comprobar la veracidad de esa línea de pensamiento y además, sufriéndola, porque un montón de películas que seguramente habrían terminado en alguna plataforma de esas que tanto os molan, ahora llegan a los cines solo porque no hay estrenos de verdad y como en IMDb las catalogan en el género de terror, yo termino tropezando en esas piedras una y otra vez. La última de ellas se titula The Rental y desconozco si se estrenará algún día en España aunque me han dicho que el título sería truscoluña no es nación.

    Dos parejas de julays se van de finde a un casoplón y se monta un pitote.

    Dos hermanos y sus respectivas alquilan un casoplón para pasar un fin de semana. Una de las pavas es terrorista musulmana o algo así y cuando intentó reservar no le aceptaron la reserva pero después los pavos que son blancos y eso pues si pudieron, así que esa ya llegó emputada a la keli y buscando bronca. Una vez allí, acaba habiendo movida cuando la terrorista se folla al otro hermano (o el otro hermano se folla a la terrorista, que esto se puede ver desde los dos lados, pero en cualquier caso, siempre acaban follando) y más tarde descubre que la casa está petada de cámaras y se rebotan hasta el infinito y tres metros más allá y la toman con el encargado de la casa y la cosa va de mal en peor y quizás hasta mucho peor.

    Son ochenta y ocho minutos y puedo confirmar y confirmo que en ninguno de ellos hubo terror. Esto es un masque de telefilm con una neurótica que se merecía un tiro en la nuca pero que ya y con un calzonazos y una retrasada pedante y gilipollas. Decir que ninguno de los cuatro protagonistas sabe actuar o al menos ha mostrado señales de poder hacerlo. Los diálogos son peripatéticos, el ritmo es nulo, la historia es infinitamente lenta y se gasta un montón de batería del telefonino encendiéndolo al menos dos veces por minuto para mirar la hora o ver si alguien te ha mandado un mensaje y tener una buena excusa para fijar tu atención en ese dispositivo mágico y maravilloso. Ya cuando entramos en la traca final no quise olvidarme de cagarme en la puta que parió al director, el actor Dave Franco, también conocido como el hermanísimo porque llegó al negocio gracias a ser hermano de. Estamos ante una clara puta mierda del copón y una candidata con grandes posibilidades de ganar el CEROLO de este año. Esto no es cine, es bazofia, vómito regurgitado y vuelto a ingerir para volver a vomitarlo. Si existe un Dios en el universo, lo único que le pido hoy es que destruya y elimine de este y de cualquier otro universo al elenco y al director y guionistas de esta mierda.

    Yo prohibiría la entrada en cines a los miembros del Clan de los Orcos para evitar tener que llamar a los bomberos y todos sabemos que los sub-intelectuales con GafaPasta supuestamente son más civilizados, pero no me extrañaría si se unen a los primeros a la hora de encender y avivar las llamas.

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