No seas truscolán y empieza a leer esto por donde se debe, que no es otro lugar que La buhardilla
En el capítulo anterior, los lenguarazas que comentan en el mejor blog sin premios en castellano ya habían hecho sus propias deducciones erróneas de lo que faltaba por hacer y pese a que lo he repetido, tripitido y cuatripitido, tienen tan poca comprensión de lectura que es que no les entra. Además, es que esas lenguas venenosas igual se las deberían amputar, que un día sin querer se la muerden y caen muertos en el mismito lugar. Después de la instalación de la buhardilla, altamente documentada y de la rectificación de las tuberías de la calefacción, la siguiente fase era acondicionar las paredes de la habitación, en realidad varios proyectos entrelazados y que realizó la misma empresa de dos julays. La primera fase era cubrir totalmente las paredes y el techo con paneles de escayola, que van fijos a unas tiras de madera que aquellos que vieron el maravilloso vídeo en el que canta Whoopi Goldberg, recordarán que al quitar las tejas salían unas tiras de madera sobre las que se sujetaban. Esto es igual, pero ahora las tiras que ponen sirven para sujetar los paneles de yeso. Aprovechando la estructura, cambié la posición de la toma para la lámpara del techo, que antes estaba en una pared y ha sido reubicada a la zona central del techo.

Los expertos lenguarazas que opinaban por aquí sobre el verde, ahora pueden comprobar que el susodicho no es visible, que aquello era la estructura de la buhardilla, no de la pared. Ahora la pared tiene sus paneles de escayola e incluso al fondo y por el hueco que hay entre la buhardilla y la pared, ha sido cerrado. Esto no es el aspecto final así que no les digo que se muerdan la lengua porque se envenenan, pero mejor no dicen nada. Esto fue un día de trabajo con mucho ruido y mucho polvo, aunque al final del día ya la habitación parecía otra.

En la segunda foto se puede ver el hueco mentado previamente para la luz en el techo y también que ahora, el techo será uno, grande y de mi propiedad, que irá de un extremo de la habitación al otro siempre al mismo nivel. Tal cual estaba tras la instalación, había un escalón en la zona en la que se unía la buhardilla a la casa. Algunas buhardillas que he visto acabadas en mi calle optaron por dejar ese desnivel y acondicionar solo la parte delantera, pero en mi opinión eso es muy verdulero y ya que lo haces una vez en tu vida, es mejor que quede bien. La otra encrucijada en la que yo giré por el camino que no quiere la mayoría fue la de poner un montón de puntos de luz en el techo, algo que al parecer fascina al populacho y he visto una casa en la que en esta habitación, hay diez puntos de luz de esos. Personalmente, los odio y no me gustan nada, mi madre cuando se compró la nueva keli tiene la casa llena de los susodichos y el apartamento del turco en Amsterdam tiene una cantidad brutal, solo en el baño hay ocho y en el pasillo unos veinte. Supongo que hay gente con un mal gusto muy evidente que ese tipo de iluminación se la pone morcillona pero puedo confirmar y confirmo que no me incluyo en ese grupo. La lámpara que se ve sobre el armario no volverá a ser utilizada. Por ahora me estoy decantando por un plafón LED y el día que haya un escritorio en esa habitación, otra lámpara para el susodicho, además de una en la mesa de noches del catre.
La segunda foto nos permite disfrutar horrores con el amarillo de la pared, que será sustituido por otro color que no revelaré hasta que suceda para que no me lo gafen.
Continúa a El estucado del techo y la buhardilla para seguir esta fastuosa y fabulosa línea argumental























