Yo es que ni me creo que hace ya más de cien días que llegué a los Tres mil días de constancia en el Duolingo y mientras estaba en las Maldivas, el Duolingo me informó que había acumulado cien días más de ejercicios sin parar. Esto es increíble, a veces pienso si algún día diré basta y me pararé porque el número es brutal y de hacerlo, me tomaría más de ocho años para superar ese récord personal, que seguramente es lo que me mantiene moviéndome. El nuevo total se pone en ocho años, cinco meses y veinticinco días. Sigo haciendo ejercicios de manera frenética, los viajes en tren me dan la oportunidad de practicar durante periodos más largos. Lo que no cambian son los idiomas, sigo practicando los mismos de siempre.
De mantener la racha, la próxima vez que cruzaré una marca reseñable será al principio de septiembre.
Hay como una fiebre de películas relacionadas con el mundo de la industria, en la variante de contar lo que sucedió con grupos muy famosos, con cantantes aún más famosos (especialmente divas) y con los sellos musicales con los que crecimos y de los que ahora nadie habla. Es como si la gente echara de menos aquel sistema de estrellones creado por los estudios y que no tenía nada que ver con la cantidad de seguidores que tengas en alguna plataforma social. La última de estas pelis se centra en el creador de Casablanca Records, de los que puedo confirmar y confirmo que conozco alguno de sus grupos y cantantes pero creo que jamás compré un disco suyo. La película se titula Spinning Gold y llega a España en agosto como Disco de oro .
Un julay se chinga a dos pellejas y esnifa rallas de coca.
Tenemos que en los setenta había un panoli que era más o menos un pobre desgraciado y un inútil, que tuvo suerte y como le gustaba el bailoteo y era bueno en eso, se chingó a una chama rica y se casó con ella. Después creó un estudio de música que iba bien y parecía que lo de producir artistas se le daba bien pero como que se cansó, lo vendió y se fue con su gente a California a crear el estudio musical independiente más chingón del universo. Básicamente perdía millones por un tubo y eso que entre sus artistas tenía al grupo KISS, Donna Summer y a los Village People. Con la empresa hundiéndose ahogada en millones, él pegándosela a su mujer con otra pava, él con una adicción tremenda a la cocaina y los padres de él chupando de su sangre y sacándole pasta, el chamo está abocado al desastre hasta que por fin la suerte le viene de cara y comienzan a salirle bien las cosas.
Tengo sentimientos mixtos con esta película. Tiene partes buenísimas y que funcionan muy bien pero se empeñaron en contarlo todo y al principio, aburre. La culpa de tanto detalle es que el director es el hijo del chamo sobre el que cuentan la vida y supongo que quería meter lo que para él es muy importante y que para nosotros quizás no lo sea. La mejor parte de la película es la segunda, cuando estamos en Casablanca, el chamo tiene problemas de drogas y demás. También la duración se podría haber ajustado, que son casi ciento cuarenta minutos cuando esto se solucionaba con cien y les salía un clásico. Aunque Casablanca era un grupo de gente muy capaz, si tenemos que creer en lo que nos cuentan, en realidad allí solo había un genio, Neil Bogart y el resto eran palmeros que aplaudían cuando correspondía. En algunos momentos, más que una película me parecía un telefilm, entretenido, pero sin ambición de llegar al cine.
Espeluznante y terrorífica que asustará y obligará a huir a los miembros del Clan de los Orcos y sin la fuerza necesaria para enganchar a los sub-intelectuales con GafaPasta, se queda a medio camino de ambos bandos. Se puede ver perfectamente cuando la pongan por la tele.
Creo que reservé y cancelé la reserva dos veces antes de ver esta peli y la razón era una combinación de lluvias torrenciales, tres horas de duración y que volvería a mi casa cerca de la medianoche y ensopado y por más que amo el cine, he llegado a un punto en el que lo de cancelar entradas lo practico como si fuera un deporte olímpico, que llevamos tres meses con el monzón y si recibo dos baños de agua fría yendo y viniendo del trabajo, que en ocasiones son cuatro si contamos el trayecto a la estación del tren y desde la estación de destino al trabajo, ya me parecen más que suficiente. En mi última visita a la filmoteca antes de las vacaciones conseguí colocar esta peli en horarios más naturales y así fue como vi Beau Is Afraid, que parece que en España se estrenó al final de abril como Beau tiene miedo.
Un julay cagadito de miedo le tiene pánico al chimpún.
Tenemos un panoli que vive en una barriada super-violenta y que padece de ansiedad. Tiene que ir al cumpleaños de su madre en otra ciudad pero los planes se le chafan cuando se queda dormido y pierde las llaves de su keli. A partir de ahí tendremos una sucesión de barbaridades y eventos absolutamente increíbles en los que se verá involucrado camino de la keli de su vieja. Conoce a una familia de frikis que lo adoptan, acaba en un bosque con una especie de circo de artistas, se encuentra con la pava que le gustaba en el instituto y finalmente ve el cadáver decapitado de su madre.
Son tres horas de una fantasía desbocada sin pies ni cabeza, todo con Joaquin Phoenix siempre, siempre, siempre en pantalla y volatadas que no dejan de suceder. Tiene momentos hilarantes, pero de tirarte al suelo de risa, pero también, en algunas partes, se pasan de vuelta con las escenas y las alargan demasiado. Hay una cantidad ingente de escenas que recuerdas cuando ha acabado la película por todo lo que te reíste. Entre lo que menos me gustó está el juicio final, me pareció una manera chabacana de acabar una historia fabulosa que tendría que haber terminado en la casa. Pese a eso, el balance es muy positivo y la historia es de las que recuerdas. El barrio peligroso en el que vivía Beau parece sacado de un videojuego, con gente muerta por las aceras y todo el mundo pasando a su lado sin que les importe y los frikis que lo acosaban son divertidísimos.
Esto puede provocar una estampida de pánico si lo ven los miembros del Clan de los Orcos. Debería fascinar a muchos sub-intelectuales con GafaPasta.
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