Aquí tenemos el Phra Thinang Chakri Maha Prasat, que con ese pedazo de nombre era la residencia real, en el pasado, que los reyes tailandeses ya no la usan. El palacio original fue diseñado por un arquitecto británico en estilo renacentista italiano, pero después el rey se rebotó todo y pidió que le añadieran los tejado típicos del país. cuando yo pasé por allí no se podía visitar por dentro pero veremos varias fotos del exterior.
Hace tres días que llegué a la épica y legendaria cantidad de DOSCIENTAS PELÍCULAS vistas en el cine, algo que todos sabemos que no sucedió el año pasado, y tenemos que retroceder para comprobar lo de las DOSCIENTAS películas ya vistas en el 2020, las DOSCIENTAS películas ya vistas en el 2019, las DOSCIENTAS películas ya vistas en el 2018 y las DOSCIENTAS películas ya vistas en el 2017, aunque nunca antes alcancé esta cantidad tan pronto, que me quedan prácticamente cuatro meses al completo para que nos encierren de nuevo. Lo mejor es un repaso visual en el orden en el que las fui viendo. Por desgracia las galerías del WordPress, que es la máquina sobre la que funciona el mejor blog sin premios en castellano no me permite repetir películas, así que no se podrá apreciar la belleza de las TREINTA Y SEIS veces que he ido a ver Top Gun: Maverick y para cuando esto aparezca publicado, esa cifra ya será obsoleta porque hoy la vuelvo a ver, pero vamos, que suma el total del dieciocho por ciento de las pelis que fui a ver al cine. Salvo por las cuatro últimas películas, que comentaré el próximo fin de semana, todas las demás tienen en la parte inferior del poster el enlace a la anotación correspondiente.
Fui a ver siete películas al Cine, aunque muchas fueron repeticiones, como las dos nuevas veces que vi ese clásico titulado Top Gun: Maverick y también volví a ver el clásico Tiburón – Jaws y el super-clásico E.T. El extraterrestre – E.T. the Extra-Terrestrial. Por aquí comenté tres pelis, comenzando con la mala ¡Corten! – Coupez!, seguimos con la mierda de Hart op de Juiste Plek y acabamos con la fabulosa Wildhood. ¡Llegué a las DOSCIENTAS PELIS!, algo que celebraremos esta semana y esta cantidad reduce significativamente el mirar hacia atrás. Acabé agosto con ciento noventa y ocho pelis y el año pasado no vi tantas, así que tenemos que saltar al 2020 cuando llegué a esa cantidad al final de noviembre con Wolfwalkers y en el 2019 fue al principio de noviembre con Last Christmas, mientras que en el 2018 fue en la tercera semana de octubre con Todos Lo Saben y en el 2017 fue en la primera semana de noviembre con Depredador – Predator y en el 2016 fue a mediados de noviembre con A Street Cat Named Bob y en el 2015 fue al inicio de diciembre con Steve Jobs y en el 2014 también fue al inicio de diciembre con Interstellar y en el 2013 fue dos días antes de Nochebuena con Tres bodas de más y hasta ahí podemos llegar. El próximo fin de semana comentaré cuatro pelis.
Para cuando fui a ver esta película, hace dos domingos, creo que llevaba la racha más larga de la historia desde que fui creado, de películas malísimas o peor, con ocho películas peleándose por conseguir unos, dos y cuatros y lo único decente entre medias fue las dos veces que fui a repetir cierto clásico universal que está en el panteón de las grandes películas de la historia del universo y que yo, modestamente, solo he podido ir a ver TREINTA Y SEIS veces al cine, aunque mañana he quedado con un amigo para ver si empujo un pelín esa cantidad. Después de tanto trusco, entré al cine aterrorizado, sobre todo porque esto lo pusieron un solo día y en una única sesión en Utrecht en un festival que ni sabía que existía de cine LGBTQ+TUPUTAMADRE o algo así. Curiosamente, la sala estaba llena de LOS OTROS, los que no caben en esas letras. La película se titula Wildhood y no está previsto que se estrene en España, ni siquiera como truscoluña no es nación, que es un título que atraería muchos espectadores a las salas.
Unos julays salen por patas de la keli del padre y se la pasan buscando a la madre, sin chimpún
Tenemos dos hermanos que viven con el padre, borrachuzo y maltratador profesional. El mayor intenta proteger al más joven recibiendo él las tundas y un día, huyen de la keli en busca de su madre, que se marchó de allí. A partir de ahí tenemos a estos dos chavales, solos en las carreteras canadienses, en busca de una madre sin prácticamente información y por el camino conocen a gente buena que los ayuda y a otro chaval, que se une a su búsqueda. Como anecdóticamente, comentar que los tres son aborígenes americanos o eso que en la Isleta llamábamos indios, como los de las pelis del oeste.
Hacía un montón de tiempo que no disfrutaba tanto con una road movie de estas. Un viaje por carretera en el que a la vez, los dos hermanos tendrán que madurar, siempre buscando a una madre que parece desaparecida y que en algunas ocasiones descubren que tiene un pasado oscuro, de drogas y prostitución. El chaval mayor, además, como que descubre que es julandrón y que ese vacío tan grande que sentía en el interior no es solo por la falta de la madre, es que lo que necesita pero que ya es que se la empeten hasta los pelos de los güevos. Cuando conocen a otro indio (o aborigen, si eres podemita y truscolán) y este los ayuda y se une a ellos, los chavales recelan, pero pronto se verá que aquello es el inicio de una linda amistad posiblemente con derecho a roce y chimpún. Al parecer está inspirado en la vida del director e inicialmente lo hicieron como un cortometraje y después, cuando llegó a los festivales y a la gente le gustaba, fue ampliado a largometraje o peli de toda la vida. La historia está muy pero que muy bien contada, la forma en la que el hermano mayor protege al otro es fantástica y la manera en la que llegamos al final es simplemente hermosa.
Esto puede provocar la muerte instantánea a cualquier miembro del Clan de los Orcos que se vea expuesto al producto pero es obligatoria para cualquier sub-intelectual con GafaPasta que se precie.
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